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Universidad Torcuato Di Tella

Todo se transforma

Arquitectura

Con el proyecto ganador de Clorindo Testa en equipo con los arquitectos Fontana, Barros Tomé y Rodrigo, el antiguo depósito de materiales de la ex Obras Sanitarias se transformará en sede universitaria

No son muchas las ocasiones en las que un proyecto responde cabalmente al espíritu y los objetivos del destinatario y, a la vez, se adapta a las condiciones del lugar y su contorno. En el caso que hoy se describe, el complejo edilicio que se convertirá en la sede de la Universidad Torcuato Di Tella, esos logros parecen próximos a ser alcanzados.

Los automovilistas que avanzan hacia el Oeste por la avenida Figueroa Alcorta, a poco de pasar el cruce con la calle Monroe, ven a su izquierda un edificio que, a pesar de sus proporciones majestuosas, aparece silencioso y abandonado. Es el antiguo depósito de materiales de la ex Obras Sanitarias de la Nación, una construcción diseñada en los años cuarenta por el ingeniero Duranti, que exhibe un llamativo esqueleto de hormigón armado, con columnas tipo hongo, sin vigas.

Para optar por la adquisición de esta propiedad, la Universidad Torcuato Di Tella preparó un cuidadoso programa de necesidades que dio origen al proyecto presentado al concurso de ofertas (junto con otras tres propuestas, todas de carácter universitario), diseñado por el arquitecto Clorindo Testa en equipo con los arquitectos Juan Fontana, Juan José Barros Tomé y Horacio Rodrigo.

El doctor Gerardo della Paolera, rector de la UTDT, se explaya en torno de la idea de campus, esa atmósfera particular que involucra a sus habitantes en un objetivo común, ese espacio acotado y libre a la vez en el que se estimula la búsqueda del saber y el ansia de libertad.

Conviene aclarar que la universidad que delinea con tanta precisión su continente edilicio tuvo su nacimiento formal en septiembre de 1991, hace menos de siete años. Las primeras clases se dictaron el 11 de marzo de 1992, con un total de tres profesores-investigadores de tiempo completo y 58 estudiantes.

Hoy asisten a las aulas cerca de 800 estudiantes, 639 en las cinco carreras de grado y 150 en los tres posgrados. Hay 36 académicos de tiempo completo, 10 investigadores ídem y 25 profesores visitantes.

Con un criterio análogo, la UTDT y los arquitectos encararon la resolución del Proyecto Alcorta como una propuesta urbana de perfil académico integrada en el barrio residencial y en el parque circundante.

El OSN, de la UTDT

El conjunto edilicio que conforma la vieja sede de OSN se integra con el cuerpo principal que mira a la avenida Figueroa Alcorta y tres construcciones más bajas que forman un gran patio interior (el futuro claustro). Los arquitectos, ante las estipulaciones municipales que limitan el así llamado frente interno, decidieron ahuecar una parte de ese rectángulo que mira hacia la plaza contigua, abriendo así el futuro claustro al espacio verde público.

Se mantiene de ese modo la imagen del claustro universitario al tiempo que se conecta el mismo con la actividad comunitaria que tiene como escenario a la plaza.

El edificio principal se mantiene casi sin cambios -con toques a lo Testa- y conservará el ventanamiento existente así como los espacios interiores que modula la vigorosa estructura de grandes columnas de hormigón. Los arquitectos destacan que se destinarán los niveles inferiores a las actividades que movilizan gran número de personas y los pisos altos, a las aulas y a los investigadores, cuyos despachos se sitúan en el tercer nivel, con vistas al denso follaje del contorno.

En el cuarto piso, rodeado de terrazas, se localizan los despachos del presidente, el rector y los directores de departamentos junto con un comedor, que también se expande hacia el exterior.

El gran hall, que tiene en la actualidad un espacio de gran altura, está flanqueado a ambos lados por las circulaciones verticales (ascensores y escaleras) y estará surcado por pasarelas metálicas que comunicarán, a nivel entrepiso y primer piso, las dos alas y el auditorio. De esta manera, al ingresar en el ámbito arquitectónico de la Universidad, el visitante percibe la fisonomía que le es propia: ésa que se expresa mediante de una búsqueda permanente con un alto espíritu creativo.

Como ya se dijo, el que fuera edificio-depósito de Obras Sanitarias se conserva casi intocado. Sin embargo, una vez concluidas las obras para la Universidad Torcuato Di Tella, el conjunto adquirirá un rostro por completo diverso.

A los agregados formales (las orejas que se adosan al frente corto que da a la calle Sáenz Valiente, el auditorio y la cafetería en el gran patio claustral, y las construcciones sobre la azotea) se agrega el tratamiento cromático, un recurso muy caro al lenguaje expresivo de Clorindo Testa, que le dará al conjunto un atractivo singular.

Un lenguaje, por otra parte que no hace más que revivir los lazos que remontan a las raíces -muy presentes en el pensamiento de Testa- de aquel laboratorio de creatividad y fantasía prospectiva que fue el Instituto Di Tella.

Un impulso que tiene historia

Como ya pasaron más de tres décadas, para muchos puede ser sólo una referencia histórica. Pero es muchísimo más para artistas como Clorindo Testa, quienes conservan del Instituto Di Tella un contenido fecundo y generador de imágenes multiplicadoras.

En Florida 936 hubo primero un show-room de Siambretta, un vehículo que hacía furor en los fines de la década del 50. En ese predio, adecuadamente acondicionado, sentó raíces una entidad, el Instituto Di Tella, que con la conducción del profesor Jorge Romero Brest hizo época en el arte y la cultura de Buenos Aires y el país todo.

Y tiene razón Testa cuando ve un claro cordón umbilical entre aquella entidad fundada hace 40 años "para promover el estudio y la investigación de alto nivel en cuanto atañe al desarrollo científico, cultural y artístico del país" y esta Universidad sólida e innovadora que imagina ya su nueva sede. .

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