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Dos días antes del referéndum, los argentinos en Barcelona notan un clima cada vez más tenso

Aumentaron las manifestaciones y la policía domina las calles; muchos compatriotas no se identifican con la causa independentista catalana

Jueves 28 de septiembre de 2017 • 14:32
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LA NACION
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El ambiente está enrarecido en Barcelona. Todos los días a las 22 hay manifestaciones en el centro de la ciudad, las banderas catalanas cuelgan más que nunca de los balcones en el tradicional barrio de Gracia y pareciera que el clima político lo invadió todo. Esa es la sensación que se vive antes del referéndum independentista del domingo próximo, según varios argentinos que viven en Barcelona consultados por La Nación.

"El clima está tenso, como de que algo puede pasar. Hay un especie de tufillo, como se dice aquí", cuenta Manuel García Olivares, de 35 años. Arquitecto y oriundo de La Plata, este argentino es el típico caso de los que quieren viajan para una temporada en Europa pero finalmente se quedan a vivir.

Las manifestaciones pro independencia se multiplicaron en el centro de Barcelona
Las manifestaciones pro independencia se multiplicaron en el centro de Barcelona. Foto: AP

Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística (INE) de España, de marzo pasado, en Cataluña viven 18.144 argentinos; de ellos, 13.503 lo hacen en Barcelona. La llegada de argentinos a Cataluña comenzó a aumentar luego de la crisis de 2001 y tuvo su pico en 2006, cuando se contabilizaron 38.000 en la región. La cifra disminuyó paulatinamente luego de la crisis económica española.

Hace nueve años que García Olivares se instaló en Barcelona, según él, para crecer profesionalmente. Hoy vive en el barrio Gótico, donde desde hace días a las 22 se juntan los vecinos para hacer un cacerolazo y defender su derecho a votar, algo que el gobierno de Madrid busca impedir . Para el arquitecto, "los ánimos se empezaron a caldear cuando [el presidente español, Mariano] Rajoy empezó a poner trabas para darle un carácter delictivo a la votación".

García Olivares considera que el gobierno español debería dejar votar en paz a los catalanes; sin embargo, no apoya la causa independentista. "Hay muchas cosas por las que los independentistas quieren separarse y yo no las veo tan claras. Para mí es un tema más económico que de identidad y eso no me gusta. Hablan mucho de cómo Cataluña mantiene a España, del sureño vago y del norte productivo. Hacen comentarios racistas de los andaluces, que no comparto", sostuvo.

Germán Girelli, de 35 años, vive desde hace 15 años en Barcelona y apoya el proceso independentista. Dice que lo hace porque Cataluña tiene una identidad propia, aunque "el Estado español la reprime y quiere hacer creer al mundo que en España son todos iguales".

El argentino, que trabaja como técnico iluminador y que llegó a Barcelona tras la crisis de 2001, piensa, sin embargo, que es difícil que se celebre el referéndum del domingo por la fuerte presencia de la Guardia Civil y la policía nacional española.

Con respecto al clima de tensión, Girelli advierte que va en aumento. "Está todo muy agitado, yo conduzco mucho por el centro de Barcelona y hoy la gente estaba muy rara, y eso que aquí conducen de forma civilizada. A eso se suman las manifestaciones y que la Guardia Civil invadió la ciudad", señala.

Antonella Gnocchi, que se instaló hace casi un año a Barcelona por el trabajo de su marido, no comparte el fervor independentista de Girelli. "No entiendo por qué quieren separarse de España, es muy difícil como argentina. Es como que Córdoba se quiera separar del resto del país por tener otra cultura. Aunque la verdad es que mucho pasa por la economía", dice.

A Gnocchi, de 31 años, lo que más le sorprendió desde que llegó a la ciudad fue ver cómo creció el sentimiento por la independencia. "Hace dos semanas la cosa explotó cuando el gobierno dijo que no se iba a poder votar. En el trabajo hablan todo el día de eso e imprimen papeles para ir a votar. La política está en todos lados. Por ejemplo, el fin de semana pasado la fiesta de la Merced [la mayor fiesta callejera de Barcelona] terminó con los gritos de ¡votarem votarem!", cuenta.

Andrés Idiart, un ingeniero que llegó a Barcelona hace 13 años, también notó un incremento del fervor nacionalista. "Ha ido in crescendo. En 2004, cuando llegué, no se escuchaba nada del tema. La mecha se prendió cuando el gobierno central le negó el estatuto de autonomía, en 2010. A partir de ahí, muchos se sintieron ninguneados y empezaron a militar o a tener una opinión muy fuerte. Después, cada 11 de septiembre, en la Diada [la manifestación del Día Nacional de Cataluña] se ve más gente", explica.

Pese a la tensión, Idiart, de 37 años, dijo que lo que más le impresiona es la paz social, que prevalece ante todo. "El otro día me volví del trabajo con un amigo hiper catalán y charlábamos del tema muy relajados, como si habláramos de fútbol. En la Argentina, con el cambio de gobierno, había más peleas entre kirchneristas y macristas que lo que hay acá", dice.

Con respecto a la votación del domingo, Idiart cuenta que el resultado le da igual. "No me solidarizo con la causa catalana porque no la llego a entender y compartir. No voy a estar más contento si ellos obtienen lo que quieren. Tengo dudas de que pase algo, para mí es mucho ruido y pocas nueces. Pero si pasara algo y cambiara mi situación, me tendría que replantear qué hago acá en Barcelona", concluye.

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