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Vendió su empresa multimillonaria, gastó US$20 millones para ir al espacio y quiere invertir en la Argentina

La iraní Anousheh Ansari es dueña de una vida cinematográfica a la que quiere agregar un capítulo argentino

Viernes 29 de septiembre de 2017 • 06:00
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LA NACION
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Anousheh Ansari
Anousheh Ansari. Foto: Gentileza Prodeo

La voz de la iraní Anousheh Ansari es tan tenue como la luz que ilumina el departamento de Retiro donde pasa la tarde. Sin embargo, no hay nada tenue en esos hechos que narra casi en suspiros, que hablan de una vida atravesada por la épica: revoluciones en Medio Oriente, viajes espaciales e incluso una aparición estelar en el evento más importante del mundo del espectáculo.

Nacida en 1966 en la ciudad de Mashhad, Irán , debió emigrar con su familia hacia los Estados Unidos durante su adolescencia a medida que empeoraban las condiciones de su país natal bajo el mando del ayatolá Ruhollah Jomeini.

En Norteamérica, se convirtió en la primera persona de su familia en adquirir una educación académica al obtener títulos en Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación. En 1993 fundó junto a su marido Telecom Technologies, una compañía especializada en el desarrollo de implementos para telecomunicaciones.

Pero su verdadero objetivo siempre fueron las estrellas. "A los siete años, dormía afuera de noche y me daba curiosidad el cielo nocturno y qué hay más allá. Esa curiosidad me llevó a querer saber cómo era volar al espacio, si hay extraterrestres y otros mundos. Ese fue el comienzo de mi pasión", relata a LA NACION.

Durante muchos años, el camino tradicional para hacer una carrera en astronáutica en Occidente era a través de una sola entidad: la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA). "Tenía 17 años, no hablaba inglés, ni tenía dinero, no era una ciudadana y la relación entre Estados Unidos e Irán era mala. Mis chances de hacerlo a través de la NASA eran muy bajas", admite.

Todo eso cambió en 2001 cuando el multimillonario Dennis Tito pagó US$ 20 millones para viajar a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), inaugurando con ese hecho la era del turismo espacial. En ese momento, Ansari comprendió que había otra manera de concretar su sueño. Vendió su compañía y siguió trabajando en el sector tecnológico hasta que, en 2006, se convirtió en la primera mujer en pagar su propio pasaje al cosmos.

Nuevos horizontes

Ya pasaron 11 años desde su ascenso a la ISS, pero Ansari sigue comprometida en la conquista de nuevos horizontes. Esta vez, a través de su empresa Prodea, que provee una plataforma de Internet de las Cosas (IoT) que ya atiende a 80 marcas localmente en los seis continentes.

Justamente este emprendimiento la trajo esta semana a la Argentina, donde tuvo oportunidad de conocer al presidente Mauricio Macri y participar del encuentro Smart City Expo en el Centro de Exposiciones y Convenciones. Ansari reconoce que tiene un interés concreto en traer a Prodeo al país. "Estamos analizando la oportunidad de ayudar al Gobierno a llevar ciertos servicios IoT al país y sus ciudadanos", admite.

En particular, cree que existen grandes oportunidades para desarrollos en el campo de la telemedicina. "La salud es uno de los verticales, pero también desplegamos muchos dispositivos para ciudades inteligentes, seguridad, educación, servicios financieros. Hay muchas áreas que pueden atenderse a través de nuestra plataforma."

"Estamos buscando establecer una sociedad aquí y emplear talento y recursos locales", añade, pero afirma que las trabas regulatorias la desaniman. "Hay mucha burocracia. No es la mejor estructura para el ingreso de una nuevo negocio. Con el tiempo esperamos que se simplifiquen estas regulaciones para que entren nuevas inversiones extranjeras."

A pesar de los problemas, Ansari cree que "las oportunidades son grandiosas". "Me gustaría ver si podemos hacer acá un hub para atender al resto de Latinoamérica. Es una buena oportunidad. Hay cierta estabilidad y optimismo en el Gobierno y la infraestructura es muy buena."

Una noche en los Oscars

En febrero de este año, la vida cinematográfica de Ansari sumó una escena propiamente fílmica: subió al escenario del Dolby Theatre en Los Ángeles para recibir el premio de la Academia a la Mejor Película Extranjera otorgado a la iraní El viajante. Fue por razones de fuerza mayor: su realizador, Asghar Farhadi, no pudo asistir a la ceremonia por el veto inmigratorio de Donald Trump.

"Fue un poco bizarro. Siempre soñé con ir al espacio pero no con recibir un Oscar", relata. "Fue intimidante pero me sentí orgullosa de que fui seleccionada para contrarrestar esa imagen de que los inmigrantes somos mala gente, terroristas y criminales, eso no es cierto. Muchos inmigrantes han contribuido en una manera muy positiva al mundo."

"Cuando miro para atrás, no es una vida aburrida", reconoce entre risas. "Ha sido desafiante. Muchas veces la gente solo se entera de las cimas y no de los valles que debiste atravesar para llegar allí. Hay que vivir la vida al máximo y desafiarte cuando puedas."

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