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La autoridad permite el crecimiento y el desarrollo

Domingo 24 de septiembre de 2017
PARA LA NACION
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Seguramente todos coincidimos en que para que un país progrese es indispensable la educación. Y no cualquier educación: una de calidad que no sólo brinde información a los niños, niñas y adolescentes sino fundamentalmente los forme para integrarse al mundo laboral, social, deportivo, artístico.

Estimular hábitos de integración social, de convivencia grupal, de solidaridad y cooperación y fortalecer la vinculación entre la institución educativa y la familia son algunos de los objetivos que se propone la escuela.

El camino de la educación es un camino de construcción, en el que el aprendizaje se da sobre la base de conocimientos. Esto debe darse en un ambiente de paz que necesita de la autoridad, de las normas, de los derechos y de las obligaciones, del respeto a las diferencias, de la libertad y de la responsabilidad. El aprendizaje necesita continuidad, tiempo, esfuerzo, dedicación, frustraciones y logros.

Esto último se contradice con la realidad que hoy estamos viviendo de colegios tomados, de adultos y jóvenes enfrentados porque en la supuesta defensa de un derecho se viola ese mismo derecho que es nada menos que la educación.

La suspensión de clases, la imposibilidad de asistir a las aulas, de interactuar con los profesores y con los compañeros, de estudiar, leer, reflexionar, pensar, atenta contra el futuro de nuestros chicos.

Se hace muy difícil el diálogo en la comunidad cuando hay enfrentamiento y desinformación. Esto produce enemistad y va en contra del bien común. Tomar una escuela, un edificio público, una calle porque no me gusta o no estoy de acuerdo no es un método que debemos avalar los adultos.

¿Qué debemos hacer los padres entonces? Debemos comprometernos con el futuro de nuestros hijos dando el ejemplo. No naturalizando lo que está mal, porque nos fuimos acostumbrando, porque nos corrimos del lugar de autoridad. Los padres debemos comprender que el ejercicio de la autoridad permite el crecimiento y el sano desarrollo; que el límite es un ordenador, un marco, una barrera que contiene, guía, previene y protege.

La presencia del límite es necesaria e imprescindible porque permite la estructuración psíquica, el desarrollo de la identidad, la adaptación social a un mundo limitado y sobre todo la tolerancia a la frustración.

La primera gran reforma educativa que debemos hacer los padres, el Estado, los adultos en general es que somos capaces de construir hacia el futuro con herramientas de paz, de diálogo, de comunicación, de encuentro y sobre todo de conocimiento. Nuestros hijos deben ver ese ejemplo.

La autora es directora ejecutiva de la Fundación Padres

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