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Secretos para optimizar tu teléfono (sin usar CCleaner)

Un programa para mejorar el rendimiento de los dispositivos infectó casi 3 millones de computadoras con un virus; ¿y ahora quién podrá ayudarnos?

Sábado 23 de septiembre de 2017 • 00:10
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Una vez, hace muchos años, instalé el CCleaner. Calculo que en un Windows XP. La cosa es que analizó la máquina y luego me propuso eliminar una enorme cantidad de cosas.

Soy de la vieja escuela, y en ella tenemos un dogma: “No dejes que un programa haga cambios en tu sistema sin verificar primero cuáles serán exactamente esos cambios.”

Para cumplir con este mandamiento, aquella vez, tendría que haberme pasado 20 o 30 horas constatando que cada archivo que el CCleaner iba a borrar realmente era innecesario, que todas esas claves del Registro de verdad ya no hacían falta, y así.

Nadie tiene tanto tiempo. Por lo tanto, cancelé todo y lo desinstalé. De todos modos no tenía intención de usarlo; la máquina andaba fantásticamente bien. Sólo quería ver por qué tanta gente me contaba que “el técnico había pasado el CCleaner" con la esperanza de resolver cierto problema.

Hurgando un poco en la Red, descubrí que los debates sobre los optimizadores tenían proporciones cismáticas. Así que no voy a entrar en ese cuadrilátero. Sólo aportaré esto: usé todos los MS-DOS desde el 3.2 hasta el 6.0 (y varios DOS de otras compañías); soporté el infausto Windows 3.1; tuve OS/2 desde la versión 2.1 hasta la 4; usé Windows 95, 98, Me, NT, 2000, XP, Vista, 7, 8 y 10, y en 1996 me subí a Linux, que hoy es mi sistema principal. Tuve un iPhone (al que no extraño para nada) y vengo usando Android desde la versión 2.3. Nunca necesité un programa de optimización. De hecho, la regla de que los sistemas operativos de alguna manera se pongan pesados con el uso no sólo nunca se cumplió en mis equipos, sino que suena bastante delirante.

Cuando los optimizadores aparecieron en las tiendas de smartphones entendí lo que había estado ocurriendo todos esos años. Estos programas trataban de automatizar el mantenimiento que los veteranos veníamos haciendo a mano desde siempre. Llegado el caso, intentaban corregir los problemas causados por la falta de dicho mantenimiento.

A propósito, el hecho de que el la versión 5.3.4 de 32 bits para Windows del CCleaner haya sido usada para distribuir no ya un virus, sino dos , resulta cualquier cosa menos anecdótico. Todas estas aplicaciones tiene un halo medicamentoso. ¿Qué mejor lugar que un frasco de remedios para esconder un veneno? Ingeniería social, una vez más .

Una guía en varios capítulos breves

Para ser enteramente justo, la lógica detrás del CCleaner y otros optimizadores no está mal, pero usarlos correctamente requiere mucho más conocimiento que realizar el mantenimiento a mano; y este último método tiene la ventaja de que no vamos a romper nada por un error del software.

Por ejemplo, una de las cosas que más espacio de almacenamiento ocupa en un dispositivo móvil son las miniaturas de las fotos y los cachés. Para liberar espacio de almacenamiento, los borrás. Es lógico, ¿o no?

No tan rápido. Depende de un montón de factores. Por ejemplo, si las fotos siguen ahí, el sistema operativo va a volver crear las miniaturas. O sea que no ganaste nada. Si un programador se tomó el trabajo de escribir el código para crear un caché no es para robarte espacio de disco. Es para que Facebook o Twitter se muestren más rápido en la pantalla del celular.

Diré más. En un punto es mucho más fácil aprender los básicos del mantenimiento de tu PC, tu notebook, tu tablet y tu smartphone que dejar en manos de un software estas decisiones. Allá vamos.

Prólogo: límites operacionales

Toda maquinaria tiene límites operacionales. Pondré un ejemplo. Si te comprás una pickup y le cargás un contenedor de 30 toneladas, vas a tener un problemita. Te lo firmo.

Lo mismo ocurre con los dispositivos digitales. Lo que quieras hacer con un teléfono depende de los límites de ese teléfono, no de tus deseos ni de las pretensiones del departamento de márketing del fabricante.

La misma app que en mi nuevo smartphone arranca en dos segundos y anda a la perfección, tarda en iniciarse 45 veces más en una vieja tablet y tartamudea en cuanto se la exige un poco. En esa misma tablet, varias apps excelentes para hacer música directamente no se instalan. Son incompatibles con esa versión de Android. El sistema operativo puede verse también como un límite operacional.

En suma: no le pidas peras al olmo. Si compraste un teléfono con poca RAM y poco espacio de almacenamiento vas a poder usarlo para un número limitado de cosas; elegí las que más necesitás, y ya. Ningún software de optimización va a expandir los límites operacionales de un equipo.

Mantenimiento - Primera parte (almacenamiento)

Está bueno sacar fotos con el teléfono, ¿no? Y grabar videos. Recibir PDF, DOC, JPG, GIF y, por supuesto, más videos en WhatsApp. Y mensajes de voz. Cientos de mensajes de voz. También está bueno instalar montones y montones de apps. Pero excepto que medie algún fenómeno sobrenatural, al final el equipo va a agotar su capacidad de almacenamiento. Se llama "espacio de disco" en las notebooks y PC y "Almacenamiento" en teléfonos y tablets.

