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Por qué Messi no habló ni hablará a favor de la independencia de Cataluña

El capitán de la selección argentina no se interesa por las complicaciones políticas en España y se concentra en el fútbol

Miércoles 27 de septiembre de 2017 • 23:59
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No hay catalán más famoso que Lionel Messi. Bueno, eso es lo que en realidad quisieran los promotores de la independencia catalana: un Messi catalán. Pero no lo es ni lo será. Tendrán que conformarse con el dato innegable de que Messi vive en Cataluña. O quizás ni eso: Messi vive en Little Rosario, como agudamente graficó años atrás Josep María Minguella, el hombre que llevó a Messi y a Diego Maradona al Barcelona.

¿Little Rosario? Sí, porque Messi parece de amianto. Lleva más de media vida en Barcelona y no se le pega nada, ni el más mínimo giro catalán al hablar. Parece, de hecho, más argentino según pasan los años. Más rosarino, incluso.

Ramón Besa, brillante pluma de El País, escribió alguna vez que el Barcelona se sostenía en tres íconos: el catalán, que era Xavi; el español, que es Andrés Iniesta, y el global, que es Messi. Con Xavi en Qatar, el ícono catalán bien podría ser hoy Gerard Piqué, pero de lo que no hay dudas es de que la definición de "global" es la que mejor le cabe a Messi. En una España encendida y dividida por la compleja situación derivada de la tensión independentista en Cataluña, pocas cosas serían más importantes para el gobierno regional enfrentado al de Madrid que un Messi que se manifestase a favor del derecho de autodeterminación, a favor de una Cataluña independiente. Para desazón del gobierno de Carles Puigdemont y del variopinto arco que promueve la independencia, Messi no lo hizo ni lo hará.

Lo más cerca que estuvo el capitán de la selección argentina de la sensibilidad catalanista o incluso independentista fue en su sorpresiva explosión del 16 de mayo de 2010. Llevaba ocho años en Barcelona y no se le había escuchado decir una sola palabra en catalán en público. Aquella tarde, eufórico en la celebración de un título de la Liga española y con un par de tragos de más, el "10" lanzó una declaración de impacto: "¡Visca el Barca, visca Cataluña y aguante Argentina, la concha de su madre!". No fue elegante, pero sí contundente, y generó euforia a ambos lados del Atlántico. En la Argentina, porque no se lo conocía tan expresivo. En Cataluña, porque Messi usó el "Visca el Barca, visca Catalunya" (viva el Barca, viva Cataluña) que cualquier hincha catalán grita y escucha con gusto.

"Le hablaban en catalán, lloraba y no le gustaba. Entonces mi vieja decidió volver a Rosario con ella y mis hermanos, Matías y Rodrigo, para que siguiera la escuela allá"

Y hasta ahí llegó todo, no volvió a haber algo igual. En el Barcelona fueron exquisitamente cuidadosos, casi temerosos, de no involucrar a su máxima estrella en las enrevesadas cuestiones políticas locales. Saben que a Messi no le interesa la política (ni la española, ni la argentina); saben, también, que su hermana María Sol se volvió a Rosario poco tiempo después de mudarse a Barcelona. Se lo explicó el propio Messi en 2008 al diario rosarino La Capital: "Le hablaban en catalán, lloraba y no le gustaba. Entonces mi vieja decidió volver a Rosario con ella y mis hermanos, Matías y Rodrigo, para que siguiera la escuela allá".

Diferente es la situación de Jorge Messi, el padre de Leo. Él sí tiene opiniones claras acerca de lo que sucede en España, pero se las guarda para él. La prioridad, siempre, es facilitar la vida de su hijo, que formalmente tendría todo el derecho de opinar: es dueño de la nacionalidad española, además de la argentina.

Tras el ninguneo de la Unión Europea (UE) a la causa independentista catalana y el desinterés por el tema en las grandes capitales, que le dan la razón al gobierno de Madrid, un Messi entusiasmado por la independencia sería un golpe inusitado. Pueden esperar sentados. No es ya que Messi no quiera hacerlo, es sobre todo el Barcelona el que prefiere no meterse en ese lío. Aún no logró cerrar en público la renovación del contrato de su gran estrella para la temporada próxima, y aunque la independencia sea muy cara a los sentimientos de muchos de sus hinchas, hay cosas con las que no se juega. Messi y su continuidad en el equipo es un asunto demasiado importante para el Barcelona. Más, quizás, que la propia independencia de Cataluña. Lógico: lo primero es perfectamente posible; lo segundo, altamente improbable.

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