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El casamiento como curioso enlace entre el hecho teatral y el espectador más participativo

Fiestas de boda como argumento de dos espectáculos, además de festejos programados logran quebrar los límites entre la representación y la audiencia a través de propuestas únicas

Domingo 01 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
Diversión participativa en Rrom, un casamiento gitano, los miércoles en la Ciudad Cultural Konex
Diversión participativa en Rrom, un casamiento gitano, los miércoles en la Ciudad Cultural Konex. Foto: Leo Vaca / AFV

En todas sus versiones, las bodas suponen una puesta en escena. Puede estar en las autogestivas manos de los principales protagonistas o en las de un stage manager experto en franquicias denominado wedding planner: en cualquier caso, una fiesta de teatralidad estimulante para la creación artística y, en especial, para los que buscan involucrar al público de manera directa.

Distintos espectáculos en Buenos Aires abordan el show del casorio desde esa perspectiva participativa. Una base en común pero con resultados muy diferentes: uno, ya un clásico del teatro comunitario, El casamiento de Anita y Mirko; el otro, una obra site specific, Rrom, un casamiento gitano, realizada como experiencia para un lugar en particular; y una tercera modalidad que hace furor entre los jóvenes, las falsas bodas.

"Empezamos en 2001, un año muy triste para los argentinos en el que recrear los espacios de encuentro era esencial. Vamos por la 17» temporada, más de 470 funciones y me sigue sorprendiendo cómo funciona, cómo todas las generaciones pueden estar juntas y compartir una fiesta. Ya no hay lugares así", dice Ricardo Talento, el director junto a Corina Busquiazo de El casamiento de Anita y Mirko, y fundador en 1996 del Circuito Cultural Barracas, un proyecto comunitario artístico, sostenido por los vecinos y abierto a todos los que quieran participar. Amateur y autogestivo, casi todo es producido por ellos mismos -vestuario, escenografía, iluminación, música- y lo que no, se compra en el barrio: un auténtico efecto derrame. O como lo llama Talento, "un circuito virtuoso de economía social".

Durante dos horas, medio centenar de actores y músicos (elenco rotativo entre los 250 vecinos que integran el grupo) recrea la fiesta de casamiento que reúne a la familia de Anita, tanos alegres, expansivos, histriónicos, con la de Mirko, rusos seriotes que casi no hablan. Una curiosidad para la trivia: el personaje de Mirko nació con su primer protagonista, Vladimir, un joven ruso autista que le imprimió características que sus sucesores repitieron. "Todos los Mirkos son parcos. Y toda su familia lo es. Fue nuestra manera de ampararlo y funcionó en la obra", dice Talento, creyente en la potencialidad del actor amateur, siempre dispuesto al juego, con la inocencia intacta.

Cada sábado, parejas, grupos de amigos, familias con chicos y abuelos, hacen la cola en la luminosa avenida Iriarte, la del boulevard, en Barracas, para entrar al salón. Mientras esperan, los actores los saludan igual que a un lejano pariente al que se vuelve a ver, preguntan por el vestido elegido o se quejan de la cuñada. Al ingresar, los invitados se sientan en mesas que rodean "la pista", atendidos por los mozos y mozas actores. Pronto comenzarán a charlar y a acercarse el plato de sándwiches. Porque en El casamiento de Anita y Mirko se come, se toma, se baila y nadie se va sin probar la torta de bodas, todo incluido en el precio de la entrada.

"Es una obra de teatro, no un show de improvisación. Pero la gente se adapta a la convención muy rápidamente y se van con otra cara. ¡Hasta dejan carteras y celulares en las mesas para salir a bailar!", dice Talento, seguro de que si afuera no hay fiesta, mejor inventarla.

Artistas, vecinos de Barracas y espectadores curiosos, en El casamiento de Anita y Mirko:
Artistas, vecinos de Barracas y espectadores curiosos, en El casamiento de Anita y Mirko:. Foto: LA NACION / Ignacio Sánchez

Mundo gitano

Mejor no ir con hambre porque en Rrom no se podrá comer más que unos bocaditos especiados, merenguitos y confites de colores. Tampoco ponerse los tacos altos ni llevar a los más chiquitos porque son 70 minutos de pie, sin sillas ni descansos. El pueblo rrom, romaní, zíngaro o gitano no es gente a la que le guste quedarse quieta mucho tiempo y cuando se junta, celebra a lo grande. "Es un pueblo migrante que pasó por muchas tristezas pero sin perder la alegría. Su música lo refleja, los ritmos de los Balcanes tienen esa intensidad que buscamos", dice Natalia Chami, quien con Romina Bulacio Sak crearon este espectáculo de teatro inmersivo, con espectadores no pasivos, en la Ciudad Cultural Konex.

No es su debut como directoras. Antes realizaron Usted está aquí, en cartel durante cuatro años en el Konex, hasta 2015. En esa propuesta había una escena de casamiento que derivó en Rrom o, como dicen sus creadoras, "ésta es un spin-off de la anterior". Amigas desde que se conocieron en Timbre 4, egresadas de Ciencias Políticas y entrenadas en el teatro físico de Jacques Lecoq en Europa, Chami y Bulacio Sak formaron Lindalinda, en 2011, una compañía teatral que explora el intercambio entre performers, público y un espacio definido.

"Somos una cooperativa de 23 integrantes de los cuales 18, actores y músicos, están en escena en Rrom", dice Chami acerca de esta singular experiencia entre ficción y realidad no apta para días fríos. Los invitados, en su mayoría gente muy joven, esperan en el bar del Konex mientras calman su ansiedad picando algo de una mesa como de cotillón. Por el patio de entrada, aparece un auto y sus pasajeros estridentes que, después de presentarse, se dirigirán al salón de las Columnas adonde se los puede seguir sin saber qué es lo que espera. Mejor no contar pero sólo como adelanto y para ir preparados, hay que tener en cuenta que uno de los invitados puede terminar casándose con la novia despechada. Tener parientes gitanos, con sus diferencias familiares y orgullo clánico, no es fácil y una maldición no se le niega a nadie. "Buscamos romper los límites pero cada uno encuentra cómo estar cómodo. Siempre habrá gente que rápidamente se enganche a bailar y otra que permanece a un costado. Es lo mismo que pasa en cualquier fiesta", dice Chami que hace mucho tiempo, antes de imaginarse entre romaníes, disfrutó la fiesta de Anita y Mirko. Como sea, parece que en Barracas y en el Abasto todavía hay personas que insisten en casarse: están todos invitados.

El casamiento de Anita y Mirko:

Sábados, a las 21, en el Circuito Cultural Barracas, Iriarte 2165 (4302 6825). $ 450.

Rrom, un casamiento gitano Miércoles, a las 20, en la Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131 (confirmar antes al 4864 3200). Desde $ 200.

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