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Siempre es mejor escuchar enseguida las malas noticias

Domingo 24 de septiembre de 2017
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LA NACION
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"El que te invite a la reunión es el traidor": Don Corleone imparte la lección a su hijo Michael y la máxima sella la suerte de Tessio: como un Maquiavelo de Long Beach, el Padrino desparrama sabiduría. Que el empresario ambicioso o el político audaz tomen nota: más tarde o más temprano, el capo dirá "siempre tené cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos" o "nunca tomes partido contra tu propia familia". Casi en cualquier minuto de los 175 que dura la mejor película de la historia es posible encontrar una enseñanza imperecedera. Y esta semana, justo cuando se cumplen cuarenta y cinco años de su estreno en la Argentina, El Padrino está vigente como un nuevo fenómeno de época: a la manera de un I Ching siciliano, la película, y sus múltiples enseñanzas sobre el poder, la familia, el dinero o la política, es una guía para la vida.

¿Cómo debo negociar un aumento de sueldo? ¿Cuándo es el momento ideal para plantear una separación? Así como uno abre el I Ching en cualquier página y el libro adivinatorio arroja una pista sobre lo que sucederá en el futuro, El Padrino también describe la situación presente de quien lo consulta, sea cual fuere el dilema que lo aqueja, y ofrece una pista para el porvenir. Una mitología de la cultura pop cuenta que la genial cineasta Nora Ephron tenía una rutina invariable: mirar El Padrino en Nochebuena y El Padrino II en Año Nuevo como un modo de mantener frescos los conceptos vitales. "Quien huye de su familia nunca será un hombre completo", pontifica el padre, y el hijo, aguijoneado por la culpa, levanta el teléfono y le desea felices fiestas.

En los ateneos políticos y en las academias de negocios hoy se estudian los diálogos de El Padrino: leo que en España un vocero del Partido Popular dijo que esperaba que un adversario no se hubiera "inspirado en este tipo de obras". Y en la Argentina, una noticia falsa, pero muy difundida, malinformó que Francis Ford Coppola finalmente se decidió a rodar El Padrino IV al enterarse de las acusaciones de corrupción contra un ex ministro (como en tantas otras cosas, la obra maestra también tiene algo para enseñarnos sobre la posverdad: aunque era una noticia en broma publicada por un diario electrónico, cientos de periódicos, noticieros y radios la replicaron como legítima). "Siempre es mejor escuchar las malas noticias enseguida", dice Don Corleone, un antihéroe que despierta más admiración que rechazo: aun en su parábola trágica, tiene fuertes preceptos morales (nunca traficará droga, por ejemplo) y es el custodio de una hermandad que cuida a los suyos.

"Ni siquiera me llamás Padrino", se queja, y a Bonasera no queda más que besarle el anillo: la mano del Padrino todo lo da y todo lo quita ("dentro de la familia todo y fuera de la familia nada", se repetirá). Si fuera cierto que nunca hay que dejar saber a un extraño lo que uno piensa en realidad, acá desoigo el consejo de Don Corleone y me confieso ante miles de lectores que no conozco: pienso pasar este domingo a la tarde mirando El Padrino otra vez porque me promete respuestas a ciertas preguntas existenciales que me estoy haciendo. Es una oferta que no podría rechazar.

CINCO PISTAS SOBRE LA MALDICIÓN DE LAS NARANJAS EN EL PADRINO

Vito Corleone

El Padrino compra naranjas en el mercado antes de que le disparen, y al momento de su muerte se pone una cáscara en los dientes para divertir a su nieto.

Sonny Corleone

El hijo mayor pasa con el auto frente a un cartel rutero que anuncia "Florida Oranges" justo antes de ser acribillado a tiros.

Michael Corleone

El heredero de la familia come una naranja mientras discute con el consiglieri Tom Hagen los planes para asesinar a los capos rivales.

Tessio

Durante la boda de Connie Corleone juega con una naranja. Poco más tarde es ajusticiado por haber traicionado a Michael después de invitarlo a una reunión con Barzini.

Los capos

Un plato de naranjas preside la mesa durante la reunión cumbre de los jefes de todas las familias: más precisamente, justo delante de los que después serán asesinados.

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