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La líder que domina el arte de permanecer en el mismo lugar

Luisa Corradini

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LA NACION
Lunes 25 de septiembre de 2017

BERLÍN.- Hay que rendir homenaje a su pasión por las matemáticas y comenzar por las cifras. En 12 años, la demócrata-cristiana Angela Merkel conoció cinco líderes del partido socialdemócrata (SPD), tres presidentes norteamericanos, cuatro presidentes franceses, cuatro primeros ministros británicos y cinco primeros ministros griegos. Y ella, a los 63 años, sigue en el mismo lugar. Incluso para Alemania, su longevidad política es excepcional, sobre todo para una mujer.

Por lo demás, todo es relativo en ella. La canciller alemana domina el arte de las medias tintas. Pertenece a la derecha, pero practica una política de centro. Conservadora, fue capaz de introducir el salario mínimo y el matrimonio gay, si bien ella misma votó en contra. Es un símbolo para las mujeres, pero nunca fue feminista. Es una estratega hábil y una táctica "genialmente maquiavélica", como asegura la periodista Marion van Renterghem, que acaba de consagrarle una biografía.

Merkel es una dirigente sin ideología, pero con valores, como lo demostró durante la crisis de los refugiados en 2015. También es un misterio. Sus contactos con la prensa son escasos y distribuye sus entrevistas con tanta parsimonia que el periódico de izquierda berlinés Die Tageszeitung (TAZ) tuvo que esperar cuatro años para obtenerla.

Su aparente sencillez fascina y ella la sabe explotar. En vísperas de elecciones, reaparecen las anécdotas sobre esa mujer simple, una ciudadana más entre 80 millones de alemanes, que conservó el apellido de su primer marido, pero está casada con el discreto científico Joachim Sauer.

Ambos llevan una existencia banal en un simple departamento del corazón de Berlín. Ella misma prepara sopa de papas, mientras pilotea por SMS no sólo su país, sino también Europa. Sus vecinos berlineses afirman que no es raro verla en el supermercado del barrio haciendo sus propias compras.

Merkel lleva siempre la misma ropa y nunca cambia de corte de pelo. Algunos la critican, muchos otros la admiran. En una Alemania próspera, primera potencia económica de Europa, la canciller demuestra así que no despilfarra el dinero del contribuyente y ofrece a sus conciudadanos la imagen de una dirigente estable, en un mundo imprevisible.

Los líderes extranjeros le suelen reprochar su vacilación, sobre todo en períodos de crisis, como durante el terremoto financiero de 2008. Poco impulsiva, es verdad, Merkel supo responder siempre a las expectativas de los alemanes, a riesgo de cambiar de opinión después. "Merkel se ve menos como la líder que lleva a los alemanes hacia una dirección que como quien los encarna", afirma Michaela Wiegel, periodista del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Pero también sabe ser fiel a sus principios. Hija de un pastor protestante, sus años en Alemania del Este le enseñaron a detestar muros y barreras que separan a los hombres. Su "¡podemos hacerlo!" en 2015 marcó las memorias. Lo pronunció cuando decenas de miles de sirios escapaban de la guerra e intentaban entrar en Alemania, a pesar de la feroz oposición de amigos y enemigos.

El cuadro no estaría completo sin advertir que, detrás de esa sonrisa beata, se esconde un implacable killer político. Una cualidad que pasó inadvertida a su predecesor y mentor, Helmut Kohl, canciller de 1982 a 1998, que terminó pagándolo cuando su pupila exigió al partido, en 1999, que "se deshiciera de su viejo líder". Todos conocen lasuite: Merkel dirige la CDU desde hace 17 años.

Merkel es, en todo caso, un ícono internacional. Cuando el instituto Pew Research Centre preguntó a ciudadanos de 37 países su opinión sobre varios líderes del planeta, ella apareció como la dirigente que despierta más confianza. Ante la incoherencia actual de Estados Unidos, el aislacionismo británico y una Francia liderada por un joven y desconocido presidente, la canciller alemana apareció como el líder de facto de Occidente.

La exigencia parece exagerada. Alemania tiene una sólida economía y una canciller extremadamente profesional. Pero tanto el país como ella siguen dependiendo de Estados Unidos para su defensa, aun cuando Merkel no dude en hacer frente a Donald Trump cuando le parece necesario.

"Merkel sabe que tendrá que arreglárselas con un mundo sin líder, pero tampoco está preparada para transformarse en la guía del mundo libre", asegura Ian Bremmer, del Grupo Eurasia.

Acostumbrada a reflexionar como una científica, suele decir que Alemania y el resto de Europa son cada vez más pequeños y relativamente pobres comparados con el resto del mundo. Pero tal vez se trate sólo de coquetería. Por el momento, la canciller se muestra dispuesta a hacer frente a los múltiples desafíos que le plantea su nuevo mandato. Y, hasta nuevo aviso, a asumir su papel de primera dirigente de Europa e incluso de mujer más poderosa del mundo.

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