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Holan festejó tanto la victoria de Independiente que definió a sus jugadores como "gladiadores"

En Avellaneda y bajo la lluvia, su equipo se llevó el triunfo por 1-0 ante Vélez

Domingo 01 de octubre de 2017 • 19:01
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Meza celebra su gol ante Velez
Meza celebra su gol ante Velez. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

El remolino por el que pasaba Independiente se detuvo ayer por la tarde, en Avellaneda, cuando recobró el sentido y corrigió su rumbo. Ante Vélez, un equipo sin alma ni talento, el conjunto de Ariel Holan ganó y cortó una racha de tres derrotas consecutivas que había sacudido los cimientos del plantel. Todavía con problemas estructurales en su capacidad para aprovechar las situaciones de gol, el Rojo dio un paso al frente, casi necesario, y detuvo la infección a tiempo. Se escapó del ojo del huracán.

El último triunfo de Independiente había sido el 12 de septiembre, cuando derrotó 2 a 0 a Atlético Tucumán y avanzó a los cuartos de final de la Copa Sudamericana. Desde esa noche, una de las más emotivas del año, encadenó tres caídas en fila. Primero ante Lanús, luego contra los tucumanos -por la Copa Argentina- y más tarde con Godoy Cruz. Todas en una semana. Las alarmas empezaron a sonar.

El juego ante Vélez pareció ser el límite. Una derrota más, antes del receso por las eliminatorias, hubiera significado un golpe profundo, tal vez difícil de superar. Durante toda la semana el Rojo preparó el partido como si fuera una final: la escapatoria estaba en una hipotética victoria. Así jugó Independiente el partido: como un duelo estratégico. Se repuso a la pesadez que se había adueñado del grupo y, con carácter, atropelló a su rival, una verdadera sombra.

El gol de Meza

Para entender un poco lo que significó para Independiente haber ganado ayer, valen las declaraciones de Holan: "Hay que tener paciencia. Estoy conforme con lo que el equipo hizo. Vamos a seguir creciendo. Tenemos un equipo muy competitivo. Es importante para afrontar lo que viene. El triunfo fue justo y necesitamos crear varias chances de gol para llegar a convertir, pero lo logramos", y agregó: "El triunfo es mérito de los jugadores. Jugaron con garra y entusiasmo, algo que viene siendo característico. El ánimo de algunos de los chicos había estado atenuado producto de los últimos resultados, pero cada vez que salen a jugar son gladiadores, siempre tratan de dar lo mejor de cada uno en esfuerzo y entrega". Holan estaba tan contento que utilizó la palabra "gladiadores" para definir a sus futbolistas. Siempre los elogia, pero ayer el triunfo tuvo además el efecto del desahogo.

Con jugadores más propensos a la gambeta en velocidad que a la pausa, Independiente buscó romper el sistema defensivo de Vélez a fuerza de vértigo. Le costó durante los primeros minutos, a la vista de que el equipo de Omar De Felippe acumulaba gente en poco espacio. No había campo abierto para correr. Holan, entonces, pidió desde el banco que hicieran circular más la pelota. Vélez, tímido, avanzó muy poco, pero lo suficiente como para desatender los espacios.

Independiente recibe a Vélez
Independiente recibe a Vélez. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

La banda derecha de Independiente fue una vía directa para el avance de Jonás Gutiérrez, la figura del partido. Intuitivo para pasar al ataque, el Galgo dejó una huella. Por ese lado, Vargas, mediocampista del Fortín, de apenas 20 años, martillaba en la zona ofensiva pero retrocedía mal. Braian Cufré, lateral de la misma edad, quedaba en desventaja numérica. Gutiérrez, con 34, los enloqueció. Se hizo amo de ese carril. Ganó el más viejo. Fue un camino.

Independiente empujaba. Ante la pasividad de su rival, se mostraba eléctrico pero precipitado, no lograba dar el último golpe. La más clara del primer tiempo fue cuando Tagliafico cabeceó y la pelota dio en el travesaño. El gol llegó a los seis minutos de la segunda etapa: Meza, quien había sido atendido por una fuerte falta de Leandro Desábato, todavía con rastros de dolor, se infiltró en territorio de Vélez y abrió el partido.

El monopolio del juego no se torció. Independiente, ya más paciente por el resultado, administró todavía mejor la pelota, pero volvió a fallar al momento de definir. No lo sufrió porque ganó. Ahora los jugadores tendrán tiempo para trabajar con más tranquilidad. Y, al menos ayer, volvieron a darle una buena alegría a Holan.

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