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Cinco sabrosos secretos gastronómicos del Litoral

Menú de cinco pasos para descubrir sabores y propuestas originales en esta región del país

Domingo 24 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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1 Misiones: de la caña al plato

La piscicultura es una actividad en pleno auge en Montecarlo, Misiones, impulsada por el modelo brasileño. Rubén Müller Thies es parte de esta movida con su pesque y pague en Caraguatay (RN 12 km 1507), donde además de la pesca lleva a los visitantes a recorrer las instalaciones donde cría dorados, tilapias, carpas, bagres, surubíes y sábalos. Los pescadores se llevan sus presas y pagan por kilo, según las distintas especies, a lo largo de una temporada que va de octubre a abril. Hay mesas y parillas para comer en el lugar, mientras Müller busca ahora socios para potenciar su emprendimiento y terminar de armar un frigorífico que le permitirá vender pescado a los restaurantes y hoteles de Iguazú. Mientras tanto, los turistas de paso pueden completar la visita en el acuario de Montecarlo, donde se exhiben los distintos peces del río Paraná.

2. Entre Ríos: el fruto de la Palma yatay

Las palmeras yatay cubrían grandes extensiones de las cuchillas de la región de Colón, a orillas del río Uruguay. Con la intensificación de la agricultura, su espacio se fue reduciendo y el Parque Nacional El Palmar es uno de sus últimos reductos. Antes de la llegada de los españoles, los pueblos autóctonos de la región consumían los frutos de aquellas palmeras y también preparaban infusiones con la semilla, como si fuera un café.

La palmera yatay florece en noviembre y su fruta llega a maduración a fines del verano, entre febrero y marzo: el resto del año se puede conseguir procesada en jaleas, bombones, licores o té, en las tiendas de regionales de Colón y áreas aledañas. El fruto de la palmera yatay le da un toque autóctono a la rica gastronomía traída por los inmigrantes. Cada vez más, los restaurantes locales lo integran en sus platos y lo combinan con los demás productos de la zona: quesos, nueces de pecán, fiambres y pescados de río.

3. Misiones: ¡a comer madera!

Habrá que imaginarse la cara de los jesuitas la primera vez que vieron a los aborígenes guaraníes comiendo madera de un gran árbol del interior de la selva paranaense, que puede alcanzar hasta 15 metros de altura. No sabían, por supuesto, que el tronco del yacaratiá no contiene celulosa sino que almacena agua y nutrientes en sus células: un recurso valioso para la supervivencia, que hoy se traduce en una materia prima única en el mundo. El lugar ideal para probarla es Eldorado, en Misiones, donde Yacaratia Delicatessen abrió el Rincón del Yacaratiá, un lugar donde los visitantes pueden asistir a los distintos pasos del procesamiento de la madera de este árbol para convertirla en una larga lista de tentadores productos comestibles, que van desde bombones, alfajores y masitas hasta madera frita. Un largo camino desde que los guaraníes untaban la madera de yacaratiá con miel y la cocinaban en el fuego para extraer su mejor sabor.

4. Misiones: raclette como en Suiza

El pequeño pueblo de Ruiz de Montoya es un reducto suizo en la histórica tierra de las misiones. Está apartado de la ruta 12, en el sur de la provincia, a unos 100 kilómetros de Posadas. Algunas de sus casas recuerdan los chalets alpinos, en torno de la iglesia de confesión calvinista. Los suizos formaron un importante grupo de colonos en Misiones a lo largo del siglo XX, pero dejaron una impronta más clara en Ruiz de Montoya. Un pastor de Berna creó en 1962 el Instituto Línea Cuchilla, que sigue siendo una de las principales escuelas agrícolas del norte del país. En complemento a los estudios, los alumnos tienen un emprendimiento de regionales que se venden en la escuela y en varias tiendas locales. Entre otras cosas, elaboran el único verdadero queso raclette producido en el país. Los suizos de paso nunca dejan de visitar el local de la escuela para comprar y dicen que se lo puede comparar con los que se fabrican en los Alpes.

5. Chaco: a cosechar y a secar

En Resistencia, Kadmiel se dedica al secado de frutas y verduras. Su pequeño taller está abierto a las visitas y Wanda Legal, su mentora, organiza además salidas de cosecha en fincas de las afueras de la ciudad chaqueña, para luego secar y llevarse sus propios productos. Es una experiencia que gusta a grandes y chicos. Kadmiel está por un tiempo más en el Barrio Provincias Unidas (Manzana 33, Parcela 02, donde se la puede visitar todavía) hasta que se mude a un local más grande. Además de la cosecha, se pueden degustar y comprar en el lugar productos deshidratados como mamones, limas, naranjas, pomelos, zanahorias, remolachas, hongos, tomates, berenjenas, mandioca, batata o bananas, entre otras frutas y verduras. Los productos de Kadmiel empiezan a venderse en los supermercados de la región, sobre todo, bolsas de espinaca y manzanas y un mix de frutas y verduras.

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