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Torres humanas

Víctor Hugo Ghitta

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LA NACION
Martes 26 de septiembre de 2017
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Foto: AP / Emilio Morenatti

Tenemos delante de los ojos el cojín humano urdido por los castellers en el corazón de Barcelona. Estamos en la plaza de San Jaime, uno de los escenarios donde tradicionalmente se erigen esas torres humanas de varios pisos y en cuya construcción minuciosa se pone en juego el esfuerzo de cientos de personas, la disciplina y la concentración. Dentro de algunos segundos, cuando suenen las grallas -el instrumento que suele acompañar los bailes populares en Cataluña-, cientos de personas treparán sobre los hombros de sus vecinos y el público seguirá el movimiento de los intrépidos acróbatas -panaderos, albañiles, oficinistas, gente común- con el corazón en la boca. La tradición nació en 1801 y representa valores como la solidaridad y la integración social. Hoy, cuando faltan cinco días para que se celebre el referéndum sobre la independencia catalana, las torres humanas elevadas al cielo el último domingo cobran la fuerza de un inusitado gesto político.

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