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10 claves para lograr que tus hijos dejen de apoderarse de tu cama

La cama de mamá y papá pareciera el mejor somnífero para los chicos, pero es claro que la costumbre en algún momento tiene que cortarse

Miércoles 20 de septiembre de 2017 • 00:02
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LA NACION
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Foto: Shutterstock

Algunos se pasan en silencio y se acomodan bien en el medio de la cama de sus padres que, pasados de cansancio, no tienen energía para volver a llevarlos a su cuarto. Así los dejan dormir con ellos a pesar de las patadas y de la incomodidad. Otros ni siquiera se duermen en sus propias camas, sino que sólo logran conciliar el sueño metidos entre las sábanas que comparten con mamá y papá: son los que nunca se fueron de allí, los que se quedaron: primero con la excusa válida de favorecer la lactancia y el descanso de la madre y segundo porque enseñar una rutina de sueño adecuada es abrir uno más de los miles de frentes que implica criar a un hijo. Ahora bien, con el paso del tiempo el asunto comienza a convertirse en un dolor de cabeza para toda la familia. Todas las noches es la frustración de dormir mal. Y es ahí cuando surge la incógnita, cuando el bebé crece y el deseo de un buen descanso se hace cada vez más intenso y también cuando comenzamos a percibir que tanto pegoteo no es sano para el buen desarrollo. Dicho sin eufemismos: cómo hacer para sacar a nuestros pequeños de nuestra cama.

La edad adecuada

Durante los primeros meses de vida de nuestro bebé, las madres y los padres nos sentimos justificados para meterlo en la cama con nosotros. Nos repetimos como un mantra: así no llora y siente el calor de quienes lo amamos, todos dormimos relativamente bien y, por encima de cualquier razón, consideramos que el compartir la cama con el bebé es una gran solución para dar la teta sin tener que casi que despertarnos ni tampoco levantarnos. Sin embargo, el asunto no es ni tan lineal ni adecuado. En este sentido, Marisa Russomando, licenciada en psicología especializada en maternidad y crianza y autora del libro Rutinas desde los pañales, asegura que "a ninguna edad los bebés deberían dormir con sus padres y mucho menos cuando son recién nacidos debido al riesgo físico de asfixia que implica". Vale aclarar que la especialista se refiere a compartir la cama con los padres, no al uso de la cuna de colecho.

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Pero con los bebés nunca se sabe. Así como hace décadas los pediatras aconsejaban que duerman boca abajo y luego dijeron que era mejor de costado y ahora indican que es más seguro boca arriba, así también con el sueño. El doctor Marcos Mercado, pediatra, cuenta que "hace unas pocas semanas la subcomisión de Lactancia Materna y el Grupo de Trabajo de Muerte Súbita e Inesperada del lactante pertenecientes a la Sociedad Argentina de Pediatría llegaron a un inédito consenso por el que determinaron que el colecho no sólo favorece la lactancia sino que a su vez también protege al bebé de la muerte súbita". De acuerdo con el documento la cohabitación sin colecho durante los primeros seis meses de vida es el espacio más seguro para los bebés a la hora del sueño. En otras palabras: nada de meter a los pequeños adentro de la cama, sino en una cuna de colecho, en un catre o un moisés, pero siempre en el cuarto de los padres.

Contamos con una tregua de seis meses antes de arrancar con los pasos necesarios para la construcción de una adecuada rutina del sueño que favorezca al niñ@ y a toda la familia. A partir de esa edad, los especialistas recomiendan pasar de cuarto al bebé porque cuanto más se quede más trabajo nos costará sacarlo.

Colecho forever

Hacemos lo que podemos. Nadie es de manual: ni padres ni bebés. Es esperable que de pronto, entre el cansancio y el trabajo de malabaristas para atajar todas las pelotitas de la vida, nos encontremos con un niño o una niña bebé ocupando en horizontal el 1.40 cm de nuestra cama. Comprar una king size no es solución. Se trata de motivar a nuestro bebé para que pueda desarrollar de su propia independencia. Así lo explica la licenciada Russomando: "dormir solos es una de las tantas separaciones saludables que ayudan a los niños a construir autoconfianza, libertad y otros recursos vinculados con el saber esperar y con la capacidad de calmarse solos. Cuando el niño sigue durmiendo con sus padres termina siendo dependiente emocionalmente de ellos".

Pero no exageremos. Tampoco es tan tremendo: cada caso tiene sus propias características que deben ser evaluadas en su totalidad. "Es importante considerar si el niño en cuestión puede establecer relaciones adecuadas con sus pares y si tiene la capacidad de expresarse con un buen uso del lenguaje, entre otras habilidades, en síntesis, si el problema del sueño es una situación aislada o forma parte de un entramado más complejo", explica Mercado.

Tomar la decisión

Esto es como la adaptación al jardín. Nos da pena, no queremos dejar a nuestro hijo o hija, pero sabemos que es lo mejor, que le va hacer bien y que una vez tomada la decisión no podemos retroceder ni dudar. No hay medias tintas. Para que nuestro bebé aprenda a dormirse solo en su cuarto debemos tomar el toro por las astas y ser los líderes del cambio: acá no hay vueltas, una vez que nos sentimos con la energía para completar el proceso, el cambio comienza de un día para el otro. Puede ser difícil pero si lo hacemos bien los especialistas aseguran que con unas semanas de entrenamiento el objetivo estará cumplido.

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Las diez claves para la construcción de un ritual de sueño adecuado

1-Ser consistentes. "Los padres deben estar de acuerdo con la decisión y apoyarse entre sí", Marcos Mercado.

2-Crear una rutina del sueño. "Es muy útil jugar a acostar a los muñecos como primera parte de la rutina del sueño. Conviene inaugurar una media hora de disponibilidad total de los padres antes de que el niño se duerma", Maritchu Seitun, licenciada en psicología especialista en crianza, autora de varios libros, entre ellos, ¡A la cama!, ideal para lidiar con estos problemas.

3-Ir despacio. "Evitar dormir al bebé o niño para después pasarlo a la cuna o a la cama. La idea es que aprenda a dormirse por su cuenta en nuestra compañía", Marcos Mercado.

4-Minimizar nuestra presencia."Quedarnos sentados en su cama hasta que se duerma los primeros días. Luego podemos ir saliendo del cuarto de a diez segundos sumados por día hasta que un día volvamos y ya se haya dormido", Maritchu Seitun.

5-Hacerlo sentir seguro. "En determinadas ocasiones el niño puede necesitar que le hagan compañía, por eso es clave estar disponibles para estos desvelos, para que no sienta que es un destierro y que seguimos estando disponibles", Gabriela Nelli, licenciada en psicología especialista en maternidad del espacio Alojar y Criar.

7-No dejarlo llorar. "Si se despierta de noche se debe responder a su llamado pero con la mínima intervención posible. Hablarle con dulzura y firmeza pero siempre dejándolo en su cuna o su cama", Marcos Mercado.

8-Asumir el cansancio. "Si se despierta y se pasa directo a la cama de los padres, no hacerse el distraído, sino acompañarlo a su cuarto y esperar a que vuelva a dormirse", Russomando.

9-Ser claros. "Podemos explicarle que todos tenemos que descansar, decírselo de manera explícita para que entienda que el sueño es necesario para los padres también", Russomando.

10-Evitar el enojo. "No entrar en el pegoteo del llanto. Cortarlo de inmediato con un BASTA suave pero firme. En definitiva, no es tan grave, es dormir, algo necesario y natural", Russomando.

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