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El verdadero amor puede esconderse detrás de una cara de payaso

Se conocieron en la adolescencia, vivieron a miles de kilómetros de distancia y transitaron caminos que nunca imaginaron, hasta que un disfraz con nariz roja le dio luz verde a una romántica historia de amor

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 22 de septiembre de 2017 • 00:33
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Corría la década de los noventa y, fieles a la vida de club que por aquellos años era un estilo adoptado por muchas familias de clase media, Natalia y Martín pasaban tardes y fines de semana en el entonces Club YPF del barrio porteño de Nuñez. Ella jugaba al hockey y él al fútbol. Compartían un grupo de amigos, intereses parecidos y soñaban con formar una familia. Eran jóvenes, tenían toda la vida por delante y nunca imaginaron lo que el destino tenía preparado para ellos.

Los años pasaron, las parejas de la adolescencia también y a medida que se convertían en adultos, un sentimiento fuerte e inexplicable crecía entre ellos dos. Pero todavía no era el momento para que sus caminos se cruzaran o, por lo menos, no bajo la forma en que finalmente sucedió. "Siempre hubo algo entre nosotros, algo más; nos sentiamos atraídos y hubo momentos en los que no pudimos frenar ese sentimiento y, aunque los dos estábamos en pareja, llegamos a darnos con mucha culpa unos besos prohibidos pero apasionados", recuerda Natalia.

Hacia finales de 2005, por motivos laborales Martín tuvo que trasladarse a Londres y, anticipándose a la distancia y la dificultad de sostener el vínculo, decidió dar por finalizada la relación que por entonces mantenía. Sus amigos organizaron una fiesta de despedida a la que, desde luego, Natalia estaba invitada. "No pasó nada pero a la vez pasó todo, por lo menos así lo viví yo. Al momento de despedirnos sentí que lo iba a extrañar más de lo normal, no quería que se fuera", confiesa ella. Y en medio de la noche estrellada, en una escena tan romántica como fugaz, se fundieron en un abrazo que ella deseó que fuera eterno. "Cuando nos separamos, me invadió una tristeza enorme pero algo en mi interior me decía que tenía que ser fuerte. Por eso esperé y recibí con mucha felicidad cada uno de sus mails, tanto los grupales como los personales. Quería saber todo de él", dice ella con una sonrisa.

Pasaron los meses y finalmente llegó el mail que Natalia tanto había imaginado: Martín le contaba que iba a regresar a Buenos Aires y que probablemente pudieran verse en cuestión de días. Quizás, con suerte, él lograría llegar para la fecha en que estaba prevista una fiesta de disfraces que el grupo de amigos del club había organizado para despedir el año. "¿No te hace acordar a Martín?, le dije a un amigo cuando noté que tenía literalmente bailando al lado mío a un payaso que me miraba con ojos de enamorado. No le dimos importancia al asunto y seguimos bailando, pero yo moría de ganas de que fuese él, aunque Martín me había asegurado que no iba a poder estar en la fiesta", relata con lujo de detalles Natalia. Hasta que finalmente el payaso reveló su identidad y resultó ser, para sorpresa de muchos, aquel Martín con el que Natalia había soñado. "Nunca en mi vida había recibido tan grata sorpresa, fue una de las cosas más lindas que me pasó en la vida", dice mientras intenta contener algunas lágrimas de emoción. Cerraron la noche con un beso y creyeron que el amor que los había llevado a estar juntos no los separaría jamás.

Barajar y dar de nuevo

Pero era tal la intensidad de sus sentimientos que tuvieron miedo y dieron marcha atrás. Acordaron verse en un bar en Av. Córdoba y Esmeralda para poner fin a lo poco que había durado el deseo. No querian poner en riesgo una amistad de tantos años por un sentimiento que todavía no tenía forma, ni nombre, ni proyecto pero que les murmuraba al oído que no dejaran de luchar por ese amor. Sí, estaban convencidos. Lo mejor era separarse y despedirse para no volver a verse jamás. Salieron caminando del bar donde habían sentenciado su futuro y, luego de caminar unos pocos metros, no pudieron contenerse y corrieron a refugiarse a los brazos del otro. "Nos abrazamos, nos besamos y dijimos que íbamos a intentarlo, que nos íbamos a jugar por nuestro amor, los dos queríamos eso", asegura Natalia.

Hace más de diez años que Natalia y Martín están juntos. Apostaron a su corazonada y le dieron rienda suelta a lo que sabían desde un comienzo que era su destino: estar juntos. Viajaron, siempre de la mano. Porque viajar era el sueño de Natalia (un deseo que pedía al soplar la velitas en cada uno de sus cumpleaños) y Martín hizo realidad también ese anhelo. París, Londres, Amsterdam, Méjico, Vietnam, Singapur, Nueva York y Barcelona fueron algunos de los destinos que recorrieron. "Martín me ama como nadie me amó antes. Tiene un gran corazón, sin maldad, es buena persona, muy divertido, siempre está haciendo chistes, se destaca en todo lo que hace, es apasionado en todo: en su rol de pareja, como padre, en el trabajo. Es imposible no quererlo, todos lo quieren", asegura ella con una sonrisa de felicidad.

Y su felicidad se multiplicó cuando confirmaron que estaban esperando a Ciro, el primero de sus hijos, que hoy ya tiene 5 años. "¿Sabés enanita que todavía no caigo completamente, sino sólo por momentos -le escribió Martín a Natalia en una carta donde le abría su corazón-. Cuando imagino que estamos a un paso de formar una familia no entiendo nada de lo que pasa a mi alrededor. ¿Cómo iba a imaginar que íbamos a ser capaces de esto? Te amo y estoy completamente seguro de que me amás, pero de ahí a que tengas un porotito en la panza, no sé, me parece todo tan mágico, tan perfecto, tan sueño hecho realidad que me cuesta. Se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en que vas a ser mamá, y sé que vas a ser la mejor del mundo, y que además de ser el amor de mi vida, vas a ser la madre que soñé para mis hijos". Al poco tiempo llegó Luca (3) a la familia y los chicos son hoy el mayor de sus orgullos. "Nos miramos y nos sentimos felices lo que construimos, de nuestro amor y de nuestra familia y más que nada de nuestros hijos Ciro y Luca que nos van a acompañar cuando el 28 de octubre demos el sí en el altar", dice feliz ella. Un sí que abrirá un nuevo capítulo en su historia, un sí para cuidarse y amarse, en la salud y en la enfermedad y hasta que la muerte los separe.

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