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Lo sublime

Pablo Gianera

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LA NACION@gianera
Miércoles 20 de septiembre de 2017
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Foto: Reuters / Stringer

El cielo estrellado, la bóveda celeste, la ilusión de infinitud de la matemática, los acantilados, el horizonte marino contemplado de noche. Ese listado coincide en que podemos reconocer en cada uno de sus elementos un sentimiento sublime, esa experiencia en que advertimos, a contramano de toda vanidad, nuestra pequeñez. Pero no todos los ejemplos de sublimidad tienen la obligación de ser tan románticos. Sin ir más lejos -o, mejor dicho, yendo más lejos-, Rusia nos ofrece otras posibilidades. Este operario en la construcción del estadio Nizhniy Novgorod, que será parte del Mundial 2018, nos propone algunas dudas. ¿Vemos lo sublime en su propia pequeñez allá arriba, en las alturas? ¿O él mismo estará sintiendo lo que sentimos cuando nos asomamos al vacío de un balcón? El filósofo Sartre decía que la acrofobia, el miedo a las alturas, era el miedo de tirarse, no de caerse. Pero los profesionales no tienen esas fobias. Hay que trabajar sin mirar hacia abajo.

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