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"A los 18 me dijeron cáncer y no entendía nada; sólo quería amigos, soñar y vivir"

Lo había proyectado todo: estudiar, trabajar, viajar y formar una familia. Pero de adolescente, un cáncer arrollador le tocó el timbre, sacudió todas sus estructuras y la obligó a pelear, una y otra vez, por sus sueños y su vida

Viernes 22 de septiembre de 2017 • 00:10

"Los exámenes salieron bien, no tenés nada de qué preocuparte." Agostina se sonrió al teléfono, aliviada. Por aquel entonces, tenía 18 años y era poco más que una adolescente llena de sueños, amigos y vitalidad. La buena noticia le llegó en medio de su viaje de egresados y le permitió vivir feliz ese broche de oro tan anhelado; esa experiencia que le daría un cierre definitivo a su infancia y adolescencia, y que marcaría el comienzo del resto de su vida. Una vida inesperada e intensa. Una vida arrolladora.

Cumplea?os de Agostina con familia y amigos
Cumplea?os de Agostina con familia y amigos.

Agostina sufría malestares estomacales desde los 15. "Seguro sean por la comida, los nervios, o algo así", se repetía, una y otra vez. Desde siempre, había sido una chica muy estructurada, de esas que tienen todos los planes definidos para cada etapa de su vida. Bajo ningún concepto, iba a permitir que unos dolores intrusos la frenaran en sus proyectos. Sus sueños estaban diseñados con precisión: quería estudiar, trabajar e independizarse, y deseaba con toda su alma viajar y conocer el mundo; llegado el momento, también sería el turno del amor verdadero y la familia.

"Pero por las dudas, hagamos un par de exámenes más", le sugirió su médico gastroenterólogo a la vuelta de su viaje de egresados. Así fue como, a los estudios de rutina, le sumaron una tomografía. Agostina jamás olvidará ese día: "Las imágenes eran terribles, los médicos no pudieron disimular las caras. De forma inmediata, llamaron a mi padre para que venga a buscarme de urgencia y me lleve a un hospital especializado." Con su sentir adolescente y mareada por la situación, Agostina simplemente no entendía nada. "Tenés cáncer", le dijeron, "Cáncer de colón con metástasis en el hígado."

No entiendo

Nada. No entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando. A los 15 días de recibir el diagnóstico, y en medio de ese torbellino de incomprensión, la operaron por primera vez. "La palabra cáncer para mí no era desconocida", cuenta Agostina, "Cuando tenía 6 años, mi mamá murió en 3 meses de uno fulminante. Sin embargo, imaginate, estaba en plena adolescencia y ese término, a esa edad, no te entra en la cabeza. Es una palabra que se asocia con la muerte. No me podía imaginar a mí misma con cáncer; tampoco mi familia, mi novio de entonces, ni mis amigos."

15 de marzo; ese fue el día de la primera intervención. También fue el día en el que debería haber empezado la facultad pero, en vez de eso, le tocaron 3 semanas de internación y de aprender a entender qué es una quimioterapia, ese extraño procedimiento al que tuvo que someterse a lo largo de los 6 meses siguientes. "Pero yo no quería ser eso", cuenta Agostina, "Yo quería estudiar, lo tenía muy claro. No quería que una enfermedad me impidiera cumplir mis sueños. Por eso, arranqué terapia y a los 20 días de la operación, empecé mi primer año de facultad."

Durante ese período, Agostina se sometió a la quimioterapia cada 3 semanas. En ese proceso, le tocó quedarse en los ambulatorios, vomitar y desconocer su cuerpo. Recién ahí, su mente pudo procesar que estaba enferma y que deseaba con todas sus fuerzas tener la vida de una chica de 18. "Pero, inevitablemente, tenía que llevar también la vida de una adulta doliente. El cambio fue muy grande, porque esto me pasaba a mí pero también le pasaba a toda mi familia. Y mis amigos salían a bailar, a hacer cosas de la edad y yo no podía. Pero quería; quería poder con todo lo que había soñado desde chica."

Nunca abandones tus sueños

Por eso, al terminar su quimioterapia se propuso avanzar con uno de sus sueños y buscó trabajo. Felizmente, lo encontró en un estudio contable y vivió una vida normal de estudiante y empleada durante un año y medio más. Un año bueno, hasta el regreso del cáncer; esta vez, en el pulmón. "Justo había cambiado de trabajo y fue raro", cuenta Agostina, "Lo supe días después de entrar y fue un: hola, tengo 19 años y tengo cáncer... una vez más. Por suerte, decidieron conservarme."

Tras esa operación, le siguieron 2 años tranquilos, pero la enfermedad volvió, fuerte, en el colón, el hígado y los ovarios. Para Agostina, ese regreso resultó terrible: "Simplemente, no lo esperaba. Ya sabía qué era el cáncer, pero no tenía síntomas, me sentía muy bien y no me lo veía venir. Yo no estoy enferma, me decía. Y claro, lo que te hace ver enferma es la quimio, la operación. Con esa vuelta se me vino el mundo abajo y, sin embargo, una vez más, pensé: quiero terminar la facultad, quiero trabajar, formar una familia. Quiero vivir y no me va a ganar."

