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La joven guardia de la danza contemporánea

Ocho estrenos que dan cuenta de los múltiples lenguajes del ballet

Miércoles 27 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Ayer, con el estreno del espectáculo de danza contemporánea Anomalía, de Valeria Polorena, salieron a dar sus primeros pasos los ocho montajes que forman parte de la franja de artes escénicas de esta nueva edición de la Bienal de Arte Joven, que organiza el gobierno porteño. De esos ocho estrenos, tres están dirigidos por creadoras formadas en danza contemporánea: Ninfa, de Bianca Lerner; Los imitadores, de Macarena Orueta, y el mencionado proyecto de Valeria Polorena.

Las coreógrafas Macarena Oreuta, Bianca Lerner y Valentina Polorena
Las coreógrafas Macarena Oreuta, Bianca Lerner y Valentina Polorena. Foto: LA NACION / Silvina Colombo

En las dos versiones anteriores de la Bienal se estrenaron otros trabajos coreográficos o interdisciplinarios realmente de peso propio. Los cuerpos, Moralamoralinmoral, Paraje Das Unheimlich y Cinthia interminable, por ejemplo, superaron ampliamente las 15 funciones previstas, obtuvieron excelentes críticas y fueron programados por festivales. El hecho en sí mismo es significativo para el mapa de lo coreográfico que suele contar con escaso apoyo estatal. Las tres coreógrafas de esta nueva Bienal saben de eso (y lo padecen). "Lo que sucede acá es un pequeño recorte no representativo de un todo en el que hay salas que se cierran, poca ayuda y un momento en el cual la gente no va al teatro porque hay otras prioridades. Todo se fue deteriorando", señala Macarena Orueta.

Lejos de ese todo, y a horas de sus respectivos estrenos, las ansiedades están a la orden del día. Valeria Polorena (formada en el Taller de Danza del San Martín, integrante del CAD e intérprete de El baile) confiesa que hace días duerme muy poco. Ayer estrenó Anomalía, en El Extranjero, un solo que la tiene como directora e intérprete. La obra está íntimamente ligada a un largo viaje que hizo sola por Europa. Al volver se encontró frente a un espejo en el cual no se reconocía. En ese otro viaje por sí misma necesitó explorar un material que naciera de sus extrañas. Durante cuatro meses se encerró, sola, a ensayar en su casa. Su proyecto fue uno de los ocho seleccionados entre más de 400 que se presentaron y recién en ese momento todo ese viaje se fue ordenando. Dice sobre Anomalía: "Siento que es un personaje que nunca termina de hacer nada, que tiene tantas cosas en su cabeza que se la pasa negociando con lo que cree que es real y lo real".

Tanto ella como Macarena tuvieron como tutora a la coreógrafa Andrea Servera. Sin embargo, el montaje de Bianca Lerner, que se estrena hoy en Abasto Social Club, contó con tutoría del director y dramaturgo Luis Cano. "Fue curioso que me hayan puesto un «señor del teatro» -reconoce entre risas en un bar del Centro Cultural Recoleta, sede de la Bienal-, porque yo vengo de la danza y porque lo que voy a presentar tiene algo de danza como de propuesta interdisciplinaria. Pero Luis fue muy respetuoso con el material kinético y nos ayudó a engordar el material."

El material engordado de Bianca se llama Ninfa. Se estrena hoy, en ElKafka. A lo largo del proceso creativo, la premisa de trabajo fue mutando. Durante ese andar murió su abuela. Una tarde estaba en la casa de ella y en un placard se encontró con 10 tapados de piel que había confeccionado su abuelo, el dueño de la tienda Pieles Roxy, de Floresta. "Impunemente, agarré los cinco tapados que más me gustaban y les dije a las actrices: «Chicas, pónganselos». El tapado no fue tapado, sino que se convirtió como una segunda piel que transformó la fisicalidad de los personajes. Así fue como entramos en una zona en la que conviven el glamour de una época con lo femenino, lo primitivo y la muerte, porque en el proceso de ensayo también murió mi abuelo, el peletero", cuenta esta percusionista y coreógrafa que se recibió en la Universidad de Arte.

Por su parte, Macarena se formó en la Escuela Nacional de Danzas y en la UNA. Trabajó con Celia Argüelo Rena y con el grupo LaLaLa. Estrena hoy Los imitadores, en Abasto Social Club. En esa obra desfilan copias de Sandro, René Lavand y Freddie Mercury, entre otros. En este caso son tres intérpretes para un proyecto de corte interdisciplinario. "Me interesó trabajar la figura del imitador -cuenta-. O sea, alguien que ya tiene un terreno ganado, que es el material generado por otro, y un territorio propio que resigna, ya que se entrega a la producción de ese otro." Subyugada por esa idea en la que actúan tres intérpretes, escribe como presentación de Los imitadores: "Cuando pienses en mí, no recordarás mi nombre jamás. Tengo cualidades maravillosas que se parecen a otras, pero son propias".

Las tres creadoras sub 30 contaron, como el resto de los ocho proyectos seleccionados, con 125.000 pesos para la producción, la figura del tutor y quince funciones garantizadas. Durante esta semana de la Bienal, cada montaje tiene previsto realizar dos funciones gratuitas. Luego de este gran marco, cada proyecto intentará ganarse su lugar, crear sus propios seguidores. Aunque sean sub 30, de eso las tres ya saben.

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