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La política y el fútbol, más identificados que nunca por la causa

Dirigentes e hinchas del Barcelona se volcaron de manera decisiva por el referéndum

Sábado 30 de septiembre de 2017
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MADRID.- Decía Manuel Vázquez Montalbán en los estertores del franquismo que el club Barcelona era "el ejército desarmado de Cataluña". Los éxitos blaugranas en el césped compensaban las frustraciones de una sociedad que se sentía doblemente oprimida, por la falta general de libertades y la particular represión a su identidad cultural.

Pasaron más de 40 años, los catalanes son ciudadanos europeos de pleno derecho y el Barça es una marca global que factura 700 millones de euros al año. Pero la identificación del club con la política se vive con más fuerza que nunca: la dirigencia y, en gran medida, la hinchada se volcaron de manera decisiva por el referéndum independentista convocado para mañana en total desafío a la legalidad española.

El presidente del club, Josep Maria Bartomeu, abandonó el equilibrio que había disimulado en los últimos años cuando la semana pasada emitió un comunicado oficial en el que afirmó el "compromiso histórico" del Barça "con la defensa del país, la democracia, la libertad de expresión y el derecho a decidir".

Sólo se cuidó de no pedir una declaración de independencia. No hacía falta. La crisis soberanista llegó a un punto en el que defender de manera abierta un referéndum declarado ilegal por los tribunales españoles equivale a apoyar la ruptura con España. El club condenó también con palabras duras los operativos policiales a partir de los cuales fueron detenidos (por 72 horas) altos cargos de la Generalitat.

El Barça recibe el domingo a Las Palmas en medio de la votación convocada por el gobierno de Carles Puigdemont. Durante la semana se evaluó la posibilidad de postergar el partido, por temor a inconvenientes con la seguridad. Habrá miles de policías en alerta por posibles altercados en la ciudad. Finalmente se decidió no modificar la fecha.

El Camp Nou volverá a ser una vidriera del separatismo en su Día D. Con la aquiescencia de sus dirigentes, ya en los últimos partidos se lucieron inmensos carteles con consignas en inglés que apuntaban al público extranjero que sigue a Lionel Messi y compañía: "Catalonia is not Spain" o "Welcome to the Catalonian Republic".

Las banderas esteladas -estandarte del independentismo- llenan las tribunas. Incluso a pesar de las multas cuantiosas que le impuso al club la federación europea (UEFA), que impide hacer manifestaciones políticas durante los campeonatos continentales, como la Liga de Campeones.

La liturgia de los hinchas incluye desde hace cinco años un grito masivo de "independencia" en el minuto 17:14 de cada partido, en alusión al año 1714, cuando Cataluña perdió sus atribuciones de autogobierno después de la toma de Barcelona en la guerra de sucesión del trono español. Los jugadores del primer equipo mantienen el perfil bajo. Salvo el defensor Gerard Piqué, que lanzó anteayer en Twitter un fervoroso llamado a votar en el referéndum ilegal.

El gran tema tabú es qué pasaría si hay una declaración de independencia: ¿jugaría el Barça en una liga catalana, poblada de equipos chicos, condenada a la ruina económica? Los independentistas insisten en que no. Que podrían seguir jugando con los equipos españoles, en una suerte de imaginario campeonato ibérico. Nada indica que la UEFA fuera a permitirlo. Y mucho menos la Liga de Fútbol Profesional (LPF), cuyo presidente, Javier Tebas, ya dijo que si se van, se van.

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