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En Raqqa, todos esperan el Día D para sellar la victoria sobre Estado Islámico

Una alianza de combatientes árabes y kurdos, apoyada por EE.UU., está cerca de expulsar a los últimos jihadistas de la ciudad; hay barrios enteros devastados

Miércoles 27 de septiembre de 2017
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Agencia AFP
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RAQQA.- El combatiente sirio Sevger Himo lleva tres años esperando el fin de Estado Islámico (EI) en su país y ahora está en primera fila de la batalla por Raqqa, la capital del califato del grupo en Siria.

El centro histórico de Raqqa quedó devastado en el conflicto
El centro histórico de Raqqa quedó devastado en el conflicto. Foto: AFP / Bulent Kilic

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza de combatientes árabes y kurdos apoyada por Washington, están por expulsar a los últimos jihadistas de esta ciudad del norte de Siria, devastada por la guerra y cuya caída supondría una victoria simbólica contra EI.

Barrios enteros de esta localidad, bordeada por el río Éufrates, quedaron reducidos a un amasijo de ruinas. Los escombros se acumulan aquí y allá, como la carcasa de un frigorífico o una tetera eléctrica, que indican que allí vivió alguien en otro tiempo.

"Cuando combatíamos a EI en Kobane hace tres años, siempre se hablaba de Raqqa como la capital del califato", cuenta Sevger, un comandante de las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG), mayoritarias en las FDS. La localidad de Kobane, en el norte de Siria, fue escenario de una de las primeras batallas contra EI.

"Ahora estamos en el centro de Raqqa y la sensación es completamente diferente", añade, incrédulo. Sentado con las piernas cruzadas sobre el tejado de un edificio parcialmente destruido, en el barrio de Rmeila, Sevger dice que el fin de esta guerra es muy importante para él.

En 2014 ya luchó contra EI en Kobane junto a otros miembros de las YPG, en una ciudad estratégica cerca de la frontera con Turquía, y luego hizo lo mismo en Manbij, más al Sur. En ese momento, Raqqa era para ellos el bastión último de EI.

"Solíamos decir: «Estado Islámico envió refuerzos, apoyo y equipos de Raqqa»", recuerda el comandante.

Luego de haberse apoderado de Raqqa en 2014, el grupo transformó la ciudad de 300.000 habitantes en un laboratorio del horror, al usar las plazas públicas para castigar a quienes infringían sus leyes, con decapitaciones y flagelaciones.

Con el apoyo de los bombardeos de la coalición dirigida por Estados Unidos, las FDS lanzaron a fines de 2016 su ofensiva en la provincia de Raqqa y consiguieron entrar en la ciudad en junio pasado. Al borde de una de las principales avenidas yace el cuerpo de un presunto miembro de EI, decapitado.

"El grupo se hundió. En cada una de nuestras batallas [contra los jihadistas] ganamos experiencia", dice el comandante. Él perdió compañeros de batalla en el combate y ya no espera más que una cosa: proclamar la victoria en Raqqa.

"Se lo debemos a quienes murieron o fueron heridos", afirma. A su lado, otro comandante, Abdala, asiente. "Queremos liberar a nuestros amigos y familias de esta mancha negra. Viví bajo EI, fui encarcelado y acusado de ser un espía, y fui azotado delante de la mezquita", recuerda.

El combatiente, de unos 50 años, se incorporó a las FDS en marzo, después de que éstas expulsaran a EI de su aldea de Karama, unos 100 kilómetros al sudeste de Raqqa.

"Avanzamos y ya no hay vuelta atrás. Intentaron usar la religión como escudo, pero eso no funcionará", añade. El domingo pasado, sus unidades progresaron por una zona minada en torno de un cementerio del centro de la ciudad.

Abdala y Sevger quieren conquistar Al-Naim, un gran cruce, más al Oeste, donde los jihadistas llevaban a cabo ejecuciones públicas.

"¡El que llegue antes allí podrá izar la bandera!", resalta Abdala, sonriente. "Espero que en los próximos días se vea la alegría. Será una felicidad indescriptible."

Más allá, en una calle llena de escombros, los combatientes se preparan para un nuevo avance contra las posiciones de EI en las inmediaciones del cementerio.

"Esperamos que Raqqa sea liberada en unos días. La próxima fase será difícil, pero nuestra moral es excelente", señala uno de ellos, Abu Abdo al-Sheikh. "¡No combatí durante seis años para volver a mi casa ahora!", exclama.

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