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El amor de tu vida tal vez no sea tu amor verdadero

Se enamoró intensamente, le rompieron el corazón y sintió que sin él ya nada tenía sentido; para olvidar, huyó de su pequeño pueblo hacia la ciudad, donde la esperaba la desolación, el renacimiento y un aprendizaje de vida

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 29 de septiembre de 2017 • 00:10
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Julia tiene 76 años. Su voz llega pausada, suave; por momentos, vibra. Toda ella tiembla cuando se pierde en el tiempo, en sus años de juventud, de romance apasionado; inolvidable. "Perdón", dice por lo bajo, "Es que hay ciertos recuerdos que hasta el día de hoy, ya tan grande, aún se sienten agudos y conmueven."

Toma aire y se anima a comenzar: "Tenía tan sólo 22 años cuando conocí al amor de mi vida. Ese amor que te atraviesa, que te quita el aire; ese que sucede una sola vez. Yo sentía que era correspondida con la misma intensidad y que me hacía tocar el cielo con las manos. Por aquellos años, vivíamos en un pueblo muy chico, de esos donde todos se conocen; pero para mí nadie más existía, él era mi centro, mi todo. Lo amé profundamente, ya no recuerdo por cuánto tiempo, ¡pero cómo lo amé! Mi sentir era tan fuerte, que me despertaba por él, respiraba por él, existía por él", el relato de Julia se interrumpe. No está sola en la habitación y cuando habla de aquella otra época, se inhibe; no quiere que nadie la escuche. Entonces, toma aire, respira, duda y sigue:

"Hay cosas que con el tiempo se desdibujan; son como imágenes de uno y de su pasado, pero reflejadas en espejos borroneados. O tal vez, sí conocemos los sucesos pero los reprimimos lo suficiente hasta enterrarlos. Sin dudas, la mente es extraña. Pero lo que sigue intacto es el sentir, todo aquello que nada tiene que ver con la cabeza. Por eso, no olvido que el día en el que él me dejó, creí que se me iba la vida. Y, a un mes de terminar, ya se había comprometido y casado con otra mujer; a pesar de ello, él me buscaba e intentaba acercarse a mí y eso me destruía. Jamás sentí tanto dolor.”

Del pueblo a la ciudad

Al evocar su pasado, Julia se estremece pero también se sonríe; recordar la hace sentir que vivió. La ayuda a entender que se permitió hacerlo con alegrías, con tristezas y con desgarros; que se entregó a sus emociones y las dejó ser con toda su potencia, su dicha y su padecer. "El corazón se rompe. Yo lo sentía quebrado en mil pedazos y sin saber ni a dónde habían volado los fragmentos. Estaba irreparable, deshecho. Sin corazón, no podía levantarme ni preocuparme por mí. Por eso, también casi que dejé de comer. La caída fue muy dura y mi salud se estaba deteriorando. En el pueblo chico, y a pesar del afecto enorme de mi familia, la mirada ajena me resultaba terrible. Esa mirada apenada, compasiva. Sí, fue una verdadera tragedia en mi vida."

Después de la caída, el desamor, el abandono y el qué dirán, fue el turno de revertir la historia y emprender la partida. Así, Julia se fue de su provincia hacia la gran ciudad, a la capital, a trabajar y olvidar. La albergó su tía, pero en vez de consuelo, encontró desolación. "Para una muchacha de un pueblo de provincia, llegar a Buenos Aires era un golpe muy fuerte. Me sentía sola, perdida y completamente desorientada pero, por más difícil que me resultara, yo no podía volver al lugar del dolor. Por eso, me concentré en el trabajo y dejé de lado el amor. Lo hice hasta que un día, un año y medio después, todo cambió para siempre."

El amor después del amor

La voz de Julia ahora se ilumina y sonríe. "Fue a la salida del trabajo. Un hombre atractivo y de mirada bondadosa me preguntó hacia dónde iba y si me podía acompañar. Desde ese instante, nunca más nos volvimos a separar. Apenas 6 meses después, nos casamos. Recuerdo que al principio sólo teníamos una cama, pero estábamos llenos de ilusiones. Juntos, construimos una vida bella; tuvimos dos hijos y vivimos 44 años de amor. Un amor suave, tranquilo, tibio. Tibio como sus manos tibias sobre las mías. Él partió hace 7 años, pero jamás partirá de mi corazón. Yo sé que me espera; mi amigo, mi amor, mi salvador. Esto no terminó."

Julia quiere continuar con calma pero, de pronto, se quiebra. "Él fue mi amor verdadero. Más tarde o más temprano, sus manos tibias estarán sobre mis manos otra vez."

Tal vez, estemos muy acostumbrados a asociar el amor con las emociones extremas, con las locuras y la ceguera. Tal vez, creamos que cuando hay amor, el sufrimiento es inevitable. Tal vez por eso, para Julia, ese amor vivido a sus 22 años, fue el amor de su vida; porque nada ni nadie la volvió a atravesar jamás como lo hizo ese romance. Y así, sumergida en esas sensaciones, lo describe con angustia, con pasión y con esas palabras; simplemente, no encuentra otra forma de expresarlo. "¡Pobre corazón joven!", dice Julia con fervor, "Uno cree, a esa edad, que ya no será feliz. Pero para ser honesta, nunca se olvida. Cuando el recuerdo aparece en forma esporádica, algo duele. Es una cuestión no resuelta. Algo que queda flotando y te vuelve más prudente, más cuidadoso."

Pero cuando Julia habla de su marido, todo se transforma. A él lo quiso mejor y, con esos recuerdos, sus palabras fluyen con una paz dulce y calma; en su tono, sus miedos se transforman en certezas.

Tal vez por eso, él será su amor verdadero para siempre.

El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad. George Bernard Shaw

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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