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Una consagrada: Delfina Pignatiello y el valor del sacrificio

A los 17 años, eligió las responsabilidades sobre las diversiones y ganó dos medallas de oro y una plateada en el Mundial Junior de natación

Miércoles 20 de septiembre de 2017
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LA NACION
Las uñas de Pignatiello, con los colores que defendió ante las mejores del orbe
Las uñas de Pignatiello, con los colores que defendió ante las mejores del orbe. Foto: LA NACION / Alejandro Guyot

"Antes de irme a competir le pedí a mi papá sandwiches de bondiola para cuando volviera, y cuando por el grupo puso «vengan todos a comer que hay bondiola» me emocioné, 'Aaay siii, gracias Pa!", cuenta Delfina Pignatiello , reciente campeona mundial junior en natación.

Como lo manda su edad, se muestra fresca, natural y espontánea en la charla con LA NACION. Pese a haber llegado de viaje hace algunos días, su rutina no cambió y la pileta municipal de San Isidro la recibió en sus dos horas de entrenamiento matutino. Sus uñas aún lucen pintadas con los colores de la bandera argentina y en su retina permanecen las imágenes de una semana de ensueño.

"No tomo conciencia, me cuesta volver a la realidad y decir 'bueno, logré esto'. Hace dos años no hubiera imaginado que estuviera dentro de mis posibilidades lograr una medalla en un mundial y acá estoy con tres. Son cosas que van pasando. Tomo las cosas muy tranquila y nunca me conformo, me digo: 'bueno listo esto ya pasó, siguiente reto", describe Cali, como la conocen sus amigos.

El despertador suena a las 4.50 cinco veces a la semana, todo el año. "Vamos Delfi, esto es por el mundial, por los Juegos de la Juventud, por Tokio", repite, buscando aliento para comenzar el día. "De los seis días de la semana cuatro pienso que 'me quiero morir, qué estoy haciendo', pero al día siguiente vas al entrenamiento y le pones más ganas todavía". No es fácil a los 17 años cumplir con la dura rutina de entrenarse a la mañana, asistir al colegio, volver a entrenarse a la tarde y estudiar. Sobre todo cuando los amigos viven otras cosas. Pero ella se abstrae en busca de un sueño y disfruta de sus elecciones.

Tanto sacrificio tuvo su recompensa. Tres medallas en el último mundial de natación junior de Indianápolis. Dos de oro con récord argentino: una en los 1.500 metros -lo bajó en 14s- y 30 metros de ventaja sobre su escolta, la otra en 800 libres. Y plateada en 400 libres. Logros que muestran un enorme potencial: agregó grandes resultados en categorías distintas a su pespecialidad, que es la larga distancia (su fuerte, los 800m).

"Para este torneo estaba súper confiada. Hacía mucho que no competía así; me había entrenado muy bien. Desde enero que no paraba; tuve torneos pero nunca hice descargas, fue siempre entrenarme al máximo, entonces sabía que iba a ser un buen resultado por más que hiciera o no podio. Confiaba en bajar la marca."

Pignatiello es entrenada por Juan Carlos Martín -el Gallego-. Comparte equipo con 15 otros nadadores de elite en la pileta municipal del partido de San Isidro. Trabajan en conjunto, divididos en larga y corta distancia. Realizan el mismo trabajo pero cada a su ritmo.

"Es mucho, no lo puedo definir. Es un guía para mis entrenamientos, un segundo padre. Lo veo seis, siete horas al día, me acompaña a todos los torneos. Le cuento todo lo que me pasa, me ayuda a confiar en mí misma", señala la atleta. "Me ofrecieron una opción para entrenarme en Estados Unidos pero eso implicaría cambiar de entrenador, de equipo y no, sigo eligiéndolo. El equipo de chicos con los que nado es como mi familia. Muchas veces venís muerta a entrenarte, no te sale una serie y viene un compañero y te dice «dale, vos podés» y te saca adelante", dice Delfina mientras cruza miradas cómplices con un compañero que amagó comerse la última factura luego del entrenamiento.

No se deja llevar por las luces, sabe que son fruto de su trabajo. "Fue mucho agasajo, en la pileta, el colegio, mi familia. No me esperaba tal recibimiento, para nada", expresa sorprendida. "Sé quiénes estuvieron conmigo siempre, quiénes me apoyaron y eso no va a cambiar ahora. Los verdaderos amigos estuvieron en las malas y en las buenas".

Las redes sociales son una tentación, una forma de "estar conectada" que lleva tiempo y distrae. Por eso durante el último mundial, en una decisión en conjunto con Martín, se aisló. "No las usaba hasta que terminaba de competir porque me desconcentran; pasaba a estar más preocupada por los likes de Instagram que en la carrera por la que entrené un año. Cuando era más chica estaba más pendiente de los likes. Después vi que en cuatro días sumé más de 4000 seguidores, no lo podía creer".

Su juventud contrasta con la madurez al entrar en la pileta. "La natación es para gente inteligente", le recuerda de tanto en tanto su entrenador y ella se motiva. "Siempre pienso en los objetivos. Porque muchas veces me desconcentro o quizá estoy cansada y digo "uuy no puedo más" y ahí es cuando tengo que meter la fichita en la cabeza y decime: «bueno no, pará, estás entrenando para...». Ahora vamos por los Juegos Olímpicos de la Juventud y en un futuro para Tokio 2020. Cuando estoy en la cuerda floja me lo recuerdo y ahí vuelvo", explica.

De la misma manera actúa con su dieta. Su cuerpo es su herramienta. Trabaja con un deportólogo. "Me da los suplementos para recuperar y también me establece la dieta, liviana y balanceada", describe y agrega que lo dulce es su perdición pero se da algunas licencias. "Un permitido cada 4 o 5 días tengo. Me encanta el asado, es terrible. Pero si me ponés una chocotorta me muero", se ríe.

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