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Gallardo tiene una enorme facilidad para reciclarse

Diego Latorre

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LA NACION
Domingo 24 de septiembre de 2017
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Marcelo Gallardo, revolucionario siempre
Marcelo Gallardo, revolucionario siempre.

En el mundo River había más fe en la capacidad de liderazgo de Marcelo Gallardo que en el equipo en sí mismo. En un campo de juego, es cierto, puede pasar cualquier cosa. Pero la fe para dar vuelta la serie estaba más sostenida en el entrenador, por todo lo que ha hecho hasta acá; sobre todo, en el fútbol-juego. No siempre el fútbol de River había sido digno de tanta fe. No en este caso puntual, lógicamente. Siempre, con Gallardo, los equipos tuvieron una personalidad y una convicción por el triunfo muy fuertes. Lo ha sostenido en el tiempo, más allá de los vaivenes de los funcionamientos en los últimos años. El éxodo de jugadores como Driussi y Alario, más algunos defensores, como Martínez Quarta, no lo maniataron, a pesar de que había perdido gol y consistencia defensiva. Todo lleva un proceso, la adaptación, la consolidación. Y no siempre hay paciencia, aunque en River existe una suerte de idolatría por su conductor.

El liderazgo de Gallardo mantiene a todos los futbolistas alerta. A tal punto que hay una línea muy delgada entre los titulares y suplentes. Es un entrenador exigente, que vive mucho el día a día y que tiene una enorme facilidad para reciclarse y para reciclar a sus equipos. Si hoy hacemos un balance de estos tres años de Gallardo, llegamos a la conclusión de que sus equipos cambiaron mucho, sólo sobrevivieron un par de jugadores de su primera vez. Entonces, su injerencia es decisiva.

El estilo de juego se basa en pautas: la convicción, los conceptos y la táctica. Se pueden utilizar diferentes sistemas y mantener el mismo patrón de juego. Se suele caer en confusiones; entiendo que los números de teléfono son bastante descriptivos y simplifican mucho. El 4-3-3, el 4-3-1-2…, se asocia el jugar con esa táctica, y eso es un error descomunal, porque no se puede hablar de equipos sin nombres propios, no se puede hablar de equipos sin hablar de funcionamiento. En un partido, a veces atacan cuatro, tres, o apenas uno y a veces defienden dos o tres. La distribución inicial, la del punto de partida, es sólo una información.

El triunfo por 8 a 0 fue un partido memorable, uno de esos encuentros que van a quedar en el recuerdo de todos. Se dan por diferentes circunstancias: la necesidad por revertir un resultado, la claridad por entender la capacidad de los jugadores y el escenario. La lectura del entrenador para comprender la táctica y la estrategia, y un adversario, sometido, de principio a fin. Wilstermann dejó una gran enseñanza: agrupar gente atrás no garantiza un resultado, la densidad defensiva no es signo de solidez. Defender no sólo es cubrir el arco, sino que se debe tener la pelota, manejar los ritmos: todo eso también implica defender. No basta con incorporar más gente atrás. Wilstermann recorrió un buen camino, pero que acabó en una pesadilla, en el peor final.

Si hablamos de nombres propios, Nacho Fernández fue el amigo de todos. Se asoció con los de arriba, se apoyó con los de atrás, se sintió a gusto en una suerte de falso N° 9. Y lógicamente, Scocco tuvo una noche intratable; tal vez eso ocurre cuando todos tienen inspiración. Gallardo prefirió evitar los laterales y se inclinó por los extremos, que iban a tener menor recorrido, con ataques sostenidos. Auzqui y Pity Martínez convivieron en el uno contra uno, en su hábitat geográfico. En cambio, Rojas fue relevo y sostén, mientras que Enzo Pérez lideró la conducción. Ahora, el conjunto millonario se convirtió no sólo en favorito, sino que es intimidante para cualquiera.

El mejor antídoto para evitar el triunfalismo y pensar en el progreso, es enfocarse en el juego. En la antesala del encuentro contra Argentinos, Gallardo debe centralizarse en el juego, no en lo que lo rodea. Es más importante el plato principal que todo lo demás. Estamos acostumbrados en nuestro medio a darle mayor importancia a lo frívolo, se habla mucho de la cancha de Boca, por ejemplo, en el caso del seleccionado. Cosas menores, que confunden al público, temas de debate… que no lo son. River debe seguir enfocado en el juego; qué es lo que sirve y qué es lo descartable. Gallardo sabe encontrar –por habilidad, por don, por liderazgo, por conocimiento, un arma fundamental– en los jugadores su mejor versión. No lo que dicen los libros de auto ayuda, sino desde el conocimiento del juego. En la Argentina se despreció mucho al juego; creemos en lo mágico, en la superstición, que atrasa mucho y que no tiene valor.

Al creer en lo conceptual, le genera al futbolista la tensión necesaria para jugar y, a su vez, la exigencia de estar en un club tan importante. Al hablar del juego, el futbolista crece. Esa es la mejor receta para que un plantel siga compenetrado en lo esencial.

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