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El gusto de jugar a descubrir el tesoro escondido de una obra

Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy estrenan Bajo el bosque de leche, que combina diferentes géneros artísticos y explora la cosmogonía de un pueblo galés

Viernes 29 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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"Es una experiencia poética, coral y multimedial", señala Stolkiner
"Es una experiencia poética, coral y multimedial", señala Stolkiner. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

Dylan Thomas trabajó enUnder Milk Wood a lo largo de trece años. Originalmente pensó en titularla The Town That Was Mad (El pueblo que estaba loco), en línea con el curioso argumento de la obra, cuyo foco era la vida de una pequeña población galesa a la que llegaba un inspector estatal con la premisa de cercarla para estudiar a fondo sus notorias excentricidades. Finalmente, aquel funcionario descubría que los habitantes de ese pueblito en realidad habían encontrado la felicidad y que era el resto del mundo el que estaba loco. En 1950, por pedido de la BBC, el famoso poeta terminó la singular pieza, a la que él mismo definió como una "obra de voces". El estreno oficial se produjo tres años más tarde, en el Museo Fogg de la Universidad de Harvard.

Thomas explicó en una entrevista publicada por la revista literaria italiana Botteghe Oscure que su intención fue "contar una historia sencilla, cálida y cómica que represente al pueblo que amo, Laugharne (rebautizado "Llareggub" para la ficción, un nombre polémico que, escrito al revés -"All Bugger"-, puede traducirse como "Todos maricones"), recurriendo a varias clases de ritmos y tonos, de manera que, en distintos niveles, por medio de las escenas y de los parlamentos, de las descripciones y de los diálogos, de las evocaciones y de las parodias, el oyente llegue a sentirse como un habitante más de ese pueblo". Hablaba de "oyente" porque Bajo el bosque de leche (Under Milk Wood) nació como una pieza radiofónica. Más tarde, fue varias veces llevada al teatro e incluso al cine, en una versión dirigida en 1972 por Andrew Sinclair, con Richard Burton, Elizabeth Taylor y Peter O'Toole como protagonistas.

"La acción arranca al alba, describe la larga, ociosa y lírica tarde, se ocupa del multicolor, afanoso anochecer del pueblito, con sus comidas, bebidas, amores, riñas, sueños y deseos, y concluye con el lento regreso de la tregua nocturna y la repetición de la primera palabra que se escucha: silencio", sintetizó en su momento el autor de Death and Entrances, que vivió en Laugharne desde 1949 hasta su muerte, en 1953.

Muchos años más tarde, Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy recuperan Under Milk Wood a través de una versión escénica que propone un vínculo con el carácter lírico y onírico de la obra y que sostiene como ejes centrales de su montaje a los juegos vocales, el diseño sonoro, la música en vivo y la imagen cinematográfica. El estreno oficial es mañana, a las 20, en la sala Cunil Cabanellas del San Martín y actúan en él Luis Campos, Belén Pasqualini, Ingrid Pelicori, Alejandra Perlusky, Iván Espeche, Piky Paino, Abril Piterbarg y Ariel Staltari.

"Es una experiencia poética, coral y multimedial que cruza artistas profesionales con habitantes de las comunidades galesas de la Patagonia -cuenta Stolkiner-. Hubo un preámbulo relacionado con la celebración de una efeméride particular, en 2015. El British Council me contactó para montar la obra como parte de la celebración de los 150 años de la llegada de los primeros colonos galeses al sur de la Argentina. Al final ese proyecto no se llevó a cabo, pero fue presentado más adelante al San Martín y acá estamos. Los lugares en los que se instalaron aquellos colonos galeses (Gaiman, Trelew, Puerto Madryn, Trebelin) tienen características similares a las del pueblito galés de la obra de Dylan Thomas".

A medida que Stolkiner y García Mendy fueron avanzando en la investigación para desarrollar su propia versión de Under Milk Wood, apareció información que modeló el rumbo de la puesta: "Encontramos que el canto y los coros son la manifestación más pura y clásica del arte galés. Y notamos que, en líneas generales, había un material que excedía las primeras intenciones que teníamos, que el desarrollo podía ser mucho más abarcativo -apunta Stolkiner-. Entonces fuimos pensando en diferentes dispositivos escénicos. El desafío mayor fue encontrarle el cuerpo dramático y espacial a una obra que en principio no lo tiene. Hoy me encuentro hablando de personajes, pero el concepto de personaje no existe en la pieza tal cual fue concebida. Thomas decía que era una «comedia para voces». Recortamos bastante: de las 70 voces del original quedaron menos de la mitad. En escena hay nueve actores, tres músicos y un realizador de video y otro de sonido. Cada actor se hace cargo de más de una voz, y las personas con las que trabajamos en la Patagonia aparecen a través de un dispositivo de video. Es un experimento que combina diferentes géneros: tiene algo del teatro documental, del comunitario, del mundo del musical y, obviamente, algo del radioteatro".

Todo al servicio de una obra que también trabaja sobre un abanico de temáticas. "Thomas tenía una relación con el surrealismo -señala Stolkiner-. Más que tener un tema, es una obra de corte existencialista sin una trama absolutamente definida. Y no me interesa pensarla de un modo tradicional. Toda obra tiene un mapa. Uno tiene que jugar a descubrir el tesoro escondido".

El extranjero, como en casa

Desde 2010, Stolkiner está al frente de El Extranjero, una de las salas más importantes del off porteño, en el corazón del Abasto. "Por suerte soy el dueño de la propiedad, porque si hubiera que pagar el precio de un alquiler, se acaba todo. El problema principal es el desgaste del lugar, que recibe mucha gente semanalmente. Es como si tuvieras que recibir todos los días a 50 personas en tu casa. Pero me lo justifica el placer que provoca poder estrenar mis obras y, sobre todo, recibir a directores y actores que admiro".

Bajo el bosque de leche

De Dylan Thomas

De miércoles a domingos, a las 20.

TeatroSan Martìn, Corrientes 1530.

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