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Terremoto en México: una liberación rápida de energía que no dejó tiempo para huir

Sismólogos chilenos explican por qué a pesar de que no fue de gran magnitud, el sismo de México fue muy destructivo

Miércoles 20 de septiembre de 2017 • 18:13
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PARA LA NACION

SANTIAGO, Chile.- Desde Chile, el país más sísmico del planeta, los especialistas están atentos a los terremotos que azotaron Oaxaca y Ciudad de México . Aunque no descartan completamente que los dos movimientos estén relacionados, prefieren hablar de movimientos independientes.

Mucha gente quedó atrapada por los derrumbes
Mucha gente quedó atrapada por los derrumbes. Foto: AP

El profesor Marco Cisternas, experto en geología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, dice que "los mecanismos son diferentes, ocurrieron en diferentes partes de la zona generadora de terremotos. El de ayer ocurrió en el interior de la placa que subducta (Placa de Cocos) y el anterior fue en la zona interplaca (donde hacen contacto la Placa de Codos y la Norteamericana). Teóricamente, no debería haber conexión, pero esa distancia cercana en tiempo y el hecho de que estuviera el volcán Popocatépetl en actividad desde antes, está indicando que había movimientos (tectónicos)".

Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de Chile, explica que los sismos de México son distintos a los que ocurren en su país y que tampoco tienen relación entre ellos. "Pensamos que son terremotos independientes. Podríamos entender esa relación de dos maneras: una es por las perturbaciones debido a la fractura de la placa, que generan réplicas no más allá de la longitud de la falla, y la otra es por el paso de las ondas sísmicas que se propagan a través de lugares con fluidos y multiplican los temblores chicos a mucha distancia. En este caso, ninguno de los mecanismos se ajusta para relacionar los dos terremotos", cuenta Barrientos.

Cisternas menciona que el terremoto de Ciudad de México es distinto al que hace 32 años, también un 19 de septiembre, dejó más de 10.000 muertos. El de ahora "fue un terremoto intraplaca pequeño en magnitud, lo que indica que el largo de la parte que se rompió fue pequeño. Es 30 veces más chico que uno magnitud 8. El de 1985 ocurrió frente a la costa de Ciudad de México y, por las condiciones del suelo, las ondas hicieron que se moviera como una gelatina, porque Ciudad de México fue construida sobre un pantano, sobre sedimentos. Tú golpeas la gelatina, el flan, y queda moviéndose".

Un terremoto similar al del martes en México lo ubica Cisternas en 1939 en Chile, en la ciudad de Chillán, donde murieron entre 24.000 y 30.000 personas luego de un sacudón de 7,8 grados bajo el continente. Lo normal en este país es que las placas choquen en el oceáno y Chile reciba la onda sísmica, pero aquel sismo fue distinto y sumamente destructivo. "Son movimientos muy rápidos, no tienen el típico ruido previo que da tiempo para huir. Liberan muy rápido la energía", explica.

El 11 de marzo de 2010, durante el cambio de mando presidencial entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, hubo dos réplicas del terremoto 8,8 del 27 de febrero de ese año: una fue de 7,2 grados y la otra de 6,9. Pese a la magnitud, muy similar a la de México, para los chilenos fueron solo temblores, sin colapsos ni muertos, a diferencia del DF, donde se derrumbaron al menos 44 edificios.

Sergio Barrientos dice que debido a la composición sedimentosa del suelo, Ciudad de México quedó vibrando y los edificios entre ocho y doce pisos fueron los que esta vez sufrieron un poco más. Además, explica que este tipo de sismos ocurre en un volumen más pequeño, lo que hace que las estructuras reciban una mayor descarga de energía una vez que se libera. "Es muy difícil con este tipo de terremotos conocer su recurrencia. En los interplaca (entre placas), como en Chile, podemos medir la velocidad de convergencia de las placas y uno puede establecer períodos de recurrencia. Por ejemplo, en 100 años, se produjeron siete u ocho terremotos por desplazamiento (de placas) y podemos decir que cada 130 años aproximadamente ocurren los sismos de magnitud 8,0. En el caso de un intraplaca (en el interior de una placa), uno no puede medir la tasa de acumulación de energía", agrega Barrientos.

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