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Rajoy advierte a Cataluña que impedirá por la fuerza la apertura de los colegios

Si los Mossos no actúan, la Policía Nacional y la Guardia Civil evitarán que los centros de votación abran; Puigdemont arengó a las autoridades educativas a rebelarse contra la medida

Viernes 29 de septiembre de 2017

MADRID.- Parece broma. El batallón de policías antidisturbios enviado a Cataluña a sofocar la rebeldía independentista se aloja en el puerto de Barcelona en un crucero alquilado en el que resalta una gigantografía del pájaro Tweety, el Coyote y el Pato Lucas. Pero nada invita a la risa: el gobierno de Mariano Rajoy advirtió ayer al presidente catalán, Carles Puigdemont, que las fuerzas de seguridad estatales tienen la orden de actuar con firmeza para impedir que pasado mañana se celebre el referéndum sobre la independencia, declarado ilegal por los tribunales españoles.

Miles de estudiantes se manifestaron en Barcelona a favor del referéndum
Miles de estudiantes se manifestaron en Barcelona a favor del referéndum. Foto: Mathias Oesterle

"Estamos porque se cumpla la legalidad y se respete el Estado de Derecho. Si se quiere hacer un acto ilegal actuaremos con absoluta determinación", dijo ayer el viceministro del Interior, José Antonio Nieto, al salir de una reunión de coordinación de seguridad en Barcelona, a la que asistió Puigdemont.

El aviso es explícito: la Policía Nacional y la Guardia Civil -que movieron a más de 6000 agentes de refuerzo a Cataluña- se dispondrán a acordonar los colegios electorales y, si fuera necesario, requisar las urnas para que sea imposible votar.

El clima se enrarece. De uno y otro lado hablan con naturalidad de la posibilidad de violencia pasado mañana. Se acusan mutuamente.

La policía autonómica catalana, los Mossos d'Esquadra, se resiste a participar de los operativos contra el referéndum. El Tribunal Supremo de Cataluña ordenó cerrar los centros electorales antes del domingo para que nadie pueda entrar. "Lo importante es la salvaguardia de la convivencia. No queremos generar problemas más grandes de los que se quieren resolver", anunció el conseller (ministro) de Interior de la Generalitat y jefe político de los Mossos, Joaquim Forn.

El delegado de Rajoy le confirmó a Puigdemont que las fuerzas estatales se ocuparán de esa responsabilidad si fuera necesario. Dijo que no habrá represión contra ninguna protesta, pero que no votará nadie: "En un caso con un picnic, en otro caso con una manifestación, se podrán exteriorizar los sentimientos, pero no a costa de violentar la ley". Además, le reclamó al gobierno regional que acatara los fallos judiciales, suspendiera la consulta y evitara males mayores. "No ha habido respuesta afirmativa", se resignó Nieto.

El propio Puigdemont escenificó después su desafío: "Habrá muchas dificultades, pero votaremos. A cada obstáculo, dos esperanzas", arengó en una recepción multitudinaria que ofreció en el Palacio de la Generalitat a dirigentes educativos comprometidos con el referéndum. Les dijo que él asume toda la responsabilidad de abrir los colegios pasado mañana, aunque la justicia haya ordenado no hacerlo y amenace con querellas penales.

A la misma hora, su encargado de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, llevaba el mensaje a la sede de las instituciones europeas, en Bruselas. Insistió en que si el domingo hay una mayoría de votos por el sí, el Parlamento catalán declarará la independencia 48 horas más tarde.

Manifestaciones

La movilización de los independentistas se acelera. Ayer, 20.000 estudiantes universitarios marcharon por Barcelona en defensa del derecho a decidir la ruptura con España.

La Asamblea Nacional Catalana (ANC), principal grupo de activistas del separatismo, comunicó a sus seguidores que el domingo deben estar atentos, madrugar e instalarse en los colegios a las 7 de la mañana, dos horas antes del hipotético horario de apertura.

Aún reparten boletas electorales con la pregunta: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república? - Sí / No". La Guardia Civil requisó ayer millones de esas papeletas, pero no parece medida suficiente para impedir el referéndum.

Lo que nadie responde en el frente separatista es qué harán si, efectivamente, pasado mañana la gran mayoría de los colegios apareciera bloqueada por la policía y se formaran largas colas de votantes con la exigencia de entrar.

El relato de la "represión" del gobierno español le funcionó a Puigdemont y sus aliados para sostener la agitación en el camino al Día D. Los ayudaron en ese objetivo los operativos que derivaron en la detención durante varios días de altos cargos de la administración catalana, y en las requisas de edificios oficiales y en medios de comunicación simpatizantes del independentismo.

"Queremos que las cosas se produzcan en paz y tranquilidad", dijo ayer el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en otra velada alusión a la posibilidad de disturbios.

Cada vez más analistas concluyen que el referéndum como tal será imposible ante la acción del gobierno de Rajoy que desbarató puntos clave de la logística electoral. Las fuerzas policiales que responden a Rajoy no tienen capacidad para acordonar todos los centros de votación previstos en la comunidad autónoma. Pero su misión es condenar al fracaso cualquier intento de Puigdemont por presentar un escrutinio medianamente creíble.

Al mismo tiempo crece la convicción de que la desobediencia decidida por la Generalitat puede derivar -ante la imposibilidad de votar- en enfrentamientos callejeros o manifestaciones violentas.

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