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De Yucatán a Montevideo: mitos y verdades detrás de los nombres geográficos

Iván de Pineda

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LA NACION
Domingo 24 de septiembre de 2017
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Viajando por los diferentes países que me ha tocado recorrer, siempre me ha gustado observar -creo que ustedes ya lo saben- los carteles que señalan puntos de interés, localidades, parajes y ciudades. Y trato de imaginarme, pensar o, aunque estén escritos en algún idioma que desconozco, dilucidar su significado, origen o la razón por la cual fueron llamados de semejante manera.

En columnas anteriores hemos repasado, por ejemplo, los nombres más particulares, extraños mejor dicho, y largos de diferentes urbes alrededor del mundo. Y algunos de estos nombres nos han sorprendido, divertido e impresionado.

Detrás de estos significados hay también historias, anécdotas, cuentos y mitos muy interesantes que nos muestran la manera a veces aleatoria o azarosa de los nombres que han recibido y sobrevivido hasta nuestros días.

Por ejemplo, un caso muy curioso es el que tiene como protagonista a la Península del Yucatán. Si bien hay varias versiones por la cual esta región de México fue llamada de esta manera, hay una que supuestamente hablaría de barreras idiomáticas: cuando los conquistadores y adelantados españoles llegaron, aparentemente se produjo una confusión entre la población de la gran civilización maya y los europeos.

Claro, al estar explorando tierras desconocidas -para ellos, lógicamente-, decidieron preguntarle a un grupo de indígenas dónde se encontraban, a lo que uno de ellos respondió: "Tectetam", lo cual, corrompido por el sonido y la falta de conocimiento de la lengua local, pasó a ser para ellos "Yucatán". De esta manera, pensaron que se llamaba así el territorio que estaban pisando, cuando en realidad la respuesta había sido simplemente: "No te entiendo".

Como les decía, ésta es sólo una de las versiones, pero habla claramente de lo que sucede cuando se produce un choque de civilizaciones y la falta de conocimiento mutuo es uno de los factores a veces determinantes (por eso cuando viajamos, incluso en nuestros días, es importante estar informado y saber adónde vamos. Así, podemos maximizar nuestra experiencia, aprender y no cometer ningún tipo de faux pas).

Otros nombres aluden directamente a la posición que ocupan las ciudades dentro de un país. Como ejemplo tenemos a Astana (antes llamada Akmola), en Kazajistán. El cambio de nombre tal vez haya salido de la necesidad de simplificar, ya que literalmente este nuevo nombre en la lengua local, kazajo, quiere decir capital. Y eso le sucedió a la vieja Akmola cuando sucedió a Almaty como cabeza del país.

Otros nombres tienen que ver con la riqueza de sus tierras, como es el caso de Chipre, que en idioma griego es Kypros (cobre), y se la llamó así debido a sus importantes yacimientos de este metal. Aunque Nicosia, su capital, obtiene su nombre, según los entendidos, por la incapacidad de los Caballeros Templarios de pronunciar Kallinikisis.

De Montevideo se dice que surgió de la expresión portuguesa de un marino miembro de la excursión de Magallanes, que habría gritado: " He visto un monte", o tal vez de la anotación geográfica del lugar por los españoles: el sexto monte yendo de este a oeste: Monte vi de este a oeste.

Qué les parece si terminamos este pequeño recorrido con la ciudad de Buenos Aires, que comenzó siendo nombrada y fundada como Nuestra Señora del Buen Ayre, en recuerdo de la Virgen de Bonaria, que protegía a los marinos y navegantes y era muy venerada en Cádiz. Por su gran devoción, Pedro de Mendoza le dio este nombre a la Reina del Plata, tan sólo un simple asentamiento allá por 1536.

Más allá de la certeza o veracidad de la proveniencia de algunas de estas historias, resulta muy divertido y recomendable desenterrarlas y conocerlas.

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