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Desalojaron el restaurante del Cabildo: llevaba más de cuatro años sin pagar el canon

Funcionaba desde 2002 con un permiso precario; ahora harán excavaciones para buscar elementos de la época colonial

Lunes 02 de octubre de 2017
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Los restos de la cocina del restaurante
Los restos de la cocina del restaurante. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

El uso del espacio público para ganancias privadas tenía hasta hace muy poco un increíble ejemplo: en el Cabildo de Buenos Aires funcionó durante 15 años gracias a un permiso precario un restaurante que, desde enero de 2013, había dejado de pagar el canon para usar las instalaciones del histórico solar. Como la empresa que explotaba el lugar judicializó el tema, recién el bar recién pudo ser desalojado el martes 19 de septiembre.

Allí se servían, entre otros platos, el Bife Revolución (con panaché de verduras), la Tabla 25 de Mayo (con bondiola, salame, jamón cocido y quesos) y la Tabla Patricios (que incluía mortadela italiana y dips de caviar). Todo muy patriótico.

El menú patriótico quedó pegado en la pared
El menú patriótico quedó pegado en la pared. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

La historia comenzó en noviembre de 2002, cuando se le asignó el espacio por un convenio entre el Museo Nacional del Cabildo y la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares a la fundación Fondo para el Patrimonio Argentino "para ser destinado a actividades inherentes al objeto de dicha institución".

La fundación le otorgó a la firma Food and Drinks S.A. la explotación del espacio a través de un emprendimiento gastronómico (Restó Bar Del Cabildo). Este plazo se fue extendiendo provisoriamente hasta enero de 2009. Sin embargo, la empresa Food and Drinks dejó de pagar el módico canon de 10 mil pesos por el espacio que ocupaba en forma ilegal en enero de 2013.

"Dejaron de pagar cualquier alquiler, era gratis, estaban colgado de la luz, era todo trucho. En cualquier momento supuestamente los podíamos desalojar, pero presentaron reclamos judiciales. Ahora se pudo retirar todo y estamos trabajando", aseguró el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, en diálogo con LA NACION.

El restaurante ocupaba mucho espacio
El restaurante ocupaba mucho espacio. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

"Para nosotros fue un gran triunfo. Son cosas que parecen menores pero que no lo son. Son sectores que quieren tener un privilegio y se enquistan ahí. Tenían acceso por las dos calles, Hipólito Yrigoyen y Avenida de Mayo. Y el Cabildo no está para eso. Era un restaurante con mesas, con conexión de gas clandestina. Un ejemplo de lo que está mal en la Argentina. Nos costó dos años que la Justicia actuara", señala Avelluto.

Suciedad y patrimonio en riesgo

El restaurante, para el que se había construido una cocina y baños, provocaba una reducción importante del espacio descubierto y dificultaba la circulación del público por las mesas que estaban dispuestas en el patio, que se extendían mucho más allá de los 156 m² acordados.

Además, el mal manejo de desperdicios provocaba problemas de suciedad y plagas. Al encontrarse dentro del predio del edificio histórico, el bar representaba un riesgo tanto para el patrimonio arquitectónico como para sus bienes culturales.

La instalación eléctrica era muy precaria
La instalación eléctrica era muy precaria. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

Marcelo Panozzo, secretario de Patrimonio del Ministerio de Cultura de la Nación asegura que lo que se quiere es "facilitar la experiencia para el visitante, que no se choque con sillas". "La confitería se extendía por el patio. Hay que mejorar la circulación, recuperar la espacialidad. Hay un proyecto arqueológico que estaba demorado por esto. Queremos hacer una pequeña excavación. Vamos a instalar un ascensor de vidrio, porque hoy no hay acceso para discapacitados", señala Panozzo a LA NACION.

"En una excavación se encontraron restos de distintas épocas. Tenemos otros casos de museos donde hay concesiones a particulares. No estamos en contra de que haya bares, pero hay bares y bares. En un lugar como el Cabildo, que está rodeado de bares lindos, no era necesario", asegura Panozzo.

Una vista desde el primer piso
Una vista desde el primer piso. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

El Cabildo tiene un problema de espacio: es pequeño para la cantidad de visitas que recibe. Los lugares de administración, guarda y conservación de su patrimonio se han reducido a la mínima expresión, a fin de facilitar la visita de los asistentes, que fueron cerca de 280,000 en 2016 pero que ya habían superado los 250,000 a fines de agosto. Se cree que el año cerrará con 300 mil visitantes. La mayoría son chicos de escuelas primarias, que recorren el histórico edificio y observan con asombro las pinturas y los uniformes que allí se exhiben.

Gabriel Di Meglio, historiador y director del museo del Cabildo se muestra conforme con el desalojo: "Es un museo que tiene muy poco espacio para el trabajo del personal. Necesitamos más espacio para restauración, depósitos, oficinas y para tareas educativas. Tener la cocina ahí al lado del museo no era lo mejor. Era algo perturbador".

Los restos del restaurante
Los restos del restaurante. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

Una excavación que promete

Federico Fischbarg, director nacional de Museos, explicó a LA NACION cuáles son los planes para el lugar que ocupaba el restaurante: "Vamos a recuperar todo el espacio que ocupaba la confitería y se van a hacer excavaciones. Vamos a monitorear si debajo existe una cisterna que se usó para tirar la basura cuando dejó de funcionar. Ahí se pueden encontrar utensilios de la vida cotidiana y desperdicios que sirven para estudiar la época. Sabemos que está, necesitamos ubicarla. También estamos viendo la posibilidad de que existan túneles de la época de la colonia que conecten con la iglesia de San Ignacio, en la Manzana de las Luces.

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