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Sergio Suppo

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LA NACION
Jueves 28 de septiembre de 2017
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El tiempo los une tanto como la desgracia. Atrapados en las mismas horas, la detención de Juan Pablo "Pata" Medina y el enjuiciamiento de Julio De Vido pueden dibujar una síntesis casi perfecta de un sistema que parece haber sido puesto en cuestión. Al fin.

Uno en cada extremo de un mismo hilo rojo, De Vido y Medina tuvieron en sus mejores días dimensiones y papeles muy diferentes. Uno fue el hombre más poderoso de la década kirchnerista después del matrimonio presidencial. El otro desarrolló un negocio basado en la extorsión en las mismas obras que desde la pirámide del poder ya venían percudidas de sobreprecios y licitaciones falsas.

De Vido venía mostrando una extraña habilidad para lograr zafar de la Justicia. Dos meses y medio atrás, la mayoría de los diputados lo salvó de quedar sin fueros. Hasta ahí llegó. A su estilo, Medina siempre había encontrado en las exhibiciones de violencia su reaseguro de impunidad. Lo volvió a intentar anteayer, cuando al mediodía prometió "quemar toda la provincia" si era detenido. Lo apresaron horas después.

La coincidencia de ambos derrumbes no es casual. El cambio de época también comenzó en los tribunales.

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