Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Pekín, cada vez más incómodo y distante por la hostilidad de su viejo aliado

Los continuos desplantes del régimen norcoreano fuerzan a China a cambiar la relación bilateral

Viernes 22 de septiembre de 2017
SEGUIR
PARA LA NACION
0

PEKÍN.- El último ensayo nuclear de Corea del Norte fue una bofetada a China. Su presidente, Xi Jinping, se preparaba para inaugurar la cumbre del grupo de los Brics cuando las agencias sísmicas detectaron temblores a miles de kilómetros al Norte. Su discurso posterior terminó en las breves de los diarios. Pyongyang ya había arruinado otros eventos internacionales con los que Pekín pretende los focos mediáticos para subrayar su pujante influencia, pero el régimen de Kim Jong-un ya ni siquiera disimula la hostilidad a su aliado histórico.

Sus vínculos habían resistido desde que ambas lucharon hombro con hombro en la guerra de Corea (1950-1953). China mandó un millón de soldados para que Kim Il-sung mantuviera el control en la mitad septentrional de la península. La guerra le costó 180.000 muertos (un hijo de Mao Tse-tung entre ellos). Las relaciones eran entonces tan cercanas como las de los labios a los dientes, metaforizó el "Gran Timonel".

Hoy están mucho más distanciados. China intentó arrastrar a Pyongyang a las negociaciones internacionales, insistió en que detenga sus lanzamientos de misiles y suscribió también las últimas condenas y sanciones de la ONU. Ayer, junto a Estados Unidos y la Unión Europea (UE), anunció nuevos castigos contra el régimen norcoreano.

Pekín es la mayor víctima de la deriva delirante de Kim: el escudo antimisiles que Seúl acaba de desplegar tras décadas de súplicas norteamericanas en el patio trasero chino es una tragedia para su estrategia de defensa. Oficialmente, la finalidad de ese escudo es Corea del Norte, aunque a nadie escapa que también controlará al gigante asiático.

Pero ni las múltiples evidencias ni los esfuerzos de los expertos han vencido esa inercia en la opinión pública, y en líderes como Donald Trump, de exigir explicaciones a China tras cada tropelía norcoreana. A Pekín la descompone esa asunción grabada en piedra de que dicta la política de Pyongyang. Nada complacería más a Pekín que Kim se revelara como un Deng Xiaoping norcoreano que colocara al país en la senda de la modernización.

Es conocido el desprecio que siente el presidente chino por el joven tirano. Xi se ha reunido con decenas de sus pares en un lustro y aún no le dio audiencia a Kim. Su padre, Kim Jong-il, estuvo en cambio siete veces en Pekín, a pesar de su aversión a viajar. Las filtraciones de WikiLeaks ya certificaron la desconfianza mutua, y la prensa oficial de ambos países ha intercambiado en el último año acusaciones y amenazas inéditas. La huida hacia delante de Kim está apuntalada por la eliminación de todos los altos cargos próximos a China que heredó de su padre.

Su tío, antiguo mentor y número dos del régimen, Jang Song-thaek, fue ejecutado en 2013. También asesinó este año en un aeropuerto malasio a su hermanastro, protegido por Pekín y visto como un relevo sensato en la volcánica estirpe en caso de colapso.

Tong Zhao, experto del Centro Carnegie-Tsinghua, confirma que la influencia china sobre Pyongyang está sobrevalorada. "China no puede declararle la guerra cortándole completamente el sustento económico, y quiere evitar ser vista como su enemiga porque también es vulnerable a sus armas nucleares. China, hasta cierto punto, es un rehén de Corea del Norte y no puede ejercer la opción de enfurecerla del todo", sostiene.

China alega que, si detuviera el envío de energía y ayuda humanitaria, el país entraría en colapso y por sus porosas fronteras se colarían millones de norcoreanos. Tampoco le atrae la idea de una Corea reunificada bajo la fuerte influencia que Estados Unidos ejerce en Seúl. Eso, sin el tapón norcoreano, supondría miles de tropas norteamericanas en su frontera.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas