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Durante años vivió en piloto automático, hasta que se desprendió de todo

Martes 26 de septiembre de 2017 • 00:40
LA NACION
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Alejandra en Gomukasana con Angeli Mudra en Copacabana
Alejandra en Gomukasana con Angeli Mudra en Copacabana.

“Que mi vida tenga sentido y vivir conectada con mi corazón era lo que siempre había deseado, pero no podía lograrlo”, cuenta Alejandra antes de resumir cómo llegó a desprenderse de todo para poder descubrir su amor por el Yoga y conectarse con ella misma.

Su primera vida

Al terminar la escuela secundaria en La Carlota, Alejandra se instaló en la capital de Córdoba para estudiar la carrera de Contador. Tenía facilidad con los números y si bien varias veces dudó cambiarse a Inglés o Psicología, obtuvo su título universitario en tiempo y forma.

En ese momento comenzó su vida laboral. Primero, consiguió una pasantía en una empresa y luego de algunos cambios entró en una de las multinacionales más grandes del país. Para ocupar esa posición debió mudarse a un pueblito del interior de Córdoba, lejos de sus afectos pero con un horizonte profesional prometedor.

A los dos meses de aceptar el trabajo se enfermó de Hepatitis y tuvo que estar tres meses en cama. “Mi cuerpo se manifestaba para que yo hiciera caso a algo que no estaba pudiendo ver: conectarme con mi corazón y hacer aquello que me permitiera tener una vida plena”, reflexiona Alejandra. Pero luego de la licencia se reincorporó como si nada hubiera pasado y permaneció tres años más en esa compañía para después pasar a otra y otra más. No había tiempo de hacer pausas si uno quería ascender. Además, el piloto automático era el camino más fácil.

Finalmente, en un nuevo puesto y con 25 personas a cargo, una diferencia con su jefe la llevó a tomar la decisión de renunciar de un día para el otro.

Los últimos años, en búsqueda de la conexión introspectiva que tanto buscaba, había empezado a practicar Yoga, a hacer un trabajo de sanación y hasta había iniciado el Instructorado de Yoga

Su renacer

Habiendo renunciado a su trabajo decidió perseguir un sueño que hace años le daba vueltas en la cabeza: conocer India.

“Sin planes, estaba cumpliendo un sueño guiada simplemente con mi corazón. India te enseña en cada rinconcito y a cada segundo, es verdaderamente grandioso. Luego de visitar New Delhi, Agra, Jaipur y Puskar, pisé el lugar más esperado: Rishikesh, capital mundial del yoga”, cuenta Alejandra.

Con sus maestros del Instructorado en India
Con sus maestros del Instructorado en India.

Sin embargo, no fue tan sencillo cortar con el piloto automático y le costó bastante desprenderse del vertiginoso ritmo del mundo occidental.

Conocer India no sólo le regaló bienestar, sino que allí conoció a su mejor maestro, su gran amor: Paulo, un yogi con más de 30 años de práctica y estudio, que viaja cada año a la India para seguir formándose y aprendiendo. La primera vez que la vio le preguntó a dónde quería llegar corriendo de un lugar a otro. Esa pregunta fue la bisagra que la llevó a conectarse, bajar el ritmo para empezar a disfrutar, sin preocuparse por el futuro “ya que lo único que existe es el momento presente y de la única empresa de la que me tenía que ocupar era de mi misma”.

En Paulo vio y sintió todo lo que, de a poco, le venía enseñando el Yoga. Era un hombre coherente en su sentir, actuar y decir. Después de un mes de introspección regreso a su Córdoba natal, pero transformada. Dispuesta a empezar de cero, dedicada a la práctica diaria de Yoga, a vivir el presente.

El presente y nada más

A fines del año pasado Alejandra renunció a su trabajo, vendió sus cosas, alquiló su departamento y se fue con su pareja a la India e Indonesia a estudiar Yoga y Ayurveda. Como Paulo es carioca, al regresar de ese viaje ambos se instalaron en Río de Janeiro.

Hoy Alejandra reparte sus días entre las clases particulares que dicta de yoga y su práctica individual de esa disciplina. Se siente más conectada consigo misma y vive rodeada de naturaleza. Luego de pasar por esta experiencia y este cambio de vida dice que “hay que saber escucharnos, soltar y dejar ir, para que aparezca lo que resuena con nuestro corazón”.

Sirshasana en la Bahia do Flamengo con Pao de Acucar de Fonfo
Sirshasana en la Bahia do Flamengo con Pao de Acucar de Fonfo.

La voz del especialista

Beatriz Goyoaga, es instructora de meditación y de técnicas de respiración desde hace 20 años. En este audio cuenta cómo la meditación nos puede ayudar a alcanzar un mayor bienestar. Escuchala haciendo click acá.

Si viviste alguna una experiencia que mejoró tu bienestar y calidad de vida y querés compartirla en esta columna, escribí a Bienestarlanacion@gmail.com con todos los datos que te pedimos acá.

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