La venta de antigüedades, un sector en crisis en todo el mundo

El cambio en los gustos y los nuevos estilos del diseño, las claves

Viernes 22 de septiembre de 2017

Durante alrededor de 45 años, los anticuarios dominaron el paisaje comercial de San Telmo. Sin embargo, hace un lustro empezaron a cerrar: en ese lapso desapareció casi el 50%, según datos de la Asociación de Anticuarios y Amigos de San Telmo.

Este fenómeno, lejos de circunscribirse a este barrio porteño, se registra en muchos lugares del mundo. Un cambio en los gustos del público, que desde hace algunos años se inclina por el diseño moderno, es la principal causa de la crisis.

"Hay un cambio de hábitos en la decoración de interiores. A nivel internacional impera un movimiento modernista; las cosas antiguas, con historia, perdieron espacio", explicó Norberto Medrano, presidente de la Asociación de Anticuarios y Amigos de San Telmo.

Desde hace 30 años Jorge Cifré y Patricio Ferrari Walker atienden Della Signoria Antigüedades. "En Europa cerraron montones de anticuarios. El auge del anticuario fue entre 1970 y 2000, cuando se montaba toda la casa con antigüedades inglesas, francesas, italianas. Luego, la demanda comenzó a inclinarse por el diseño moderno."

Y distinguieron: "Había dos tipos de público: el conocedor y la gente que venía traída por su decorador. Este último grupo ya no viene más. El diseño moderno facilita la tarea del decorador porque las piezas pueden encargarse del tamaño exacto que se necesita. En cambio, quien quiere un mueble antiguo a veces debe buscar mucho y saber esperar con paciencia hasta que por fin aparezca".

El anticuario Alberto Roldán, encargado de dos locales en San Telmo, consideró que el mercado de las antigüedades hoy "es muy chico". Y que sólo sobreviven los negocios que tienen clientes fijos, conocimientos en la materia y espalda financiera para soportar las malas épocas.

En la Argentina, al cambio en los gustos del público se le sumó la caída en la llegada de turistas que se registró de 2011 en adelante, aunque en los últimos meses la tendencia se esté revirtiendo. "Hasta hace dos años, el 80% de las ventas se hacía a turistas. Hoy el porcentaje es sólo de un 30%", explicó Roldán. Agregó que ahora trabaja casi exclusivamente con clientes locales: "En los últimos tres fines de semana ningún turista compró nada. Antes era impensable algo así".

Los turistas y dealers extranjeros siempre se llevaron las piezas más valiosas porque su poder de compra era superior al del público local.

Además del cambio en los gustos y en la caída del turismo, los anticuarios coinciden en que el público fue perdiendo la cultura necesaria para apreciar el valor de las piezas antiguas. "La gente que entendía de antigüedades fue muriendo. El comprador joven demuestra un mayor conocimiento de todo lo relativo a la cultura más contemporánea. Hay poca gente con conocimientos sobre aquellas épocas", concluyó Medrano.

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