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Roger Federer: "Mi rivalidad con Nadal es parte de lo que más me gusta del tenis"

El número dos del mundo es el cerebro detrás de la Copa Laver, nuevo hito en el calendario anual; lanzado a la lucha por el número uno con 36 años, el suizo habla de su gran rivalidad con Nadal

Lunes 25 de septiembre de 2017
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Foto: AFP

PRAGA - Las imágenes del sábado llegaron a lo más profundo del alma de los amantes del tenis y del deporte en general: Roger Federer y Rafael Nadal del mismo lado de la red, divertidos y serios a la vez, cómplices en todo momento. ¿Del mismo lado de la red? Sí, por primera vez en la historia jugaron un partido de dobles completo formando como pareja, y el impacto fue tremendo. La Copa Laver, motorizada por el propio Federer, lo hizo posible, y en una entrevista con LA NACION, el suizo explica por qué se decidió a impulsar un torneo que recuerda a la Copa Ryder de golf y qué es lo que siente estando del mismo lado que Nadal, su némesis en una rivalidad que es ya histórica, aunque siga viva como nunca en este 2017. "Nuestra rivalidad es parte de lo que más me gusta en el tenis", aseguró el ocho veces campeón de Wimbledon.

Entre Federer y Nadal existe una especie de relación amor-odio, esa sensación de no poder prescindir del otro y al mismo tiempo desear secretamente que nunca hubiese nacido. Sus recorridos y sus carreras están tan íntimamente ligados, que ese cara a cara generó un célebre hashtag del tenis: #Fedal.

El destino común del suizo y el español quedó sellado en Miami aquel día de 2004 en que el joven mallorquín, con su timidez a cuestas pero con un top spin tremendamente afilado, tuvo la osadía de clavarle un 6-3 6-3 a un Federer ya cómodamente instalado en la cima del tenis mundial. Trece años más tarde, su rivalidad se convirtió en una de las más bellas de la historia del tenis y del deporte en general. En Praga, sede de la primera edición de la Copa Laver, Federer y Nadal fueron las estrellas indiscutibles. Y al igual que en octubre del año pasado, en la inauguración de la Academia de Nadal, su complicidad es sincera.

-¿Qué significa para usted hacer equipo con Rafael Nadal?

- La sensación es muy diferente a todo lo que hayamos vivido hasta ahora. Ya lo siento. Estoy feliz de poder pasar tiempo con él. Compartimos todas las comidas del día, junto al resto de los jugadores de nuestro equipo, por supuesto, y el intercambio es enorme. A la hora de entrenar también es distinto. Cuando uno entrena con los otros de su equipo, casi que se pone contento cuando te ganan, porque eso quiere decir que están en forma. Normalmente, a uno no le gusta perder. Pero acá trabajamos de manera colegiada. Si Rafa u otro jugador prefiere entrenar a determinada hora, le cedo el lugar. Son pequeñas cosas que en el circuito no pasan, porque uno piensa primero en sí mismo, y uno quiere elegir sus horarios y ganar todos los partidos de práctica. Pasar una semana así, en grupo, con Rafa y los otros, casi todos del top 10, es muy especial. Está muy bueno y es enriquecedor. Estamos a full. Todos quieren ganar y con Rafa hablamos muchos de táctica. Eso me demuestra que el concepto de la Copa Laver está funcionando.

- ¿Cómo describiría su relación con Nadal?

- Evolucionó. Al principio, él era muy tímido y muy respetuoso con los jugadores del top 10, y sobre todo conmigo, porque era el número 1. Después, con el tiempo, su personalidad se fue afirmando y empezó a tener opiniones propias. Fue interesante verlo crecer hasta convertirse en el campeón que es actualmente. Tuvimos batallas difíciles y dolorosas en la cancha, también tuvimos nuestras divergencias, pero siempre hubo un enorme respeto entre nosotros. Compartimos tantos momentos fuertes dentro y fuera de la cancha que establecimos una forma de amistad. Más envejecemos y más me doy cuenta de la importancia que tuvo Rafa en mi carrera. Será para siempre mi máximo rival. Y si bien cuando él llegó yo ya era el número uno, fue él el que me ayudo a progresar y a ser mejor jugador. Y al mismo tiempo, me digo que si el no existiera, yo tal vez habría logrado muchas más cosas... (se ríe). Me gusta cuando podemos pasar un poco de tiempo juntos, comer juntos y hablar de lo contentos que estamos de vernos. Pero en otra época era más bien "¡Ay, no! ¡Otra vez éste!". No hay que olvidar que hubo una época en que nos enfrentábamos casi todos los domingos. Tal vez la presencia de Rafa sea una motivación extra en mi carrera. Nuestra rivalidad es parte de lo que más me gusta del tenis. Su juego y mi juego se complementan bien.

- Justamente, ¿de qué se alimenta esa rivalidad?

