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Crece la presión sobre los Mossos para neutralizar los colegios electorales

La fiscalía general le ordenó a la policía regional catalana precintar escuelas e instituciones, e identificar a sus responsables

Miércoles 27 de septiembre de 2017
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LA NACION
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MADRID.- Alguien tan experimentado en lides políticas como el ex presidente Felipe González calificó el desafío de Cataluña como "la más dramática crisis de Estado" que vive España en sus 40 años de democracia. Un quiebre generador, además, de la "más profunda ruptura de la convivencia social". Algo tan mal manejado que le recuerda "el fallido Estado de Venezuela", donde, cada vez que algo le sale mal el gobierno del presidente Nicolás Maduro crea instituciones a su medida y antojo.

Los Mossos d'' Escuadra ayer en una protesta de independientes
Los Mossos d'' Escuadra ayer en una protesta de independientes. Foto: Reuters / Jon Nazca

Ese tipo de advertencias alarmantes se sumaron ayer a la orden del gobierno central a la policía regional catalana de que identifique a los responsables de escuelas y otras instalaciones que se usarán en el referéndum, previsto para el próximo domingo, y se les advierta de su obligación de no ceder esos centros para la votación, prohibida por la justicia. Así, España y Cataluña avanzan, sin pausa, hacia la tormenta perfecta que se desencadenará con la consulta en caso de que finalmente se lleve a cabo.

"Quedan tres días de campaña. A esto ya no lo para nadie", desafió, anoche, el presidente del gobierno regional, Carles Puigdemont. Ajeno a tales calamidades, el ex periodista acaricia ya el sueño de pasar a la historia como el promotor del mayor quiebre regional en el país.

En Washington, en tanto, el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, lograba el esperado apoyo de su par norteamericano, Donald Trump, en contra de todo esto y en favor de la unidad de España.

"España es un país y sería una tontería que Cataluña no siguiera formando parte de él", dijo el republicano. El gesto, aplaudido por el equipo de Rajoy, no parecía destinado a quebrar voluntades dentro del colectivo separatista catalán, donde abundan verdes, antisistema y anticapitalistas y donde Trump, precisamente, no es muy popular.

La crisis catalana forzó al dirigente español a anular un viaje a Estonia para participar en una cumbre informal de la Unión Europea (UE), y su ejecutivo decidió postergar la adopción del proyecto de presupuestos de 2018.

Los que anoche transpiraban más que ninguno eran los llamados Mossos d'Esquadra, tal como se conoce a la policía regional catalana. Obligados por ley a acatar las órdenes de la Fiscalía General de la Nación, se aprestaban a regañadientes a cumplir con el mandato de "precintar" los posibles locales de votación.

"Bestias, las ideas no se precintan", respondieron los militantes independentistas. Un mensaje con aroma sarmientino dirigido no a los agentes, sino a los "fascistas de Madrid" que dieron semejante orden.

Cabizbajos, de paisano -para no ser reconocidos- y moviéndose como quien arrastra los pies, los Mossos recorrieron ayer escuelas e instalaciones comunales para obtener los datos de directivos y responsables. Fue una velada advertencia de que serán directamente detenidos apenas se sepa que en el local público a su cargo se montó un "centro ilegal" de votación. Para las instituciones españolas, el referéndum separatista de Puigdemont está fuera de la ley y de su normativa.

Gallego y parco, hasta ahora Rajoy trató todo este asunto como un delito. Pero solamente como eso: casi con la misma estatura de un robo de gallinas, restándole todo anclaje político.

Mientras la bomba de relojería sigue con su lento tictac hacia el domingo y los Mossos recogen nombres de posibles futuros detenidos, el gobierno regional se las ingenió para hacer llegar un nuevo llamado a los responsables designados de la votación.

En él los insta a presentarse en los lugares previamente asignados para el acto comicial. El miedo empieza a palparse en muchos de ellos, mientras Puigdemont sonreía ayer para los fotógrafos y dejaba un mensaje en Twitter: "No se pueden poner límites a la democracia: consulta dónde votar el #1Oct. Ir a una de estas páginas".

Garantías

La que sigue en duda es la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Sabedora de que sería el primer objeto de una potencial detención, reclamó que el gobierno de Puigdemont ofrezca garantías de que ningún edil ni jefe comunal corre riesgo de ser apresado por plegarse al referéndum.

Semejante pretensión es un gesto vacío: el jefe regional no está en condiciones de ofrecer nada de eso. Incluso él mismo podría ser objeto de detención si el referéndum prosperara. Desde su perspectiva, ése sería su logro político. Una victimización que lo convierta en héroe a los ojos del mundo, tal como vienen anticipando numerosos corresponsales extranjeros en este país.

Felipe González, en tanto, se convirtió ayer en profeta de la catástrofe. "Esto ya parece Venezuela", dijo, en alusión a la "creación de legitimidades a medida", si alguna realidad o resultado no es del agrado del gobernante de turno. En vano -seguramente- pidió a los independentistas "que paren" y que den espacio a una vía de diálogo.

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