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Murió el hombre que salvó al mundo de una destrucción nuclear

Martes 19 de septiembre de 2017 • 12:00
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Stanislav Petrov murió en el absoluto anonimato
Stanislav Petrov murió en el absoluto anonimato. Foto: Archivo

Aquel 26 de septiembre de 1983, el mundo estuvo "a punto de acabar". En el búnker soviético Serpukhov-15, pasada la media noche, saltaron las alarmas. El sistema informático había detectado un misil atómico volando a 42.000 kilómetros por hora para impactar directamente en el territorio de la URSS. Luego las sirenas anunciaron 4 más. En la Guerra Fría parecía que se había encendido la mecha.

A cargo de supervisar posibles ataques nucleares, ese día estaba Stanislav Petrov, un teniente coronel de 44 años, recién cumplidos, de ojos claros y carácter sereno. Su tarea era verificar la amenaza y avisar a sus superiores. En el momento que lo hiciera, se dispararían cientos de misiles contra el país norteamericano que pulverizarían a su población. Él decidía si aquella noche vivían o morían decenas de millones de personas.

"No había ninguna indicación acerca de cuánto tiempo teníamos permitido reflexionar", diría años después a la cadena británica BBC.

Petrov dejó correr el tiempo. A pesar de que los ordenadores confirmaban el ataque, y que podía ser factible porque un día antes el ejército soviético había derribado un avión surcoreano aniquilando a todos sus pasajeros, no había avistamiento desde el terreno de ningún misil. Era extraño también que EE.UU. empezara la guerra con solo cinco proyectiles y no con todo un arsenal. La sala seguía iluminándose con parpadeos rojos. Al sereno Petrov le invadió "una sensación de cosquilleo en su intestino", una intuición, que hoy parece tan ilusa, de que la tecnología puede fallar.

En aquella época de odio, en la que el presidente Ronald Reagan calificaba a la Unión Soviética como el Imperio del Mal inspirado por las películas de Star Wars, Petrov decidió no hacer nada y su forma de actuar salvó al mundo. Cerca de 23 minutos más tarde, se supo que era una falsa alarma provocada por un extraño reflejo solar en las nubes. El sistema lo había confundido con misiles aproximándose.

Ese mundo al que ahorró un final temprano tardó en conocer su nombre. Los mandos soviéticos, temerosos de reconocer que su sistema fallaba, lo ocultaron. Petrov se retiró al poco tiempo tras morir su mujer. El reconocimiento le vino veinte años más tarde, gracias a que el documental "El hombre que salvó al mundo" destapó su historia. Él continuó viviendo en su casa de un pequeño pueblo cercano a Moscú. Hoy el mundo se vuelve a enterar, tarde, de que el sereno Petrov murió el pasado 19 de mayo a los 77 años en el absoluto anonimato. En la casa del pequeño pueblo que habitaba desde que había dejado el trabajo.

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