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Sentite en otras tierras

Somos un país fértil en distintas culturas, y por suerte nos encargamos de homenajearlas a todas: planes, restaurantes y experiencias para disfrutar siendo parte del encanto de otras colectividades (o para poner orgullosos a nuestros antepasados)

Domingo 24 de septiembre de 2017 • 17:08
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Las distintas colectividades del mundo tienen buena representación en Argentina
Las distintas colectividades del mundo tienen buena representación en Argentina.

Es una frase recurrente de los libros de historia: Argentina es un "crisol de razas". De puertas abiertas a los inmigrantes desde hace más de un siglo, hoy quienes componen nuestra sociedad ostentan las combinaciones de sangre más variopintas. Desde los italianos y españoles hasta los coreanos y peruanos, pasando por muchas otras nacionalidades, en nuestro país no solo parece haber lugar para todos, sino que también hay brazos abiertos para recibir las distintas representaciones de cada cultura. Por eso, he aquí un recorrido por los legados que se pueden disfrutar gracias a todas las colectividades que nos conforman. Un plan perfecto para conocer un poco más de nuestra sociedad.

Los clásicos

Es posible que sean los más extendidos. Desde 1860 en adelante (y duró con fuerza hasta 1970), masivas oleadas de italianos comenzaron a llegar al país. De hecho, Argentina posee la segunda mayor comunidad de italianos fuera de su país, y se estima que han dejado una descendencia que compone entre el 40 y el 50% de la población.

Con ellos, claro, llegaron costumbres, platos, dialectos y celebraciones. Y aunque mucho de esto se siguió manteniendo puertas adentro de las casas, hubo iniciativas que traspasaron esas fronteras. Como el Teatro Coliseo, que fue adquirido por el Gobierno de Italia en 1937 gracias a la donación del conde Felice Lora, un insigne ciudadano italiano que había construido su fortuna en Argentina y deseaba dejarle algo a la comunidad. El propósito era ubicar allí el Consulado General y la Casa de Italia, además de asociaciones de fomento y espacios para manifestaciones de la colectividad. Tras años de construcción e idas y vueltas a causa de la posguerra y la difícil economía, en 1961 el teatro abrió sus puertas donde hoy se encuentra. Desde entonces, se ha establecido y consolidado como uno de los más importantes de Buenos Aires, con gran foco en la música clásica y la ópera, tradiciones absolutas del país que le dio origen.

Pero si algo caló aún más hondo en los argentinos, fue la gastronomía traída de Italia, distribuida hoy en miles de restaurantes que la duplican a la perfección. Hasta el tano de mayor cepa se sentirá en casa probando, por ejemplo, el risotto nero di seppie que preparan en Bice, un restaurante que existe desde 1926 en Milán y que desde hace 25 años da cátedra de cocina italiana en Puerto Madero. También habrá quienes no podrán resistirse a los gnocchi de papa rellenos de mozzarella que hacen en la cantina italiana El Estanciero, o incluso a la bondiola alle prugne (en salsa de ciruelas) de Cucina D'Onore, otro restaurante especializado en cocina tana en Puerto Madero. Con cartas completas o algunas secciones, la verdad es que hasta los pequeños restaurantes de barrio realizan su pequeño homenaje. Porque, como decía la nonna, el "mangia che ti fa bene!" (comé, que te hace bien) ya es una tradición adquirida.

Quienes asimismo están muy cerca de competir en cantidad de inmigrantes aportados al país son los españoles. De hecho, fueron quienes llegaron primero, dada la conquista de Cristóbal Colón en nombre de la Corona de España. Sin embargo, su mayor arribo no fue hasta finales del siglo XIX y comienzos y mediados del XX, cuando se convirtieron en la segunda mayor comunidad europea en el país, luego de la italiana.

Entre su legado, lo más valioso es, sin duda, el idioma, pero también tuvieron enorme injerencia en la gastronomía. Como ya lo hemos mencionado en una nota de tapa anterior, el tapeo es un arte en alza que, sobre todo últimamente, ha conquistado a muchos porteños. Pero antes de esto, lugares como El Museo del Jamón supieron dar clase de manjares españoles, sabiendo hacer como nadie, por ejemplo, fideuá a la terragona, una preparación similar a la paella, pero que reemplaza el arroz por fideos y que aquí se hace con unos fritos negros a base de tinta de calamar, acompañados por langostinos y mejillones. También tiene ya su historia Laurak Bat, el restaurante del Centro Vasco que, con más de 50 años de vida (y restaurado en 2010), se da hasta el lujo de poseer el retoño más antiguo del roble de Guernica -el árbol ante el que juran su cargo en España los representantes del País Vasco-. Aquí vale la pena probar delicias como gambas al ajillo, tortilla, ranas a la provenzal, bacalao al pil pil y pulpo español.

