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Marcelo Gallardo, o creer que todo es posible

Viernes 22 de septiembre de 2017
LA NACION
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Foto: LA NACION / Mauro Alfieri

El fútbol suele preparar escenarios en los que la épica no es opcional: es necesaria. En esos papeles, ese rasgo se antoja imprescindible cuando la contingencia exige remontar un 0-3. Más para River, poco acostumbrado en su historia a gestas de ese tipo. Hasta que aparece un señor petisito y decide que eso también puede cambiar. Entonces rompe las predicciones, la lógica y los lugares comunes. Decide instaurar una paradoja: se puede conseguir ese objetivo complejo sin que nadie deba escribir las palabras hazaña, milagro o heroico para calificar lo que pasó en una invernal noche de la primavera, a orillas del Río de la Plata.

En eso también, por si le hacía falta algo más, se distingue el señor petisito. Ha logrado algo reservado para los elegidos: que millones crean ciegamente en él. Les dijo que se podía, que tenían las armas para intentarlo. Y ellos, los que juegan y los que miran en la tribuna o en la tele, le creyeron y fueron con él. Se encolumnaron detrás de su Napoleón porque ya se los había dicho otras veces y también había cumplido. Aunque nunca, en estos tres años y casi cuatro meses que llevan andando juntos, habían atravesado una experiencia así de enrevesada.

El señor petisito ya no patea la pelota. Y entre tantas emociones que sobrevuelan un estadio extasiado, escribe otra paradoja: que su apodo se grite más veces y que su apellido se aplauda más fuerte que el de cualquiera de los que hacen los goles. ¡Ocho goles! Pero no hay scoccos ni ponzios ni pitys que puedan con él. Ni esta vez ni la próxima.

Tan fuerte es su impronta que él y todos los que lo miran saben, aunque se resistan a decirlo, que nada será igual después. Porque habrá un después. Un día 1 después de. ¿Cómo pensar en eso ahora, cuando por toda América vuela el efecto de una goleada única, impropia de este tiempo?

El señor petisito también piensa en eso. Y lo dice. En estas páginas, sin ir más lejos, hace una semana: “Quiero que los otros clubes vengan a River y vean cómo creció, como volvió a ser una marca. Así es como quiero que se me recuerde”.

El señor petisito no cree en la épica.

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