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En el polo de Inglaterra también se toma mate

Los petiseros argentinos de Londres son cada vez más demandados por su alto nivel de destreza y capacitación

Sábado 30 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Un petisero argentino trabaja con el Castillo de Windsor de fondo
Un petisero argentino trabaja con el Castillo de Windsor de fondo. Foto: Claudia Videla

WINDSOR-. Gran Bretaña es uno de los más importantes centros de polo mundial. No sólo por ser uno de los deportes preferidos de la realeza británica -los príncipes son asiduos jugadores y sus exhibiciones muy populares- sino también porque dos de los torneos más importantes de Europa se juegan en la isla: la Copa de La Reina y la Copa de Oro, ambos de alto hándicap, tradicionales y emblemáticos. De un tiempo a esta parte, además, una imagen se repite en los distintos torneos y caballerizas inglesas: grupos de jóvenes mateando con tonada de campo, boina y alpargatas. Se trata de petiseros argentinos, que vienen a trabajar en la temporada de polo de Inglaterra

"A los 12 años dejé los estudios. Había que trabajar, no había muchas opciones." cuenta Máximo Sonetti, oriundo de Ayacucho. Este joven de 28 años es el menor de 12 hermanos. A los 16 años, gracias a un hermano petisero empezó a hacer viajes a Inglaterra. "Fue muy rápido lo que estaba pasando para mí. Yo vengo de una familia de trabajo, muy humilde, y esto era una plata a la que no estábamos acostumbrados".

Daniel Rusterholz, o "Roma" como le dicen los amigos -nombre que heredó de sus épocas de jineteada- se crio en Paraná. A los 14 años dejó el colegio para ayudar a su mamá y sus hermanos. Se fue a Buenos Aires a trabajar como ayudante de albañil hasta que un tío le ofreció trabajar con él cuidando caballos de polo. A los 18 emprendió su primer viaje como ayudante de petisero. No hablaba inglés, pero se hizo amigo de una chica a quien le mandaba mensajes de texto para que le tradujera lo que quería decir. "En la Argentina con este trabajo estás complicado. Acá podés vivir, no es que tires manteca al techo, pero podés darte algunos gustos y ahorrar algo".

Un petisero ahorra en promedio unos US$ 10.000 por temporada, pero el trabajo es muy intenso y el sacrificio es grande. No son excepciones las familias divididas o los papás que se pierden el nacimiento de sus hijos. La rutina de trabajo suele comenzar a las 5 AM y a veces se extiende hasta entrada la noche; en general se trabaja todos los días de la semana.

El petisero se ocupa del cuidado y del entrenamiento del caballo de polo. Vela por su estado físico y emocional y conoce a cada caballo del establo como la palma de su mano. "Uno pasa más tiempo en la caballeriza que con la familia. Sabés cuándo un caballo está bien, cuándo está mal. Y el caballo sabe cómo estás vos", comenta Máximo, responsable de los caballos de Richard Le Poer, un conocido polista Inglés. "Depende de vos como un bebe. Te reconoce, se entrega y te confía", agrega Carolina Vila, una de las pocas petiseras mujeres argentinas.

Si bien en Inglaterra abundan las petiseras mujeres, principalmente australianas, neozelandesas, sudafricanas e inglesas, el caso de las argentinas es contado. Oriunda de Las Flores, provincia de Buenos Aires, Carolina cuenta que la crisis del campo de 2008 hizo que tuviese que dejar su trabajo en una Casa Consignataria de Hacienda. Fue gracias a su hermano, quien trabajaba en Inglaterra, que tuvo la oportunidad de viajar como ayudante de petisero. Ya lleva ocho temporadas. Hoy trabaja con Tincho Merlo, jugador profesional argentino cuyo equipo, La Indiana, llegó a la final de La Copa de la Reina. "Siempre trabajé afuera, pero creo que en la Argentina hubiese sido más complicado conseguir trabajo siendo mujer. En Europa nunca sentí discriminación. Tengo las mismas herramientas y oportunidades que un hombre. Sin embargo -agrega-, creo que en la Argentina las cosas están cambiando. Por ejemplo, se ven cada vez más mujeres veterinarias que atienden caballos de polo y también mujeres que juegan."

Curiosamente, también en Inglaterra, el del polo es un mundo argentino. La mayoría de los petiseros son argentinos y hasta los patrones (dueños de un equipo de polo) de los países más exóticos hablan un poco de español. "Prevalece lo argentino porque los mejores jugadores del mundo son argentinos -explica Carolina-, y en general el jugador viaja con su petisero. Se habla en español, se toma mate, se guitarrea y se come asado". "Los petiseros argentinos somos muy buscados porque al habernos criado entre caballos estamos muy capacitados", agrega Roma.

Es singular cómo en las giras de polo interactúan personas de diversos orígenes e historias, y la importancia que adquiere este compañerismo a la hora de un buen resultado en la cancha. "Durante seis meses conviven el jugador que tiene un poder adquisitivo alto, el patrón que tiene un poder adquisitivo aún más alto y el resto del equipo y sin embargo, todos tomamos mate de la misma ronda y comemos el asado todos juntos", describe Carolina. En un mundo de contrastes, el petisero cumple un rol crucial dentro de este complejo engranaje: no sólo contribuye al resultado deportivo sino que también perpetúa al polo como un deporte con sello argentino.

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