Los (otros) europeos

En menor medida pero con fuerza en su impronta. Así llegaron a nuestro país los alemanes, otra comunidad que fue desplegando sus tradiciones a lo largo del territorio. De hecho, uno de los lugares donde más fuerza tienen sus raíces es en Córdoba, en la bucólica ciudad de Villa General Belgrano. Con arquitectura típicamente bávara, nació a manos de unas 127 familias germanas, que la convirtieron en la mayor colonia de esta población de todo el país (aunque también hubo suizos, italianos y austríacos en su creación). En un entorno serrano con bosques y abundantes arroyos, es especialmente divertido visitarla en octubre, cuando se celebra el Oktoberfest, la Fiesta Nacional de la Cerveza, en la que fluyen litros y litros de cerveza artesanal y la ciudad se viste de tradición alemana con más ahínco que nunca. Aunque para los que no tienen en carpeta viajar aún, es posible trasladarse al país germánico con un bocado de las knackwurst (salchichas) o costillas de cerdo con chucrut que ofrecen en Bodensee, un restaurante de tradición alemana en pleno Palermo.

Y otro país europeo que también tejió aquí sus redes es Francia. Como no podía ser de otra manera, su excelencia gourmet llegó pronto a nuestros lares, y lo hizo de manos tan expertas como las de Jean-Paul Bondoux, el chef a cargo del excelso restaurante La Bourgogne, que con su carácter indómito y talento mágico lleva 24 años deleitando a comensales varios. Entre otros, con platos como la merluza negra asada con texturas de hinojos y tomates confitados y el garrón de cordero braseado al vino malbec. Similar premisa despliega el restaurante Las Manzanas, en el Savoy Hotel, con cocina moderna de autor a cargo del chef ejecutivo Carlos Perillo, pero con claras reminiscencias francesas, como lo demuestran platos como el entrecôte de cordero glaseado con crema de queso azul y papines andinos asados.

De un extremo al otro

Conocer diferentes sabores, una gran forma de abrirnos al mundo
Conocer diferentes sabores, una gran forma de abrirnos al mundo.

Un poco más cerca en el mapa, una de las culturas que más inmigrantes han tenido en el último tiempo es la peruana. Y así llegó también su riquísima y muy variada gastronomía, con influencias nikkei y el reconocido chef Gastón Acurio a la cabeza de la revolución que hizo de esta cocina un boom en el mundo, pero también con otros exponentes más pequeños e igual de sabrosos. Aquí podemos disfrutar variantes que mezclan la gastronomía peruana más pura con toques de autor, como los que despliega Sipan en todos sus locales, donde se puede disfrutar, por ejemplo, del tiradito Nobu, de finas láminas de pulpo y atún rojo sobre espejo de alioli de palta bañado en aliño nikkei con crujientes tiritas de chicharrón de calamar. O de Kabayaki, un fresco filet de pesca del día sellado al grill con salsa tare y mantequilla japonesa, bañado por salsa kabayaki al anticucho, con fondo de chupe de camarón y leche de coco con champignones sobre puré de papa peruano al ajonjolí. Ambas, apenas dos muestras de la sofisticación a la que han llevado esta cocina milenaria. Aunque si se quiere probar la más tradicional, en Cocos Restó Bar se ofrecen desde los cebiches más conocidos hasta platos clásicos de esta colectividad, como el ají de gallina, el pescado a la hoja y el arroz chaufa regional amazónico.

Finalmente, una experiencia que puede hacernos sentir de recorrida por más de un país y cultura es visitar Tierra Santa. En Costanera Norte, este parque temático propone sumergirse en aquellos territorios que fueron testigos, hace más de 2000 años, de la vida y obra de Jesús. El momento de La Creación, el pesebre más grande del mundo, La Última Cena y La Resurrección serán algunos de los espectáculos que podrán contemplar chicos y grandes. "La fiel arquitectura, la ambientación a escala real y el personal vestido con atuendos típicos otorgan un marco místico al paseo", apuntan desde la organización. Para todos, entonces, será un día en el que la música de época, las comidas típicas y los artes y oficios a la vista los harán sentir que están en las calles de Jesuralén y son parte de la historia del mundo.

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