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La triste vigencia de la patota sindical

La detención de "el Pata" Medina debería marcar un avance hacia un país donde las instituciones prevalezcan sobre la impunidad de grupos mafiosos

Jueves 28 de septiembre de 2017
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Es difícil comprender que si una persona se considera inocente resista su arresto atrincherándose en una sede gremial junto a cientos de activistas dispuestos a arrojar piedras y bombas molotov contra las fuerzas de seguridad, y amenazando a los gritos con "incendiar la provincia" de Buenos Aires. La situación no hace referencia a un film de ficción, sino a un proceder propio de una dirigencia sindical mafiosa que, lamentablemente, abunda en la Argentina y que ha hecho de la violencia y la extorsión su modus operandi para enriquecerse ilícitamente y acumular poder.

Hicieron falta más de 400 efectivos de la Policía Federal y de la Gendarmería Nacional, además de 30 allanamientos, para poner fin, anteanoche, a la resistencia de Juan Pablo "el Pata" Medina, el secretario general de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra) de La Plata, quien se oponía a la orden judicial que disponía su detención en el marco de una causa por asociación ilícita, lavado de dinero y extorsión.

Medina: un símbolo de las prácticas violentas
Medina: un símbolo de las prácticas violentas.

Las imágenes, que tuvieron en vilo a buena parte de la sociedad argentina que siguió las alternativas de este insólito episodio por la televisión, no son sólo una triste muestra de subdesarrollo, sino de la impunidad que sienten algunos poderosos dirigentes frente a las decisiones de la Justicia.

La detención de Medina constituye un avance no menor hacia un país donde las instituciones prevalezcan frente a la impunidad que buscan grupos mafiosos que pretenden garantizarse negocios espurios con procedimientos extorsivos y, en no pocas ocasiones, con la complicidad de funcionarios y de sectores políticos que, sin vergüenza alguna, han recurrido a los "servicios" de grupos violentos para lograr sus mezquinos objetivos.

Medina había sido acusado por extorsión en una causa que se halla en el juzgado federal de Quilmes, por haber impedido que se llevaran a cabo obras en la estación Pereyra del ferrocarril Roca. A esa denuncia, que incluye como prueba un tiroteo entre sectores que responderían al dirigente de la Uocra de La Plata con dirigentes de la seccional Quilmes de ese mismo sindicato, se sumaron otras sobre presuntas maniobras de lavado de dinero y ocultamiento de bienes por parte de Medina. Se sospecha también que los fondos de una empresa de catering que pertenecería a familiares del sindicalista, provenían de maniobras financieras ilegales y de extorsiones.

El oscuro currículum -deberíamos hablar de prontuario- de "el Pata" Medina se remonta a varios años atrás. Ya en 2000 estuvo preso durante varios meses por tomar el obrador donde se construía el mayorista Nini, acusado de coacción agravada. El 17 de octubre de 2006, Medina cobró notoriedad cuando, durante el traslado de los restos de Perón a la quinta de San Vicente, una facción de la Uocra por él liderada se enfrentó a tiros con un grupo del Sindicato de Choferes de Camiones, que conducía Hugo Moyano. En marzo de 2008, Medina amenazó con hacer estallar la refinería de YPF en Ensenada. En 2013, sus seguidores agredieron a militantes de La Cámpora que hacían tareas tras la inundación que afectó a La Plata. Un año después, agredió junto a uno de sus hijos a un agente de tránsito que intentaba labrarle una infracción en la ruta 11, cerca de San Clemente del Tuyú.

En todos esos años, Medina fue acumulando denuncias públicas y anónimas por coacción, pese a lo cual gozó de una muy buena relación con el entonces intendente platense, Pablo Bruera, y con Daniel Scioli.

No estamos, sin duda, ante el primer caso de dirigentes sindicales caracterizados por sus prácticas violentas y corruptas. La Argentina ofrece no pocos ejemplos de gremialistas que han vivido de la extorsión permanente a las empresas y al Estado, y que se han enriquecido de manera absolutamente desproporcionada montándose a verdaderas asociaciones ilícitas, muchas veces apañadas desde el poder político. Es necesario desmontar de una vez por todas este tenebroso esquema, avanzando con firmeza y decisión tanto por parte de las autoridades gubernamentales como de la Justicia.

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