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Trogir, uno de los secretos guardados de Croacia

Iván de Pineda

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LA NACION
Domingo 01 de octubre de 2017

La isla de Trogir es uno de los secretos mejor guardado de Croacia. Situada en la costa de Dalmacia a unos cuantos kilómetros al oeste de Split, sobre la costa del mar Adriático, tiene una particularidad: está construida sobre una pequeña isla de un kilómetro cuadrado y tal es su tamaño que algunos vecinos dicen que sólo necesitan mil pasos para dar una vuelta alrededor de la ciudad.

Con más de 2000 años de historia, es un claro ejemplo de la evolución del urbanismo, con influencias griegas, romanas y venecianas.

A mi llegada a esta pequeña ciudad de poco más de 10.000 habitantes me sorprendió la profusión de edificios perfectamente conservados, palacios, torres, una fortaleza y su famosa catedral, donde los estilos románico, barroco y renacentista crean un juego visual que cautiva y que nos hace -por lo menos a mí- jugar a ser expertos arquitectos aunque sea por un rato, ya que los entendidos la califican como la ciudad con el patrimonio románico-gotico mejor conservado de la Europa central.

El propósito de mi visita, en una magnífica tarde de verano, era conocer un poco más sobre las historias, mitos y folclore de este pintoresco asentamiento croata.

Para eso me encontré con Danijela, una joven e inteligente entrepreneur local, quien con su casi perfecto español fue la anfitriona ideal para caminar por las angostas calles de Trogir.

Así comenzamos con nuestra charla peripatética (al mejor estilo de la escuela aristoteliana), que nos fue llevando a través de callejones empedrados y de rincones a otra época, porque caminar por aquí es realizar también un viaje a través del tiempo.

Y es que Trogir, siendo mínima en tamaño, tiene una cuota superlativa de lo pintoresco: pararse ante una de las puertas de la ciudad que se encuentra sobre la Riva, o paseo marítimo, con el efecto que produce el contraste de la antigua piedra y el agua de un increíble color turquesa y ver la gente sentada en alguno de los lindísimos restaurantes allí ubicados, tomando un poco de aire y disfrutando de un aperitivo, les aseguro que es una postal que uno quiere imitar al instante.

Nuestra caminata -tengo que confesar que no conté los pasos para corroborar lo que decían los vecinos- fluía a través de las historias.

Como la de la bala de cañón que fue disparada durante uno de los ataques a la ciudad, y sin causar daño quedó alojada entre dos paredes, la de la trágica pareja, quienes al mejor estilo Romeo y Julieta no pudo consumar su amor, teniendo a un antiguo convento como escenario del drama. También la del grafiti más antiguo de la ciudad.

Para conocer esta última historia volvimos a nuestro punto de partida y nos ubicamos justo delante de la impresionante fachada de la Catedral de San Lorenzo (conocida también como Sveti Ivan), que tiene una de las entradas románicas más lindas y trabajadas que podemos encontrar en esas latitudes.

Aquí lo que me quería mostar Danijela se encontraba sobre uno de los muros laterales de la gran iglesia. A media altura y en un desvaído color rojizo, una embarcación munida de remos y con una sola vela se encontraba pintada. El autor del hecho, según Dani, quedaba oculto detrás de cientos y cientos de años de historia, y probablemente se tratara de algún marino que había llegado a estos parajes dejando su marca en una especie de aquí estuvo.

"Pero lo que más le gustaba pensar -me decía Dani- es cómo un acto de vandalismo urbano de antaño se había transformado con el paso del tiempo en una pieza de importancia histórica."

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