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Un veterano y una novata, el dúo que resucitó un fantasma

Luisa Corradini

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LA NACION
Martes 26 de septiembre de 2017

BERLÍN.- Anteayer, un rayo fulminó a Alemania. Después de aparecer en el paisaje político del país hace sólo cuatro años, la AfD (Alternative für Deutschland) se convirtió en la tercera fuerza política del país, al obtener 12,6% de los votos en las elecciones legislativas.

El movimiento de extrema derecha, xenófobo y antieuropeo, que espera así llevar 94 diputados al Bundestag, confió su campaña a un dúo que fue capaz de lograr un triunfo que nadie imaginaba hacía unos meses. Por un lado, el experimentado Alexander Gauland, de 76 años. Por el otro, la novicia Alice Weidel, de 38.

Escogida en abril para defender los colores del partido, desconocida del público hasta ese momento, la candidata supo imponer su estilo. Delgada, atractiva, eternamente vestida con ambo negro y camisa blanca, esa rubia de grandes ojos verdes logró posicionarse como la garante de una línea anti-Merkel, antiislam y anti-Europa.

"Estamos aquí para quedarnos", repitió ayer por la mañana en conferencia de prensa en Berlín, calificando el resultado de "extraordinario". Minutos antes, la AfD había vivido un auténtico terremoto cuando la colíder del partido, Frauke Petry, anunció delante de la prensa que, por profundas diferencias ideológicas con la dirección de la formación, no integraría el futuro grupo parlamentario en el Bundestag.

A diferencia del resto de sus correligionarios, presas del estupor, Weidel declaró imperturbable: "Petry debe renunciar a la AfD, antes de causarle más daños".

El dúo que forma Weidel con Alexander Gauland está bien acoplado. Verdadero patrón de la AfD, el hombre es un ex miembro de la democracia cristiana que no retrocede jamás ante la posibilidad de lanzar una provocación verbal destinada a fortalecer las convicciones de sus partidarios.

Gauland sugirió, por ejemplo, "deportar a Anatolia" a un ministro germano-turco y declaró que los alemanes "tienen derecho de estar orgullosos de la actuación de sus soldados durante la Segunda Guerra Mundial", provocando un escándalo gigantesco en el país, donde todos los gobiernos, desde el fin de la guerra, condujeron una política de arrepentimiento por los crímenes del III Reich.

En un país donde la política se practica con moderación y respeto, el domingo último Gauland lanzó un nuevo exabrupto al anunciar, después de conocidos los resultados, que la AfD "partía a la cacería de Angela Merkel". "Recuperaremos nuestro país y se lo devolveremos a los alemanes", agregó.

Alice Weidel, por su parte, tiene un discurso más controlado. Economista de carrera, reconocida por su inteligencia, trabajó durante años como ejecutiva en el banco de negocios Goldman Sachs.

-¿Qué piensa de los excesos de lenguaje de su compañero de fórmula? -le preguntaron ayer.

-Es una cuestión de gusto respondió inmutable.

-¿La AfD es un partido de extrema derecha?

Legalmente, nadie tiene derecho de designarnos así dijo, apoyándose en una decisión de la justicia alemana. Es una etiqueta destinada a ahuyentar a nuestros electores.

El perfil de Alice Weidel sorprende en el paisaje político del populismo alemán. La dirigente es gay asumida y está instalada en Suiza con su pareja, una directora de cine de origen srilankés, con quien tiene dos niños pequeños, adoptados por ambas. Una curiosidad, si se piensa que su partido se opone totalmente al matrimonio homosexual, a la adopción de niños por parejas del mismo sexo y es abiertamente xenófobo.

Por eso, cuando se le pregunta si es racista, Weidel responde que es una interrogación "idiota": "Estamos a favor de una inmigración calificada", precisa. La semana pasada, terminó por reconocer que, "a simple vista, la AfD no parece la mejor puerta para golpear cuando se trata de los derechos homosexuales".

"En todo caso agrega, no tiene sentido debatir sobre esos derechos en este momento, cuando millones de musulmanes para quienes la homosexualidad es un crimen llegan ilegalmente a Alemania y amenazan nuestra libertad."

En la AfD, Alice Weidel representa, sin embargo, el ala moderada. Nacida en una familia burguesa de Renania del Norte-Westfalia, viajó por todo el mundo, vivió en China y en Estados Unidos.

"Sus camaradas de liceo guardan de ella el recuerdo de una joven arrogante, ambiciosa y dispuesta a todos los esfuerzos por su carrera", según el periódico Die Tageszeitung.

Además del islam, el otro blanco principal de la economista es la canciller Angela Merkel. Weidel denuncia los esfuerzos que hizo para salvar el euro y su política a favor de los migrantes. La llama "la canciller del extremo" y asegura que un día tendrá que responder por sus actos delante de un tribunal.

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