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Boca recibió un golpe inesperado que lo obligará a recalcular la agenda, con la Superliga como objetivo

La eliminación duele en el plantel dirigido por Guillermo Barros Schelotto; más allá de los méritos del rival, el conjunto xeneize jugó decididamente mal.

Jueves 28 de septiembre de 2017 • 00:13
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LA NACION
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La eliminación, un duro impacto para Boca
La eliminación, un duro impacto para Boca. Foto: LA NACION / Marcelo Aguilar

MENDOZA.- Una noche, Boca dejó en evidencia sus flaquezas y jugó, en el inicio del segundo tiempo, la peor media hora de la temporada. Rosario Central, un equipo que llegó a la cita envuelto en dudas, lo aprovechó: se impuso 1-0 y lo eliminó de los 8avos de final de la Copa Argentina, un certamen en el que xeneizes y canallas protagonizan juegos con polémicas en los últimos tres años. Ahora, los rosarinos se medirán con el ganador de Godoy Cruz y Banfield, que jugarán esta tarde, desde las 17, en Córdoba.

Boca recibió un golpe inesperado. Un mazazo. Quedarse al margen de esta competición tan pronto lo obligará a recalcular y planificar otra vez la agenda de trabajo hasta fin de año, porque sólo le quedó la Superliga como objetivo. Central se energizó, con escaso juego, pero con entrega, sacrificio y concentración; se ajustó a un plan, lo cumplió y festejó el premio deportivo y también el económico, que se traduce en un cheque por 1.142.000 pesos. Además, cada vez que el club alcanzó los octavos de final, superó la instancia.

El extraordinario arranque de temporada (seis victorias en cadena, 18 goles a favor y apenas uno en contra) contrasta ahora con las caras largas que deambularon por el vestuario de Boca. Entre dientes, los protagonistas señalaron que en el balance general el juego de los xeneizes fue superior, algo que no alcanzó para traducirse en el marcador.

La eliminación duele en La Boca. Porque más allá de los méritos del rival, el conjunto jugó decididamente mal. En esa primera media hora de la segunda etapa, cometió errores conceptuales, fallas individuales y grupales y desatenciones varias. Demasiadas ventajas que se hacen más nítidas al quedarse con las manos vacías en un torneo que tiene a Boca siempre como protagonista hasta las últimas instancias.

Aún con un equipo más débil y de menor estética que aquel que conducía Eduardo Coudet, este Rosario Central que dirige Paolo Montero encontró la fórmula para anular los circuitos futbolísticos de Boca. Anoche, la potencia ofensiva que venía exhibiendo el club de la Ribera recién se destacó en el final, con los remates del uruguayo Nández, el cabezazo del juvenil Bouzat y un tiro libre del colombiano Cardona que rechazó el Ruso Rodríguez con los puños.

El gol de Central

Central cumplió el libreto, no se alejó de lo que el entrenador uruguayo planificó una y otra vez. Esperó con dos líneas de cuatro bien definidas, compactas, con las que incomodó al rival. Con estocadas profundas se sintió con fuerza para lastimar. Un remate de Colman, a la salida de un córner, fue desviado con el brazo derecho de Pablo Pérez. Un clarísimo penal que el árbitro Rapallini obvió: señaló tiro de esquina. Una polémica más entre Boca y Central, como aquellas determinaciones de Diego Ceballos, junto con el asistente Marcelo Aumente, que inclinaron la definición a favor de Boca en la final de la Copa Argentina 2015.

En su segunda aproximación, los rosarinos sacaron provecho de la pegada de Gil -expulsado en tiempo de descuento por una doble amonestación- y Martínez, por el sector opuesto, definió de aire. La justeza y la coordinación de los canallas puso en evidencia las desatenciones de Boca: Gago perdió al autor del gol y Pérez llegó tarde a cubrir a su compañero.

En desventaja por segunda vez en la temporada (en los seis juegos anteriores, sólo Godoy Cruz le había podido marcar), Boca reprodujo lo expuesto frente a los mendocinos en la Bombonera hace dos domingos: intentó no desesperarse, siguió jugando por abajo, controlando la pelota y también los espacios ante un equipo que retrocedía, se cubría, a tal punto que Montero provocó el ingreso de Elías Gómez, un lateral, por Colman, el futbolista que podía abastecer a Ruben y Herrera, que hizo un desgaste conmovedor.

El buen pie de Gago y, sobre todo, de Cardona, muy lúcido en la primera parte aunque desaparecido en el segundo tiempo, donde todo el equipo desafinó; la frescura de Nández y de Bouzat, generaron el último envión anímico de Boca, que se lanzó con las pocas energías que le quedaban para revertir un partido que durante el desarrollo le resultó incómodo y que en el final lo encontró confundido y desilusionado, porque no supo descubrir la manera para quebrar a Rosario Central, que volvió a amargarlo en este torneo como hace en 2016, y porque ahora las metas deberán ajustarse de aquí a fin de año.

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