Sin ejercer cierto control, agotar el espacio de disco es inevitable, y realmente malo. Sin almacenamiento un dispositivo digital encallará, y puede hacerlo de una manera catastrófica. Eso requerirá restaurarlo al estado de fábrica; la versión moderna de formatear e instalar. No es el fin del mundo, pero se pierde tiempo y energía.

Así que, de forma regular, hay que pasar fotos y videos a una computadora (o a la nube) y despejar el dichoso WhatsApp. Como mínimo. El equipo no debería pasar del 75 u 80% de espacio de almacenamiento ocupado.

La clave en este párrafo está en la palabra regular. Cuando borramos cosas porque no queda espacio ya no es mantenimiento; es reparación. Regular quiere decir entre una vez a la semana y una vez al mes, de acuerdo a cuán intenso sea nuestro uso del equipo. Lleva media hora, máximo. Y ahorra una montaña de dolores de cabeza.

Podés hacer este mantenimiento conectando el teléfono a una PC, usando un administrador de archivos o, en ciertas versiones de Android, directamente desde los Ajustes.

Mantenimiento – Segunda parte (apps)

Nos encanta instalar docenas de apps. Pero no sólo ocupan espacio, no sólo es muy probable que además creen archivos de almacenamiento intermedio (llamados caché), sino que algunas van a poner a correr uno o más servicios en segundo plano, y eso requiere memoria RAM. Consejo que sigue siendo tan útil hoy como hace tres décadas: instalá solamente aquellos programas y apps que realmente necesites. No es ninguna mala idea revisar regularmente la lista de software instalado y quitar todo eso que sobra, que hace mil años que no usás. Los recursos informáticos fueron, son y posiblemente sigan siendo limitados durante todavía bastante tiempo.

Mantenimiento – Tercera parte (baterías)

El exceso de temperatura las daña. Tenerlas cargadas al máximo todo el tiempo las daña; y viceversa, lo mismo. ¿Cómo tratar correctamente un componente tan quisquilloso como las baterías?

Es bastante simple, en realidad. Usá el equipo y dejá que se descargue hasta que el sistema operativo te avise (en general, cuando quede 15%). Idealmente, evitá exigirle mucho al dispositivo mientras lo volvés a cargar (digamos, mientras no recaliente, está todo OK). Y desenchufá el cable cuando haya llegado al 100% o incluso un poco menos.

Las baterías de iones de litio detestan los extremos (mucho frío, mucho calor, sobrecarga, descarga extrema) y se conservan más saludables cuanto más trabajan. No tienen memoria de carga (eso es bueno), pero son perecederas. Así que sacales el jugo, es lo mejor que podés hacer para que mantengan su autonomía mucho tiempo (digamos, 2 a 3 años, y no 2 a 3 meses).

Verdad, cada tanto vamos a tener que manejar usando el GPS en un día de mucho calor y justo cuando nos quedamos con poca carga. Así que lo vamos a enchufar al USB del coche. Al cargarse, las baterías se calientan. El GPS aporta mucha temperatura. Y, además, para tener el teléfono a la vista y con buena señal de los satélites, lo pusimos en un soporte sujeto al parabrisas, donde pega el sol sin anestesia. A no asustarse. Sí, las baterías van a pasarla mal y quizá sufran un poco de daño, pero peor sería extraviarse y se supone que el teléfono está a nuestro servicio, no al revés.

Lo realmente malo es utilizar las baterías de la forma incorrecta todos los días.

Mantenimiento – Epílogo

Prometí que la guía iba a ser sencilla. Estamos cerca del final. Cuidar el espacio de disco, no pedirle peras al olmo, darle a las baterías un trato razonable y evitar instalar millones de apps. Eso alcanza. Con el paso del tiempo, claro, las apps irán pidiendo más recursos y en 2 o 3 años habrá que ir pensando en cambiar el teléfono. Eso es algo que tampoco un optimizador va a poder corregir.

Un par de observaciones más, sin embargo. Una cosa que nos enseñaron los primeros años de la informática es que la austeridad siempre es buen negocio. No le pongas 40.000 extensiones al navegador. No aceptes cualquier regalo que viene con ciertas aplicaciones (barras de búsqueda, reproductores de video, códecs, y sigue la lista). No sirven para nada y eventualmente pueden constituir un riesgo de seguridad. Es decir: mantené tu teléfono y tu notebook tan despojados como se pueda. Se pierde más rendimiento por adornos y accesorios que por funciones de verdad útiles.

Y una cosa más. Un equipo comprometido tarde o temprano exhibe problemas de rendimiento. Mirá bien de dónde viene esa app que estás por instalar. Leé los permisos. Ante la duda, buscá otra. No uses software pirateado en tu notebook; hay programas de software libre que pueden hacer lo mismo, incluso mejor. Un equipo infectado no puede corregirse con el CCleaner, no importa lo que te diga el técnico. Y está claro que la compañía Piriform, creadora del CCleaner y adquirida en julio por Avast!, no fue capaz de proteger ni sus propios servidores.

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