Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Fue tan fuerte que entré en colapso", dijo Delfina Stabile, una piscóloga argentina que trabaja en Uber en México

Varios argentinos que viven en Ciudad de México contaron a LA NACION cómo vivieron el sismo que sacudió al centro del país

Martes 19 de septiembre de 2017 • 18:30
SEGUIR
LA NACION
0

Duró un minuto, se movió todo: desde los edificios hasta los autos que estaban estacionados. Después llegaron la psicosis y el caos en la calle. Los testimonios de los argentinos que viven en Ciudad de México se parecen bastante. Todos concuerdan en que el sismo de 7,1° en la escala de Ritcher, que dejó hasta el momento 119 muertos , se sintió mucho más fuerte que el de hace dos semanas, que tuvo epicentro en el mar, cerca de la costa del Pacífico.

Varios edificios se derrumbaron en Ciudad de México
Varios edificios se derrumbaron en Ciudad de México. Foto: AFP

"Yo estaba en mi casa, en Roma Norte, cocinando unas hamburguesas, cuando de repente el piso se empezó a mover. Miré para afuera y las luces de la calle se balanceaban. Fue tan fuerte que entré en colapso. Mi primera reacción fue apagar las hornallas y la llave de gas y salir corriendo", cuenta a LA NACION Delfina Stabile, una piscóloga de 25 años, que trabaja en Uber.

La odisea de Stabile no terminó ahí: después se quedó atrapada con algunos vecinos en el hall del edificio, porque no podían abrir la puerta, que se había quedado atascada. "Fue por poco tiempo, por suerte. Cuando pudimos salir, la calle era una nube de polvo blanco. No se veía nada. Atrás de donde vivo se había caído un edificio. Después vino el humo, porque se prendió fuego un tanque de gas", agrega la joven.

Luego del terremoto Delfina volvió a subir a su departamento sólo para buscar cosas esenciales. Le habían dado la orden de evacuar. Se dio cuenta de que estaba inundado, pero no tenía tiempo de limpiar. Se puso unos zapatos, buscó sus llaves y se fue caminando para el Sur, a lo de una amiga. "El ambiente en la calle es un horror. Piden sogas, baldes y frazadas. Estoy viendo si salgo a ayudar", dice.

Santiago Martínez Casas, de 28 años, también tuvo que dejar su departamento. Volverá luego de que Protección Civil chequee el edificio, cuenta. El joven, que vive desde hace seis meses en Ciudad de México, estaba en la oficina cuando se produjo el fuerte sismo.

"Empezó mucho más fuerte que la otra vez [dice en relación al sismo de Oaxaca, que dejó 98 muertos. No llegamos a evacuar. Nos quedamos debajo de las vigas y se empezaron a resquebrajar las paredes. La gente bajaba por las escaleras y se caía", relata. Según el argentino, lo peor vino después. Como las comunicaciones estaban cortadas la gente no se podía comunicar con sus familiares y muchos se asustaron.

"Los mexicanos tenían pánico porque vivieron el terremoto de 1985. Hasta diría que tenían más pánico que yo", agreda Martínez Casas.

El 19 de septiembre de 1985 México sufrió el peor terremoto de su historia. El sismo dejó por lo menos 10.000 muertos (aunque las cifras discrepan, según las fuentes) y generó amplios destrozos en la capital.

Para el argentino Exequiel Tedesco, un contador público de 32 años, este terremoto ni se compara con el de hace dos semanas. "El otro ni lo sentí, yo estaba en el auto. Éste, en cambio, fue muy fuerte. Nunca viví algo así. Es como estar en un samba. La zona donde vive la mayoría de los argentinos, en Condesa y Roma Norte, quedó muy destruida", dice, mientras de fondo se escuchan las sirenas.

Tadeo García Binda, de 31 años, coincide con Tedesco en que este terremoto fue mucho más fuerte. "Yo estaba en la oficina y de repente se empezaron a mover las lámparas, los vasos, fue como un shock. Bajamos a la calle y los autos que estaban estacionados se balanceaban, fue algo impresionante. Después caminando por Condesa vi varios edificios caídos, un auto aplastado por escombros, macetas tiradas en la calle", relata.

"Creo que en esos momentos es cuando te das cuenta de lo que importa: ponerte a salvo y que las personas que querés estén bien. El resto pasa otro plano", concluye.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas