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Un brindis de película

El cine y la coctelería llevan muchas décadas de gran romance: de los Martinis de James Bond a los Cosmopolitan de las chicas de Sex and the City, los buenos tragos son también grandes relatores de historias, y se convierten en clásicos al traspasar la gran pantalla

Miércoles 20 de septiembre de 2017 • 14:48
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Cine y coctelería, una dupla productiva
Cine y coctelería, una dupla productiva.

Sí, son contadas las películas que no contienen al menos una escena con uno o dos personajes tomando algo en un bar. Un brindis que conduce a un beso, un encuentro furtivo que detona todo, un shot que carga de agallas a quien las necesita. Los tragos y el don de la buena coctelería son un recurso recurrente en el cine. Y en algunos casos, sus apariciones sirvieron para volver legendarias ciertas preparaciones. No hace falta haber visto ninguna película de James Bond para saber que el agente secreto toma Martinis, o que las chicas de Sex and the City brindan con sus Cosmopolitan rosas en cuanto bar de moda tenga Nueva York. Son rasgos que hacen a la historia y definen al personaje. Y a la vez, son escenas que convierten ciertos cócteles en leyendas. Bienvenidos a la historia del cine y la coctelería, un romance tan provechoso como seductor.

En el Hollywood dorado

En 1942 se estrenó Casablanca, con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman como protagonistas de una historia de (des)amor en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Ubicada en la ciudad homónima, en Marruecos, gran parte de la trama sucede en el concurrido Café de Rick, que Bogart administra como un lugar exclusivo y de moda. En ese contexto, claro, no podían faltar los tragos más sofisticados, y así fue como un cóctel llamado French 75 saltó a la fama a la par del éxito de la película. Haciendo referencia al cañón francés 75 mm M1987, se prepara con dos medidas de gin, azúcar, una medida de jugo de limón y champagne Brut o vino espumoso. Sencillo pero eficaz y claramente ubicado del lado de la resistencia francesa, supo ser un trago emulado en muchos bares de aquella época.

Casablanca fue una de las primeras películas cuyos tragos traspasaron la pantalla grande
Casablanca fue una de las primeras películas cuyos tragos traspasaron la pantalla grande.

Algunos años más tarde, bastarían las manos de un ícono sexual como Marilyn Monroe para dotar de seducción al Manhattan. En la película Con faldas y a lo loco (1959), la blonda protagoniza una escena que quedó para el recuerdo: improvisa los ingredientes de este trago en una bolsa de agua caliente sentada en las camas cucheta de un tren rumbo a Florida, a merced de la Ley Seca. Pareciera un momento poco glamoroso, pero nadie como Marilyn para volverlo único. Desde entonces, este cóctel con whisky, vermut rojo y Bitter Angostura es un clásico que no falta en ninguna carta que se precie de estilo y sofisticación.

Y por supuesto, el ya nombrado Martini de James Bond es un ícono absoluto desde su primera aparición, aunque difiere un poco entre la novela y las películas: mientras que en 1953 aparece por escrito en Casino Royale y se nombra como Vesper Martini (y lleva gin, vodka y Lillet), en las siguientes novelas fue mutando en Vodka Martini y Dry Martini. En la pantalla grande las distintas versiones también fueron variando de Sean Connery a Daniel Craig, pero jamás el modo de pedirlo y tomarlo: "Shaken, not stirred" (agitado, no mezclado).

Las contemporáneas

Un poco más acá en el tiempo, en 1998 los hermanos Coen pusieron en manos de Jeff Bridges un Ruso Blanco, y así terminaron de caracterizar a "The Dude", protagonista de la película El Gran Lebowski, hoy ya parte del cine de culto. Con su siempre desfachatada bata y sus pantuflas raídas, en su vaso de whisky vivía revolviendo esta mezcla de vodka, licor de café, crema y hielo, en una sobremesa eterna con sus amigos del equipo de bowling. Y cuando el film alcanzó el éxito y cosechó fans de lo más fieles (hoy incluso existe el Lebowski Fest), este trago volvió a las barras con fuerza.

Otro director que no menosprecia la importancia de la coctelería en sus obras es Francis Ford Coppola. Así se vio en Drácula (1993), una película basada en la novela original de Bram Stocker y en la que el conde se tomaba un cóctel de absenta, una bebida que fue prohibida durante muchos años dados sus efectos alucinógenos. Sin embargo, hoy el cóctel puede emularse agregando azúcar y agua fría. Aunque quizá la versión más famosa de coctelería en obras de Coppola se vea en El Padrino II (1974), cuando Fredo Corleone, hijo del gran Vito, pide un daiquiri de banana en un encuentro con su hermano Michael en un café de La Habana. Hecho con ron blanco, banana, limón y azúcar, la próxima vez que alguien cuestione la masculinidad de este trago bien podría traerse a colación esta escena.

Y en plan familiar, también Sofia Coppola hizo uso del romance entre coctelería y cine. Se apreció en Perdidos en Tokio (2003), la película que lanzó al estrellato a una joven Scarlett Johansson, cuyos días aburridos en la capital nipona tenían como compañía un vodka tonic acodada en la barra. Hasta que, claro, se cruzó con el personaje de Bill Murray y dio vuelta la historia. Sin embargo, supieron compartir algún vaso de esta preparación compuesta de vodka, agua tónica, jugo de limón y hielo.

Finalmente, las ya mencionadas chicas de Sex and the City supieron sofisticar el Cosmopolitan, ese trago que consta de vodka, triple sec, jugo de limón y jugo de arándanos. Y aunque técnicamente todo surgió en la serie, la existencia de la película (2008) permite agregarlas al listado. Y es que si había un bar de moda o una fiesta en la que había que estar, Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte allí estaban siempre, con dos cosas infaltables: unos zapatos increíbles y una copa de Cosmopolitan en mano.

Está claro que hay personajes, escenas y tramas que solo pueden recordarse trago mediante. Brindis que lo cambiaron todo y que dotaron de nueva luz a un protagonista. Por ello, esos cocteles traspasaron la pantalla y hoy pueden pedirse en las mejores barras. Porque nada nos gusta más que, en apenas un sorbo, transportarnos a nuestra película preferida y sentir que nos envuelve un poco del glamour de Hollywood.

En las series también

En las series también se hace uso de esta relación; Mad Men fue una de las que más dio canilla libre al tema
En las series también se hace uso de esta relación; Mad Men fue una de las que más dio canilla libre al tema.

No hay quien vea la multipremiada serie Mad Men y no se sorprenda por lo mucho que se fuma en escena. Y aunque esta producción supo tener hasta un apuntador de cigarrillo (para chequear en qué estado estaba el de cada personaje al corte de la toma y mantenerlo así luego), eso no debería obnubilar el otro gran amor que tuvieron estos publicistas: los cócteles clásicos. Don Draper, por caso, pedirá incontables Old Fashioned durante las siete temporadas. Este trago, que se hace con whisky, azúcar, Bitter Angostura, soda, una rodaja de naranja y una cáscara de limón, será un aliciente para el cerebro siempre enigmático de este personaje y su paso por las más variadas barras.

En la serie de vampiros True Blood, en tanto, se creó una preparación que imita un poco el color de la sangre. El Gin Tonic rosado que Sookie Stackhouse (Anna Paquin) pide en un bar está hecho con dos medidas de gin, tónica rosa y hielo, además de decorado con una frutilla. Un gran prefacio a un brindis que puede ser mortal.

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