El dilema de Angela Merkel: ¿una Alemania europea o una Europa alemana?

En tiempos del Brexit y Trump, Angela Merkel, que hoy compite en elecciones, es la líder de centroderecha preferida del progresismo

Tomás Borovinsky
PARA LA NACION
Domingo 24 de septiembre de 2017

Frente a un siglo XX zombi que todavía no termina de querer morir del todo, puede resultar extraño que la "líder del mundo libre" sea una canciller alemana. De Adolf Hitler a la defensa de la globalización. Pero a Angela Merkel, quien hoy va a elecciones en su país como principal favorita, le toca conducir los destinos alemanes en tiempos de Donald Trump y el Brexit.

Discípula de Helmut Kohl, que fue canciller en tiempos de la caída del Muro de Berlín y en la reunificación; física proveniente de la vieja República Democrática de Alemania (la RDA comunista), Merkel supo escalar en su partido democratacristiano (CDU) y destronar de la cancillería al partido socialdemócrata (SPD) de Gerhard Schröder en 2005.

Sin embargo, el camino fue arduo. Luego de la derrota del nazismo, la República Federal de Alemania (RFA), bajo el mando de Konrad Adenauer (CDU), buscó confirmar su compromiso con Occidente, con sus valores liberales y con Europa. Entre aquel momento y hoy se sucedieron la desnazificación, la OTAN, la Comunidad Económica Europea (antecedente de la Unión), el Estado policial, el mayo del 68 (que en Berlín fue más bien en el 67), la Baader-Meinhof, la caída del Muro y la reunificación.

Pero es justamente el éxito de este compromiso con Europa el que muchos ven como problemático. El sociólogo del riesgo Ulrich Beck, poco antes de morir, publicó Una Europa alemana (2012), un libro en el que somete a crítica el rol alemán y alerta sobre la posibilidad de una Europa sometida a la hegemonía del poder teutón. Frente a esto es que Beck traía a colación un viejo dilema clásico planteado por Thomas Mann en 1953: ¿una Europa alemana o una Alemania europea? Ése es el dilema.

Frente a posturas como la de Ulrich Beck, aunque no sin recuperar una vez más el deseo de Thomas Mann, Hans Kundnani, director editorial del Consejo Europeo para las Relaciones Internacionales, señala que Alemania no es hegemónica en Europa ni puede serlo. Y considera a Alemania atravesada por dos fuertes tendencias clásicas de las relaciones internacionales que encuentran pilares nacionales con nombre propio. Por un lado, un polo idealista que se inició con Konrad Adenauer (CDU) y la idea del Westbindung; por el otro, un polo realista encarnado por Willy Brandt (SPD) y su Ostpolitik. La integración ideológica con Occidente y las relaciones pragmáticas con el Este. Dos polos que persisten como tendencias de la política alemana (idealismo y realismo) bajo nuevas formas luego de la reunificación.

De villana a hada madrina

En pocos años, Merkel pasó de ser la villana de la austeridad contra el sur europeo, en plena crisis de la eurozona, y la promotora de un puño de hierro frente a Grecia (país que todavía tiene recuerdos de la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial), a algo así como el hada madrina de los refugiados de Medio Oriente (sin olvidar el endurecimiento inmigratorio, por otro lado). Pero hay que reconocer que también en términos relacionales el escenario cambió en pocos años. No es lo mismo un mundo con Barack Obama al mando que uno con Donald Trump al timón, y si bien la política no es a la carta, lo cierto es que Merkel es admirada por muchos en el campo ideológico adversario. En la Argentina, por ejemplo, Beatriz Sarlo, referente ineludible de la centroizquierda y la cultura local, señaló en más de una ocasión su respeto e interés por la canciller alemana. Merkel parece ser, quizás, la centroderechista favorita de los progresistas.

Merkel llegó al poder con una Alemania liberalizada por los propios socialdemócratas de Schröder (recordemos la llamada "Agenda 2010" lanzada en 2003 para dar impulso a la actividad y la productividad) y bajó el desempleo del 11,2% al 3,8%. Además, el liderazgo de Merkel incluyó la aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo -que ella rechazaba-, la continuidad inicial del acercamiento con Rusia -que luego experimentó un alejamiento con la crisis de Crimea-, privilegiando la geopolítica por sobre la geoeconomía, y la recepción de más de un millón de refugiados de Medio Oriente.

Pero, por sobre todo, el probable triunfo de Merkel en las elecciones de hoy sería el fin del efecto dominó que iniciaron el Brexit y Trump, que encontró en Emmanuel Macron un respiro y que alcanzaría con la canciller una consagración anunciada.

Sin embargo, no hay verdaderamente dos posiciones tan diferentes en juego entre el CDU y el SPD, los dos principales partidos con chances en Alemania. De hecho el reciente debate entre Angela Merkel (CDU) y Martin Schulz (SPD), éste último con una performance deslucida, pareció más una negociación para una nueva "gran coalición", como señalaron diversos observadores, que un verdadero combate de ideas inconmensurables (aunque no hay que descartar alianzas con los liberales del FDP o con los verdes). Quizás por cierta resistencia a la crisis económica es que la convergencia programática entre centroizquierda y centroderecha, con diferencias en énfasis y valores, que caracterizó a tantos países en las últimas décadas, goza de buena salud en Alemania.

Verdadera trinchera del liberalismo cosmopolita a nivel mundial, defensora de la globalización y del Acuerdo de París, Merkel, en caso de ganar las elecciones, tendrá como tarea, además de conducir Alemania hacia una nueva etapa de reformas, continuar ejerciendo el rol que le corresponde en la Unión Europea con la ayuda de su nuevo socio, Emmanuel Macron. Siempre con el enorme desafío de moverse en la tensión entre la pulsión hacia la Europa alemana que tanto temía Ulrich Beck y la búsqueda de una Alemania europea que tanto deseaba Thomas Mann.

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