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Comprometidos con la vida

Este miércoles tendrá lugar, entre la Plaza de Mayo y el Congreso, la primera marcha nacional en defensa de las personas por nacer

Lunes 25 de septiembre de 2017

Marchan los docentes, marchan los alumnos, los trabajadores, los desempleados, los de la izquierda y los de la derecha, los del interior y los de la capital... Cientos de motivos y causas los llevan a las calles. Hay en nuestra sociedad una marcada vocación por marchar, por poner el cuerpo, como forma de expresión de un reclamo o de una adhesión colectiva que se activa y se enseñorea del espacio público convirtiéndolo en propio, incluso pasando por encima del derecho a circular de los demás.

Dentro del conjunto de los derechos de una persona, hay uno cuya defensa justifica las más encendidas expresiones y que, paradójicamente, suscita los más inconcebibles ataques. Nos referimos al derecho a la vida. Entretanto, voces como la de la diputada Victoria Donda exigen que la legalización del aborto se trate en el Congreso. Estos sectores plantean disparatadamente que la legalización de estas crueles prácticas es una deuda de la democracia para con las mujeres o que no instaurarlas atenta contra los derechos humanos, vapuleado e ideologizado argumento que sirve también a esta criminal causa. Lo que sí es cierto es que el Estado debe garantizar el derecho a la vida de todos consagrado por la Constitución y acompañar debidamente para que las mujeres puedan planificar la vida familiar, llevar a buen término su embarazo, criar dignamente a sus hijos, previendo mecanismos legales que faciliten la entrega en adopción si optaran dolorosamente por ese camino. El derecho a la vida está en juego.

Aunque suene a obviedad, sólo los vivos pueden pretender salvaguardarlo. Somos quienes hemos tenido la suerte de nacer, los únicos que podemos alzar la voz para demandar el respeto al derecho de quienes nunca podrán disfrutar del sol, de la ternura, de una rica comida, del viento en la cara o de la lluvia. Las llamadas Marchas por la Vida nacieron para defender a los más débiles, a los inocentes e indefensos cuya dignidad se menoscaba en todo el mundo con argumentos inconsistentes y egoístas. Se repiten en distintos lugares. En Roma, 40.000 personas caminaron en mayo. En Lima, se juntaron 800.000 contra una posible ley del aborto. También en decenas de países.

Entre nosotros, se vienen realizando en Rosario, pero será pasado mañana, en coincidencia con el Día de los Derechos del Niño, cuando tendrá lugar, a las 18, la Primera Marcha Nacional por la Vida, desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso. La convocatoria no es confesional y a la Iglesia Católica se adhirieron las iglesias evangélica y ortodoxa, los musulmanes y los judíos. Está claro que la propuesta es ampliamente superadora y alejada de lo partidario, pues el derecho a la vida dista de ser patrimonio exclusivo de una facción.

La iniciativa propone que todos quienes trabajan por la vida se sumen para recordar que ésta, desde el instante mismo de la concepción, con el caudal de evidencia científica que las modernas tecnologías en 3D confirman, no se discute.

Esta movilización procura darles voz a quienes no la tienen. Busca encarnar los miles de gritos silenciados en los vientres. Sumarnos será una forma de expresar una más comprometida defensa de la vida consagrada por la Constitución, en la antesala del día internacional de lucha por la despenalización del aborto. No debiéramos permanecer de brazos cruzados frente al activismo de quienes, con falaces argumentos y egoístas proclamas, quieren imponernos el derecho a cercenar la inocente vida por nacer, tan ajeno a nuestras leyes como a nuestro espíritu.

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