Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Toma de escuelas porteñas: hijos sin clases, padres angustiados

El futuro del año escolar y las peleas con otros adultos encabezan las preocupaciones de los progenitores; la medida cambió la rutina de miles de familias

Domingo 24 de septiembre de 2017
SEGUIR
LA NACION
0
Tras la marcha de anteayer, siguen tomados 28 colegios
Tras la marcha de anteayer, siguen tomados 28 colegios. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

En la casa de Silvina Laurín el aire está enrarecido. El momento de cenar se convirtió en lo contrario a un encuentro familiar. Desde hace dos semanas que Malena, de 14 años, estudiante del Instituto Lenguas Vivas, no tiene clases por las tomas de colegios. Puertas adentro, todos coinciden. "Estamos de acuerdo con el reclamo, pero no con la forma", sintetiza la madre, que es publicista.

Desde hace 15 días, la rutina es un caos. Malena se queda en casa sola todo el día. "Esta situación es insostenible a nivel familiar. No damos más", dice Laurín. Su caso no es la excepción: las tomas de los 28 colegios ya se convirtieron en un dolor de cabeza para muchos padres.

Tanto para los que están a favor como en contra la vida cotidiana se volvió un caos. Los chicos no van al colegio. Sobre todo los que no participan de la toma están todo el día en sus casas o en la calle tratando de buscan algo para matar el tiempo. Mientras, los celulares de los chicos y de los padres no paran de sonar. Proliferan los grupos de WhatsApp para debatir la medida, las discusiones, las arengas para que todos vayan a votar a las asambleas y los comentarios agresivos. Incluso también está el acoso por las redes sociales contra los estudiantes que votan para levantar la ocupación. También se suman los temores a quedar libre por faltas o a la imposibilidad de recuperar las materias que están en la cuerda floja.

La prolongación de la medida que los estudiantes tomaron para protestar contra la reforma educativa que impulsa el gobierno de la ciudad para el año próximo desgasta a las familias y divide a los padres. Estos últimos pendulan entre la desesperación y el apoyo y entre la idea romántica de la militancia estudiantil y el dilema cotidiano de tener un adolescente sin actividades que organicen el día.

Los teléfonos de los padres no paran de sonar hasta altas horas de la madrugada y el nivel de agresividad va en aumento. La mayoría termina por abandonar los grupos de chat. Incluso, muchos de los chicos que apoyaron las tomas en su comienzo sufrieron el desgaste y cambiaron de opinión. Si bien anteayer se votó por seguir con el reclamo, en varios colegios la diferencia de votos fue más ajustada.

"Un día fue a trabajar con el padre. Otro, lo invitó la abuela a almorzar. Se junta con los amigos, pero la mayor parte del tiempo está en su casa haciendo nada, con el teléfono en la mano. Como si estuviera de vacaciones", cuenta Marcela, madre de Francisco, estudiante de tercer año del Lenguas Vivas.

"Entro en conflicto conmigo misma todos los días. Estoy en contra de la reforma. Junto con algunos padres estamos armando un recurso de amparo para que la Justicia impida que se aplique en 2018. Pero quiero que la toma se levante. Hoy lo que más me pesa es que mi hijo no vaya al colegio y que se esté jugando su año escolar, porque tiene materias con bajas notas. Y a este ritmo no las va a poder levantar", cuenta Marcela, mientras espera en un bar de Palermo que su hijo salga de la clase particular de matemática que pagó. Y a la que, por supuesto, el adolescente fue a regañadientes.

Discusiones

"Trato de empaparme en el tema y participar, pero es desesperante sentir que te quedás afuera de las decisiones en algo tan importante como la educación de tu hijo", dice Rodrigo G., padre de un alumno de segundo año del Mariano Moreno.

El conflicto de la toma resucitó una larga discusión que habían tenido Silvina Laurín y su marido a la hora de elegir la secundaria a la que iría Malena, que venía del Euskal Echea. Ella quería que fuera a una escuela pública de alto nivel académico. Él, en cambio, insistía con la educación privada. Ahora no saben qué hacer y están buscando alternativas.

Andrea Biancardi es la madre de Jazmín, de 13 años, estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires. Ella también hizo el cambio de la escuela privada a la pública: del colegio Proyecto Sur al Buenos Aires. "En la primaria ya participaba de asambleas. Y era delegada. Desde que empezó la toma, se sumó y participó activamente. Estaba a favor de la medida. Fue todos los días pasado el mediodía y se quedaba hasta las 18. Si no volvía, la pasábamos a buscar", cuenta Biancardi. Aunque en los últimos días, sintió que ya era tiempo de terminar con la medida. La cena fue siempre el momento de hablar de lo que venía pasando en las tomas. Pero desde hace unos días los padres la notaron distinta. El jueves pasado, por primera vez no participó de la ocupación. "¿No vas a ir?", le preguntó la madre. "No, ya estoy cansada", le contestó.

"Pienso que los chicos se desgastaron. Algunos querían prolongar la toma sólo para no tener clases y dejó de tener sentido. El objetivo ya lo lograron. Visibilizaron el conflicto. Ahora, quedó en claro que para hacer una reforma de la secundaria hay que buscar participación y consenso", dice Biancardi.

"Como madre, estoy preocupada por la vulneración del derecho a estudiar de mi hijo. Es muy frustrante tener a un adolescente todo el día encerrado. Los padres están divididos y también entre los adultos hay agresión y persecución", cuenta Graciela, madre de un estudiante de 4° año de la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas de Palermo, conocida como el "Lengüitas".

"Las agresiones para los que estamos en contra son cada vez más fuertes. A los padres no nos afectan tanto como a los chicos. Porque ya empezaron a circular videos en los que los que están a favor de las tomas se burlan y ridiculizan a los que votaron que se levante. Esta situación fomenta el acoso escolar", dijo.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas