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Los problemas de la Bruja Verón, el presidente que no logra afirmar un proyecto en Estudiantes

Emblema como jugador, la Brujita no consigue imponer un estilo; seis DT se sucedieron en los casi tres años de gestión

Miércoles 20 de septiembre de 2017 • 22:22
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PARA LA NACION
Juan Sebastián Verón y un futuro que debe volver a modelar
Juan Sebastián Verón y un futuro que debe volver a modelar.

LA PLATA.- Es cierto que Estudiantes jerarquizó sus divisiones inferiores, equilibró las finanzas, avanzó como no lo hizo ninguna otra gestión en la construcción del nuevo estadio y hasta se dio el lujo de abrir una escuela exclusiva para sus futbolistas. Todos esos logros, muchas veces sin visibilidad para el público, tienen un punto ciego, una arista que el presidente Juan Sebastián Verón aún no pudo completar: respaldar a los directores técnicos del plantel superior y lograr así un trabajo cimentado en la continuidad. El discurso del emblema no se plasma en los hechos.

El último fusible saltó después de la eliminación en los octavos de final de la Copa Sudamericana, anteanoche, frente a Nacional, de Paraguay. Gustavo Matosas, que fue presentado con honores, duró apenas siete partidos en el cargo y lo insólito es que en ese cortísimo recorrido ganó tres de esos juegos y empató uno. "Su llegada nos dará un salto importante, sobre todo en la metodología de trabajo", expresó, con entusiasmo, el presidente Verón en la presentación. Justamente esa metodología que se valoró fue la que condenó al uruguayo. Los referentes nunca aprobaron su forma de entrenar y, mucho más temprano que tarde, le bajaron el pulgar. "¿Fueron a menos?", preguntará algún distraído. No, en absoluto. Pero no había química. No había equipo.

"El fútbol son resultados. No importa si hace mucho o poco tiempo que estoy, el objetivo era la Copa y no se logró", afirmó Matosas, luego de la derrota 1-0 con Nacional, la que limitó el ciclo.

¿Se equivocó Verón en ir a buscar al entrenador uruguayo o falló en no sostenerlo? Difícil saberlo en un recorrido tan breve, lo que está claro es que su plan fracasó. Un nuevo DT que se va de forma prematura. Desde que asumió la Brujita, el 9 de octubre se cumplirán tres años, Estudiantes tuvo seis técnicos: Mauricio Pellegrino, Gabriel Milito, Nelson Vivas, Matosas, y los interinos Lucas Nardi y Leandro Benítez, que reasumió nuevamente para el partido con San Lorenzo, del lunes.

Si bien todos los procesos fueron diferentes, cada uno con sus matices, todos concluyeron de una manera abrupta. Cuando Verón ganó la presidencia, Pellegrino llevaba un año y medio al frente del plantel y venía de obtener el tercer puesto en el Torneo Final. No convivieron demasiado: tras una mala racha, la comisión directiva lo despidió en abril de 2015. "Es un momento de mucho dolor personal y profesional. El club ha decidido romper el contrato y creo que es injusto", confesó el DT, que se alejó tras dirigir 95 partidos y una cosecha de puntos del 51 por ciento.

El primer técnico que eligió Verón fue Gabriel Milito, quien permaneció en su cargo menos de ocho meses. En diciembre de 2015, y tras conseguir la clasificación para la Copa Sudamericana, sorprendió con su renuncia. "Estoy cansado y para estar al frente de un grupo uno tiene que estar fresco", se justificó. Los números avalaban su tarea: sumó el 62 por ciento de las unidades de 30 encuentros.

La partida de Milito provocó el arribo de Nelson Vivas, la mejor decisión de Verón en cuanto a entrenadores. Para encarar 2016, Estudiantes activó un plan repleto de lógica: achicó el presupuesto del fútbol profesional y para comandar ese proyecto escogió al DT de la reserva, el hombre que como ningún otro conocía a las jóvenes promesas. Vivas no defraudó y su equipo fue protagonista de dos campeonatos (Torneo 2016 y Torneo 2016

17). Además, consolidó a varios juveniles en primera: Juan Foyth y Santiago Ascacibar significaron recientes ventas millonarias; otros aún permanecen en el plantel como Lucas Diarte, Bautista Cascini y Lucas Rodríguez.

¿Qué condenó a Vivas? La mala performance en las copas: la Argentina -la disputó en dos oportunidades-, Sudamericana y Libertadores. Su continuidad estaba acordada de palabra, aunque le informaron que finalmente no le renovarían el contrato después de la humillante caída con Sport Club Pacífico, de Mendoza. "Si no estoy en los planes, me voy ahora", le respondió el técnico a la comisión directiva, que pretendía que acompañara al grupo hasta la finalización del campeonato. Vivas renunció a falta de tres fechas y con su salida se despedía el entrenador que más tiempo permaneció en el banco en la gestión Verón: en un año y medio dirigió 56 cotejos; obtuvo el 60 por ciento de los puntos.

El capítulo siguiente fue un escándalo. Mientras Nardi, flamante DT interino, guiaba una práctica en el Country, de City Bell, salieron a la luz algunas viejas publicaciones de su cuenta de Twitter, en las que criticaba a Carlos Salvador Bilardo: "Odio a Bilardo" y "No hay que perder más el tiempo con la mentira de Bilardo", las expresiones que los hinchas no perdonaron. De la bronca se pasó al estallido y hasta se realizó una manifestación en la sede social. Verón amagó con renunciar, pero finalmente no lo hizo y corrió a Nardi del puesto, quien duró apenas dos entrenamientos.

El que ofició de bombero y se hizo cargo del incendio fue Leandro Benítez. Más allá del rápido acuerdo con Matosas para que asumiera en el siguiente torneo, quien debía concluir el campeonato era el Chino. "¿Y si gana los tres partidos?", se preguntaban los simpatizantes. Eso fue lo que ocurrió: Estudiantes encadenó tres victorias en fila, finalizó tercero y se clasificó para la Copa Libertadores 2018. El proceso tenía fecha de vencimiento, era el momento de Matosas.

La historia del técnico uruguayo fue fugaz. La eliminación de la Sudamericana fue la excusa perfecta para la salida, aunque todas las partes sabían que el vínculo estaba resquebrajado. ¿O acaso un proyecto serio puede depender sólo de una Copa que se disputa con el formato de eliminación directa?

En Estudiantes será el turno de otro entrenador y con ese arribo Verón tendrá una nueva oportunidad para intentar completar el casillero que le falta a su gestión: concretar un proyecto futbolístico a largo plazo.

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