De nuevo, rayos y quimioterapia. Pero fue diferente, porque en esa ocasión tuvieron que reducirle el tumor antes de operar. Fue distinto, porque por los rayos le dijeron que no iba a poder tener hijos. Le preguntaron si quería congelar óvulos pero ese día, con sus 22 años, no pudo pensar en nada más que en ese presente y en que no quería un cuerpo más invadido aún. "Demasiadas cosas en la cabeza", explica Agostina, "No podía pensar en nada. Traté de continuar y me propuse: esta es la versión de Agos enferma, pero yo quiero la versión de la Agos que está bien. Entonces, lo que hacía era los jueves internarme para la quimio, el viernes me daban el alta, el fin de semana lo usaba para recuperarme y el lunes, como podía, me trataba de levantar para ir a trabajar."

Pero lo peor era la cabeza. Su cuerpo no le respondía y le reclamaba cama, pero su mente, joven, no paraba y le pedía hacer de todo. Ella sabía que podría haber hecho el papel de la hija enferma; podría no haber estudiado, ni trabajado, pero eligió no renunciar a sus sueños y así lo encaró. Por eso, después de la operación y de la terapia intensiva, negoció con el trabajo seguir un tiempo desde su casa. "Relajate, me decían. Pero no es lo mismo relajarte en tu casa por vacaciones, que por estar enferma. Yo quería trabajar."

El cáncer volvió una y otra vez y las operaciones terminaron siendo 11. La última, que fue diagnosticada en el 2012, fue la más compleja. La esperanza de los médicos ya no eran muchas y, entre la rutina hospitalaria y la vida en juego, la cabeza y el cuerpo de Agostina tuvieron que resistir mucha presión. "Si no me mata la enfermedad, me va a matar la locura", le decía a su terapeuta. "Pero yo tenía en claro que no me quería morir", recuerda, conmovida.

Disfrutar el ahora

Agostina no quería dejar de ser mujer, amiga, hija, hermana, estudiante y empleada."Muchas veces, mis amigas no me querían contar sus problemas porque decían que eran pequeñeces, que lo mío era peor. Pero no es así, los problemas de los demás no son menos importantes. Las varas son distintas y las cosas tiene un gran peso siempre; todo es relativo a lo que nos toca vivir."

Su corta existencia, le regaló varias enseñanzas. "Nadie en esta vida quiere tener cáncer", reflexiona, "Entonces, no voy a darle las gracias al cáncer, porque me hubiese gustado aprender de otra manera las cosas que me tenía que enseñar la vida. Pero, sin dudas, puedo decir que empecé a valorar otros aspectos, pequeñeces que no siempre podía hacer, como tomar un café con leche y comerme un pan con manteca, simplemente porque me la pasaba vomitando. Entendí el valor que tiene la familia y los amigos que tengo, así como los buenos empleadores y los excelentes médicos. Cuando me daban mal los estudios, le avisaba a mis amigos y se ponían a llorar y yo los terminaba consolando. Siendo tan joven, fue un aprendizaje para todos."

En Italia, meses antes de una de las quimioterapias
En Italia, meses antes de una de las quimioterapias.

Hoy, la mayoría de los médicos no pueden creer que haya aguantado tanto. Para Agostina, ganar la batalla una y otra vez, tiene que ver con cómo uno se lo toma, en tener fe, y con el hecho fundamental de que el paciente conozca la historia completa para que pueda dar todo de sí. "Si me hubiesen ocultado toda o parte de la información, yo no hubiese podido decir: pará, esto no me va a ganar, yo quiero vivir."

A Agostina también le tocó pasar por todos los estadíos de creencia y de ánimos: "Si te dicen que te sirve la leche de cabra, querés creer y la tomás. Pasé por muchas etapas de enojo y reconciliación, porque la enfermedad vino a tocar el timbre de mi casa para desestructurarme por completo; sé que no es fácil y trato de ayudar a todas las personas que estén pasando por lo mismo. La mayoría ni sabe lo que es una quimio, por ejemplo. Estoy para decirles: si pude tantas veces, cualquier persona puede.Contarles que lo que mi experiencia de vida me enseñó, es que hay que disfrutar el ahora. Como hoy, que estoy bien y es algo que valoro muchísimo."

En su versión enferma y sana, Agostina pudo terminar la facultad a los 23 años y hace ya 11 que trabaja para la misma empresa. Gracias a su desempeño, creció como profesional y pudo cumplir muchos de sus sueños: se fue a vivir sola a los 25 y, en los tiempos lejos del hospital, pudo viajar y conocer el mundo.

La última vez que la operaron fue en el 2013; hoy, tiene felices 31 años.

En Escocia. La primera vez que pudo viajar y conocer un poco del mundo.
En Escocia. La primera vez que pudo viajar y conocer un poco del mundo..

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