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Messi vuelve a recordar qué dura es la vida de sus rivales

Domingo 24 de septiembre de 2017 • 23:00
PARA LA NACION
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Foto: Archivo

Nadie piensa ahora en el feroz agosto que atravesó el Barça , sometido a l enorme descrédito que significó la pérdida de Neymar. Cuando el París Saint Germain (PSG), un club con poca historia y muchos petrodólares, pagó los 222 millones de euros estipulados en la cláusula rescisión de contrato del jugador brasileño, se interpretó como el inicio de una nueva en el fútbol y el final del periodo más brillante en la historia del equipo catalán. Pocos días después, el Real Madrid destrozaba al Barça en la Supercopa de España. Se habló tan bien del Real Madrid y tan mal del Barcelona que la hinchada catalana asumió la temporada como un funeral. “Por primera vez me he sentido inferior al Madrid”, dijo Gerard Piqué . “Necesitamos fichajes”, declaró Sergio Busquets después del segundo partido. Sin embargo, los pronósticos no se han cumplido. Conducido por una de las mejores versiones que se han visto de Messi , y se han visto versiones excepcionales, el Barça ha ganado los seis partidos de Liga y ha obtenido siete puntos de ventaja sobre el Real Madrid, donde nadie acaba de entender los motivos de su temprana crisis.

Durante los días que siguieron a la marcha de Neymar , se abrió un gran interrogante con respecto a Messi. ¿Cómo asumiría la ausencia del brasileño en un periodo de envejecimiento del equipo? La opinión pública se refería al Real Madrid, campeón de Liga y de la Champions League, como el nuevo equipo hegemónico en España y probablemente en Europa. Hasta los más veteranos calificaban la plantilla del Madrid como la más brillante de su historia. Nadie se preocupó después de los traspasos de Morata al Chelsea (80 millones de euros) y Danilo al Manchester City (30 millones), la cesión del colombiano James al Bayern de Múnich y el ingreso del fenomenal Pepe en el Besiktas de Estambul. Al Madrid le sobraban jugadorazos.

Al contrario que en el Real Madrid, la situación del Barça se volvió casi insostenible. Se inició una campaña para derribar al presidente Bartomeu y se recibieron sin ningún entusiasmo los fichajes de Semedo, lateral portugués, Paulinho, sólido centrocampista con pocas posibilidades de enamorar a la hinchada, y el joven Dembelé, extremo francés con unas condiciones ideales para triunfar en el fútbol, pero con muy poca trayectoria en el ámbito internacional. Se habló de un Barça decaído, sin una plantilla competente, dos o tres peldaños más abajo en la escala del fútbol internacional.

La única satisfacción era la presencia de Messi, aunque ese dato también resultaba discutible. De repente, entraron dudas sobre la renovación del contrato de Messi, muy poco amigo de convertir sus decisiones profesionales en un circo mediático. ¿Por qué no firma Messi su contrato con el Barça? Esa fue la pregunta más recurrente del verano, pero Messi no despejó dudas. Ni se hizo, ni se ha hecho todavía, la fotografía oficial de la renovación. Sin embargo, no tuvo inconveniente en fotografiarse con Neymar el mismo día que el Barça demandaba en los tribunales al jugador brasileño.

Con un Barça disminuido por la veteranía de varias de sus viejas estrellas, sólo le faltaba la indolente respuesta del genio argentino, un hombre que acostumbra a explicarse en el campo. La respuesta de Messi ha sido de tal calibre que ha colocado al Barça al frente de la Liga. Ha ganado los seis partidos disputados hasta ahora y gobierna el campeonato con una considerable ventaja sobre el Madrid.

Se dice que Messi no es feliz con las decisiones de los directivos. No encuentra tiempo para ellos. Sin embargo, ha encontrado la respuesta perfecta para los rivales que encuentra en la Liga española. Los ha destrozado con sus goles. Ha marcado nueve en seis partidos y ha añadido ocho remates al palo. Los adversarios le temen como en sus mejores días. El sábado, Maffeo, el joven lateral derecho del Girona, le siguió como una sombra por todo el campo, una marca individual tan en desuso en España que parecía perdida en la historia. Messi no marcó ninguno de los tres goles del Barça, pero quedó claro que el equipo le necesitaba menos que en las jornadas anteriores.

Cualquiera que sea su opinión sobre el presidente y los directivos del Barça, Messi mantiene su condición de mejor jugador del mundo. Apenas sonríe, no habla con la prensa y su rostro apenas emite señales. Es un rostro impenetrable. Su avalancha goleadora ha encontrado desprevenido al fútbol español. Se empezaba a hablar en las redes sociales de su declive, acelerado por el fracaso del Barça en el mercado de fichajes. Se temía un Messi fastidiado y deprimido. Se había marchado su sucesor y se mantenían todos los fichajes que habían fracasado en los dos anteriores: Arda Turan, Aleix Vidal, Digne, André Gomes y Paco Alcácer.

Messi ha desmentido a los agoreros. Con una profesionalidad extraordinaria y los recursos que la caracterizan, ha marcado más goles que nadie en el campeonato, ha dirigido al equipo en las seis victorias consecutivas y ha asombrado en su reencuentro con la Juventus de Turín, el equipo que despachó al Barça en los cuartos de final de la Champions League. Messi le clavó tres goles a Buffon en el Camp Nou. De paso compró tiempo para la directiva, ahora tranquila con las victorias, y le ha recordado al Real Madrid lo dura que es la vida con Messi enfrente.

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