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Juan Gatti, el artista que tiende puentes

Domingo 24 de septiembre de 2017
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LA NACION

De las redes sociales se señalan muchas cosas. Que son vacías y efímeras, que están llenas de gente odiosa, que son un refugio de vanidosos. Quizá sean todo eso y más, pero también son lugares que permiten contactos y hallazgos asombrosos, redescubrimientos rutilantes y consagratorias revelaciones.

Desde hace unos años, una generación de jóvenes, y ya no tanto, para quienes el Instituto Di Tella ha sido siempre el gran mito de un pasado que no conocieron, ha logrado descubrir a un genio talentoso de mirada pícara y lengua picante, que no utiliza las redes para hablar de sí mismo -pecado original de la era selfie-, sino para compartir su visión del arte y de la estética, ya se encuentre ésta presente en un afiche de Almodóvar, diseñado por él mismo, o en una fotografía en blanco y negro de Steve McQueen o David Niven.

Juan Gatti debió anticipar lo que generaría -básicamente un puente cultural con otras generaciones- cuando abrió su perfil en Instagram, la red social donde el común de la gente -lo que no es Gatti precisamente- comparte imágenes de platos sofisticados, perritos y playas paradisíacas: el nombre que eligió para su cuenta fue @Gattimanía.

"Soy el ícono de los jóvenes: ellos me eligen", le dijo hace unos años a este diario, que hoy vuelve a entrevistarlo para esta edición de La Nación revista, a pocos días de exponer en el Palais de Glace. Efectivamente, son ellos el público que mayoritariamente hoy celebra a este artista único, cuya carrera transcurrió fundamentalmente en España, donde se radicó en la época de La Movida, cuando el destape y la democracia joven eran terreno fértil para el arte y la creatividad, las dos disciplinas en las que Gatti se destacó desde siempre.

Antes había diseñado tapas de discos que hoy son emblemáticos de una época: Artaud, para Pescado Rabioso (la única caja de un vinilo que no tiene cuatro lados); Instituciones, para Sui Generis; o el Vol. 4 de Billy Bond y La Pesada.

Ya no importan las distancias, que esté aquí o en Madrid, pues para eso vive en las redes, y porque, además, Gatti es un artista global que puede estar trabajando junto a John Malkovich, Alan Faena o Karl Lagerfeld en cualquier lugar del mundo.

Con humor, hijo natural de toda mente lúcida y creativa, se compara con Miguel Ángel para explicar su rol junto al empresario argentino en Miami, al que ya seriamente asocia con los grandes mecenas del arte. En el gran colaboratorio de mentes brillantes creado por Faena, Gatti es un jugador único y singular, que deja su impronta por donde pasa. Aquí nos deja su pensamiento y su mirada, las virtuosas herramientas que lo conectan con la época. Y con las nuevas generaciones que eligieron seguirlo, en el mundo virtual, y en el real.

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