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Análisis táctico: Boca cada vez ataca más (y mejor): genera 13 remates por partido

Lunes 18 de septiembre de 2017 • 00:01
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Pérez marca el 1 a 1 ante Godoy Cruz
Pérez marca el 1 a 1 ante Godoy Cruz. Foto: Daniel Jayo

Guillermo y Gustavo Barros Schelotto siempre se sintieron identificados con el juego de ataque. Un wing como los de antes, gambeteador y rebelde, más un volante ofensivo con buena técnica, pase final y gol, hizo de la lógica que siempre jugaran o dirigieran para ganar, aunque con el transcurso de los años se volvieran entrenadores muchos más aplomados, aunque casi nunca negociaron la audacia. Siempre tuvieron la intención de que sus equipos asumieran el protagonismo, aunque hubo contextos (sobre todo no bien reemplazaron de apuro a Rodolfo Arruabarrena en Boca) en los que la realidad terminó teniendo más incidencia que sus propios ideales. Pero este Boca es todavía más ofensivo con respecto al que salió campeón hace unos meses. Porque el título le dio otra soltura y confianza a sus intérpretes, y también porque la sumatoria de conocimiento hizo coincidir cada vez más las decisiones entre quienes lanzaban los últimos pases (como Pablo Pérez en el tercer gol a Godoy Cruz) y quienes picaban atacando el espacio para definir (como Pavón en la misma acción).

Dentro del 4-3-3, las características del equipo entregan un mensaje claro: los Mellizos eligen laterales con proyección, interiores con capacidad de juego y pase final, y tres delanteros (un wing, un N° 9 – Benedetto , Bou o Benítez– y...) Con la salida de Centurión y el ingreso de Cardona (más enganche que extremo) el dibujo no se modificó pero sí para Boca la posibilidad de conseguir una mayor pausa para elaborar sin perder la electricidad en los metros finales. Esa intención de ir al ataque se ve traducida también en la cantidad de remates: en las tres fechas de la Superliga, Boca generó 39 disparos (un promedio de 13 por encuentro, según los datos de Opta). La jerarquía hace su juego. Porque 22 de los 39 fueron dirigidos al arco, y ocho de ellos finalizaron en gol.

El ataque de Boca es peligroso no sólo por el poderío de Benedetto. Salvo Goltz y Magallán, todo el resto del equipo (por decisión y posibilidades) cuenta con la chance de llegar a finalizar las jugadas. Las principales referencias están en el N° 9, Pavón y Cardona, pero Fabra es un wing más por la izquierda, Pérez es inteligente para hacer la diferencia desde su ubicación; Barrios es el volante tapón pero también elige los momentos para desprenderse y hasta Gago se anima con remates desde afuera. Por eso Boca también se expone (como ayer) a defender mano a mano con los centrales y necesita de un Rossi atento. Porque en estas primeras fechas a Boca también le patearon un promedio de 9,33 veces por encuentro. Claro, la eficacia del campeón fuerza a hacer la diferencia no sólo por voluntades, también por jerarquía. Las ejecuciones acompañan las intenciones y juegan a favor de las estadísticas.

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