- De una oposición de estilos y de personalidades. Nuestros épicos combates en cinco sets. Mis recuerdos más intensos, por más que sean partidos que perdí, son la final de Wimbledon 2008 y la final del Abierto de Australia 2009, probablemente nuestro partido más logrado. Todos y cada uno de los partidos fueron transformando esa rivalidad el algo único. Nunca en mi vida vi a alguien con un top spin más potente y un juego más intenso que Rafa. Cuando entreno, me esfuerzo por progresar y por ajustar mi juego para honrar nuestra rivalidad. Es muy grande la diferencia entre los partidos que disputamos en torneo, como en Australia este año, y los partidos para una promoción, o para su Fundación o la mía, o acá en Praga. Los dos nos damos cuenta de que nos comportamos de manera muy diferente en esas ocasiones. No uno respecto del otro, sino en la actitud general. Los dos sabemos pasar de un modo a otro con gran facilidad, y ese es nuestro punto fuerte. En la cancha estamos super concentrados, pero no bien ponemos un pie afuera, cambiamos. Los dos tenemos ese equilibrio, y esa pasión. Ambos amamos jugar al tenis y ambos lo hacemos por buenas razones. Por eso nos alegramos el uno por el otro, felices de poder encontrarnos acá, los dos, en el más alto nivel. Y cuando nos enfrentamos, sabemos que es algo importante para el deporte y tratamos de darlo todo.

- Cuando se vieron en octubre pasado en Manacor, ¿se imaginaron que su rivalidad volvería a alcanzar este nivel?

- Nunca pensé que pelearíamos por el número uno, y menos todavía que nos íbamos a repartir los cuatro Grand Slam. Ciertamente hace un año las cosas eran bien distintas... (se ríe). Incluso sin esos resultados, nuestra rivalidad existiría igual, pero es cierto que la hacen todavía más hermosa, y también es muy especial haber podido hacer equipo acá en Praga. Rafa fue el primero en confirmar su presencia en la Copa Laver. Se lo agradezco mucho. Y sé que la expectativa era inmensa, aunque ninguno de los dos juegue dobles demasiado seguido.

- ¿No siente que la dupla de ustedes fue la fuerza de esta Copa Laver?

- Lo más divertido fue estar en el mismo equipo. ¡A eso llega nuestra rivalidad! Una rivalidad que también cultivan mis fans. Así que todos tuvieron que ponerse del mismo lado de la platea... ¡Muy interesante de ver! Creo que para todo el mundo era excitante verme apoyar a Rafa desde el banco o vernos jugar en dobles.

- Pero a partir de hoy retoman la lucha por el número 1, esto no para...

- El número uno quedó relegado a un segundo plano porque en términos de puntos, Nadal otra vez me lleva mucha ventaja. Y no está mal que sea así, porque de paso yo puedo concentrarme en mi propio ritmo y jugar cuando esté listo. La idea es jugar en Shanghai y ganar. También espero poder hacer algo en Basilea, que siempre es importante para mí. París viene justo a continuación y todavía está en duda, porque mi prioridad es Basilea. Y por supuesto que idealmente mi intención es preparame para el Masters de la ATP en Londres.

- La Copa Laver es su torneo. ¿Estuvo acá sobre todo como jugador o como empresario?

- No me veo ni como empresario ni como anfitrión. Soy ante todo un tenista. El formato del torneo no es idea mía y jamás imaginé la dimensión que alcanzaría. La similitud con la Copa Ryder de golf fue idea de Tony Godsick, mi representante. Yo algo sabía de golf, pero no tenía noción de que podía ser tan intenso y emocionante. Por supuesto que Tony me consultó. Yo sé lo que es mejor para los jugadores y lo que quieren los fans, así que me asesoré y opiné sobre esos temas. También por eso llegué a Praga un poco antes del inicio del torneo, para ver qué faltaba organizar. No me considero en absoluto un empresario, pero para mí es importante que el torneo salga bien, porque es algo muy cercano a mi corazón.

- ¿Por qué una cancha de superficie negra?

- No fue idea mía sino de los organizadores del torneo. Ellos querían algo único y diferente, y después de varios ensayos y pruebas -los primeros colores probados no funcionaban, sobre todo en televisión-, encontraron el tono justo de negro. Al principio era un poco raro, pero después de dos o tres prácticas nos acostumbramos. Y la verdad que me pareció minimalista y muy elegante.

- Bjorn Borg, capitán de su equipo, el Team Europa, ¿fue uno de sus ídolos?

- Bjorn siempre fue para mí como Michael Jordan. Nunca lo vi jugar pero sé lo que representa para nuestro deporte. Y como rara vez se muestra públicamente, está rodeado de un halo de misterio. Al que escuché mucho hablar de Bjorn es a mi antiguo entrenador sueco Peter Lundgren, y tenemos buen contacto con él. Así que efectivamente, Bjorn ocupa un lugar relevante en la categoría de mis ídolos.

Traducción de Jaime Arrambide

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